La letra, ventana del mundo

Leer es ir uniendo letras que formen palabras, pero es, desde luego, mucho más que eso. Es construir el universo. Es alimentar la imaginación y extender el sueño. Libro de arena publica un fragmento de Del color de la leche, de Nell Leyshon, que narra cómo se empieza a construir un lector.


“he ido a dar un paseo esta mañana, me dijo, he visto a tu padre en la colina.
¿ha hablado con él?
nos paramos un momento, dijo él
¿puedo tratar de adivinar de qué han hablado?, le pregunté. la siembra, el tiempo, qué pájaros había visto, si era buena la cosecha de manzanas.
muy bien, pero te ha faltado uno de los temas. me dijo que va a usar la trilladora este año. no lo tenía por un hombre interesado en las nuevas tecnologías.
es un hombre interesado por ganar dinero.
los granjeros suelen serlo.
entonces se volvió a quedar en silencio.
¿ya hemos terminado?, le pregunte. ¿me puedo ir?
todavía no, me dijo. abrió el  cajón que estaba en su lado del escritorio y sacó un libro. ¿cuál era la letra que habíamos hecho? , me preguntó
ahora no me puedo quedar a hacer esto, le dije, tengo tarea y edna me va a dar un coscorrón si me la salto.
yo le diré que te he pedido que te quedes aquí. bueno, vamos, ¿qué letra era?
la ele.
muy bien. ¿ y te acuerdas de cómo se dibujaba?
no soy tonta, señor, le dije.
no estoy sugiriendo que lo seas. sólo preguntaba.
me acuerdo de todo
muy bien, entonces vas a ser mi alumna estrella. bueno. esta palabra, ¿qué dice?
esa es una ele.
muy bien. Bueno, aquí hay otra, una a, es una vocal. la. la. la. bueno vamos a practicar eso.
y me enseñó a dibujar la a.
y ahora, me dijo, ya conoces una palabra. tu primera palabra.
¿entonces ya sé leer una palabra?
sí, ya sabes.
ah.
y entonces me enseñó la letra be, la be de barco y de botella. sólo que había b y B. y yo tenía que aprenderme las dos. y las escribimos con los dedos, y después me hizo escribirlas con la pluma que metí en el tintero.
y entonces cuando hicimos la letra que tiene un puntito arriba y la letra que es una raya recta, me dijo que ya era momento de ver cómo leía.
y cogió un libro y me dijo: mira, a ver si puedes leer esto.
y las letras eran de oro sobre cuero negro y yo las miré todas y las reconocí. y dije cada letra y después él me hizo juntarlas para formar palabras porque eso es lo que hay que hacer.
y había dos palabras y yo supe que eran dos porque él me mostró que había un espacio entre las palabras.
y leí las palabras
la
biblia
la biblia, dijo él. bien hecho. esas son tus dos primeras palabras. ahora mira esto.
y cogió tres libros distintos de los cajones y me mostró que los tres eran el mismo. la biblia. y yo leí los tres. los leí.
mis dos primeras palabras.
puse el dedo encima de las letras del librito negro y lo moví siguiendo sus formas. y mientras seguía las letras que estaban grabadas en el cuero, las leí en voz alta. la. biblia, dije. la biblia.
él me dio un aplauso con las manos. estupendo. vas a aprender muy rápido, me dijo. Señaló el libro que yo tenía en las manos. eso, me dijo, es para que te lo lleves y cuando quieras puedas mirarlo y recordar lo que has aprendido.
¿ es mío?
claro, puedes quedártelo.
cogí el libro de cuero negro con la mano. Lo apreté con fuerza contra mí.
no lo pierdas.
si se cree que voy a perder esto, usted está más loco que la hostia.
¡mary!
perdone. perdone, señor, no quería decir eso, se me ha escapado porque soy muy pasionada.
apasionada, me dijo él.
apasionada, sí. Me puse de pie. Gracias, le dije. gracias. me estaba marchando del cuarto.
mary, la bandeja.


aquella noche edna y yo subimos al mismo tiempo. la vela estaba en la caja que estaba entre nosotras. ella se metió en la cama y la cama soltó un suspiro, y yo saqué mi libro de debajo de la manta.
no apagues la vela, le dije.
incliné el libro hacia la luz y miré las letras de oro que tenía el libro en la tapa.
¿qué haces?  Me preguntó ella
mira esto, la raya vertical y la otra raya recta, eso es una ele. esta palabra es la.
¿de dónde has sacado eso? ¿lo has robado?
no. me lo dio él.
abrí la tapa y miré a la primera página, acercándome a la vela para ver. había un montón de rayas y marcas negras. pero fui buscando muy despacio hasta que encontré otra. ahí. ele. a. la.
fui buscando siguiendo las rayas hasta que encontré tres. la. la. la.
cerré el libro y me estiré y apagué la vela. en la habitación olía al pabilo. una lechuza chilló al otro lado de la ventana.
duerme un poco, me dijo edna.
y entonces cerré los ojos, pero el corazón me latía muy rápido por la excitación y, aunque mi cuerpo se quedó quieto en la cama, mi mente no paraba de dar vueltas y no se quedaba quieta, porque era como una abeja en verano.


Fragmento de:
Del color de la leche
Nell Leyshon
Sexto Piso, México, 2013

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