Tres deseos

¿Quién sabrá qué cosa hace funcionar los deseos?, ¿cómo, cuándo, con qué excusa es posible pedir? ¿cuál es la ley que los rige?¿cómo se ordenan? Los especialistas en desear no tienen reglas para el deseo, no tienen reglas previas. Los especialistas, los niños, inventan las reglas. "Tres deseos", el precioso cuento que Florencia Gattari comparte con Libro de arena narra la intimidad de esa búsqueda y la conexión especial que genera.



Por Florencia Gattari*

...antes de soplar las velitas. Creo que así es como se ingresa socialmente al juego de pedir deseos. No  de pedirle a alguien como quien reza o confía en alguna entidad superior, sino de pedirlos nomás, soltarlos al aire a ver qué pasa.
También con los panaderos. Este verano mi hija los encontraba de a dos, de a tres, de a cinco en Córdoba, y los traía para que pidiéramos los deseos juntas. Y resultó un buen juego, porque nos deja compartir el momento y a la vez reservarnos lo que pedimos.
Ni loca me digas, mami, que si no no se te cumple.
La reserva es la condición para jugar de verdad, porque entonces no tenemos que editarnos las ganas. Como no nos hace falta calcular lo adecuado -lo que una estaría dispuesta a contar, lo que la otra podría escuchar- podemos compartir ese instante serio en que las dos buscamos para adentro, antes de soplar con todo el aire de los pulmones.
Y la primera estrella de la tarde, cómo no pedir ahí también. Que sea feliz, que no se enferme. Y a los tréboles: la cantidad de hojas es lo de menos. Que no se aburra de jugar conmigo. Y a las luciérnagas. Que siempre encuentre motivos para seguir deseando.
A mi hija le pareció que podía continuar la lista a su criterio. Así que empezamos a pedir deseos cuando veíamos un picaflor, cuando el agua del río venía manchada de espuma, cuando... Llegó un momento en que casi cualquier cosa alcanzaba. Si tuviera que pensar unas regularidades, diría que eran asuntos de la naturaleza: esos que no ocurren con demasiada frecuencia y que son bellos de ver.
Me conmueve el desparpajo. La facilidad que tiene para pedir, que viene de la mano de saber que no siempre se consigue. Y que no importa, porque se puede seguir pidiendo. Me alivian, me alegran esos lugares donde la encuentro tan cercana y a la vez tan distinta de mí.

En estos días, pedimos deseos cuando vemos caer hojas de los árboles. Tiene su dificultad porque hay que pensar lo que uno quiere antes de que la hoja se apoye en el suelo; si no, no funciona. Pero nosotras ya estamos cancheras.


*Florencia Gattari: Nació el 20 de noviembre de 1976 en la ciudad de Buenos Aires, y aquí vive todavía, en el barrio de Flores. Estudió algunos años de Letras primero, y después la licenciatura en Psicología en la Universidad de Buenos Aires. Actualmente se dedica al trabajo clínico y a la escritura. Y compartió con Libro de arena este texto, que originalmente fue publicado en su blog: Tengo hasta ahí

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