De autor en autor

En el día internacional del libro, el 23 de abril, que la Unesco eligiera para conmemorar como tal debido a la coincidencia de la muerte de Cervantes y de Shakespeare, Libro de arena publica un comentario de María Pía Chiesino sobre el homenaje que Mujica Láinez tributa a Cervantes en uno de los cuentos de Misteriosa Buenos Aires, donde el libro es protagonista.


Por María Pía Chiesino

En Misteriosa Buenos Aires, Mujica Láinez nos presenta una suerte de recorrido histórico por la ciudad, que comienza con “El hambre”, tremendo relato que transcurre en 1536, y que cuenta los primeros infortunios padecidos por los hombres que llegaron  al Río de la Plata con Pedro de Mendoza.
En “El Libro”, la acción se ubica en 1605, cuando el puerto de Buenos Aires empezaba a constituirse como estratégico para los contrabandistas.
A ese puerto llega el primer ejemplar de Don Quijote de la Mancha. El pulpero es quien lo encuentra y lo deja a un costado. Es lector de novelas de caballerías, y no tiene interés en leer nada nuevo. Es así como el libro llega a manos de Lope, el adolescente a quien llaman “escritor”. Y escritor querría ser, escribir las historias que surgen de su imaginación, y no limitarse a inventariar las cosas que llegan escondidas en las cajas de los contrabandistas (telas, pantuflas, armas). Lope se sabe escribiente, y se desea escritor. Y se lleva ese libro que a nadie interesa.
Cervantes “atrapa” al muchacho, que por la noche lee la historia en la soledad de su cuarto, se ríe solo, y olvida su cita amorosa de esa noche con la hija del pulpero.
Como todo buen lector, necesitado de buenas historias, cuando Lope se sumerge en la lectura de las andanzas de Alonso Quijano, el mundo deja de existir, y él se ríe, “a mil leguas de Buenos Aires”.
Pero no está solo. Su amante, despechada por el abandono de esa noche, espía esa situación amorosa paralela, que la excluye,  y que es ese acto de lectura que el protagonista necesita y elige.
Esa lectura que absorbe a Lope  esa noche, no podemos separarla de otra  muy anterior: la avidez de Don Quijote por los libros de caballerías. También podemos comparar las consecuencias: en un caso, la sobrina y la criada de Don Alonso Quijano hacen una inmensa pira con esos libros que él leía y releía, y que le trazan esa ruta que va a llevarlo a recorrer La Mancha, para hacer justicia y ayudar a los desvalidos.
En el  otro caso, el libro es arrancado de las manos de ese lector incipiente y ávido, (en una acción imperdonable de vanidad y  despecho),por esa muchacha que va a usar las páginas de Cervantes para rizarse el pelo.
Esto no va a hacerla más bella: el narrador se referirá a ella comparándola con una caricatura de  Medusa. 
Tampoco va a conseguir que su amante pase la noche con ella. Lope no va a poder leer la belleza de Cervantes esa noche, y quizás nunca más en la vida tenga la oportunidad de hacerlo. Y ella se habrá hecho los bucles con páginas de una de las más hermosas historias que jamás se hayan escrito, para llorar sola en su cuarto.
Cuando se ama la literatura, es muy difícil compartir ese amor con quien no siente algo parecido. Cervantes amó la literatura. Mujica Láinez también lo hizo. Y le dedicó a ese maestro de todos aquellos que escriben en español, este hermoso cuento, con ese entrañable pequeño lector, al que le arrancan de las manos el  Quijote, antes de que pueda reírse con la mitad de sus andanzas, y amarlo como debería.


 Misteriosa Buenos Aires

Manuel Mujica Láinez

Buenos Aires, Sudamericana, 1951

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