Oche Califa: "Nunca es exactamente por lo mismo que todos leemos un libro."

La clave de la atracción, el imán que une a un lector con un texto, es tan potente como variable e indiscernible. Por eso los libros son oportunidades para todos, son grandes bazares en que cada cual elige según su afinidad. En la segunda parte de la entrevista a Oche Califa, el escritor se refirió a sus libros, a los distintos géneros que los habitan, al trabajo de trasposición de la prosa a la poesía, a la centralidad de la palabra poética, a la conexión con la música, pero también a su actividad en el ámbito de la gestión cultural, y a su trabajo en la Feria del Libro. En el final, aunque durante toda la charla también, leyó poemas de Monstruario sentimental y de Poemas equivocados.


MM: Bueno, vamos a hablar un poco de Para escuchar a la tortuga que sueña, y su prima hermana que es Sólo sé que es ensalada. Esto es muy original, porque además de las poesías están esas preguntas, misceláneas, ¿Recorriste escuelas con este libro? ¿Te han invitado?

OC: Sí, a algunas he ido, o les he ido llevando yo, porque prefiero leer de estos libros, entonces en general, cuando me piden, leo algunas de estas cosas. Me parece que funcionan bien.

MM: ¿Y cómo es la recepción? La de las maestras y la de los chicos… Viste que hay un prejuicio acerca de que la poesía es más difícil de trabajar en el aula, normalmente se prefiere leer cuentos, y vos sos poeta… ¿Qué pasa cuando llevás tus cosas?

OC: He encontrado intereses de lo más diversos. Cosas de estos dos libros en los que están todas las posibilidades de escritura que hay, la poesía, la canción, las misceláneas, los trabalenguas, las adivinanzas, las falsas noticias, los aforismos… Encontrás sorpresas. Me acuerdo de una escuela en la que estaban entusiasmadísimos con esto… Te lo voy a leer porque son esas cosas que uno escribe porque sí… Escribí esto y tuve que leerlo dos veces porque les parecía maravilloso. Se los había leído a la bibliotecaria, y les parecía lo más interesante de todo. Se llama Goema a los Gansos. Y dice:

La gansa, el ganso y los gansitos
desgansan –tranguilitos tranguilitos-
en su gasa de gadera.
Luego salgrán a nagar en el lago,
la gansa, el ganso y los gansitos.
Todos igualitos.
No, no tienen ganas:
con sus glumas glancas, glancas
como la niegue.
Ah, guisiera ser yo
como la gansa, el  ganso y los gansitos
igual de glanco
y nagar, nagar…

Una estupidez. (Risas). Esa violación de la palabra y de cómo algo puede entenderse aunque dice otra cosa les gustó. Uno no tiene que ir con el prejuicio de que no va a leer algo porque no van a entenderlo. Además, hay un solo lector. Hay un lector que lee esto y entiende esto. Y el que lee este mismo libro, es otro lector que quién sabe por qué resorte lo leyó y qué cosa le movió. Hay un solo lector para cada libro. De pronto, está ese lector extremadamente individual, que quedó imantado en un cuento o en un poema quién sabe por qué. Y otro que no. Claro que hay algunas cosas generacionales o de cada cultura que hacen que determinadas lecturas representen a muchos de una manera un poco más masiva. En mi generación, nos gustó mucho el realismo mágico. Pero nunca es exactamente por lo mismo que todos leemos un libro. Y en esos libros hay oportunidades para todos.

MM: Es un gran bazar.

OC: Exactamente. Ese, y aquel que le continúa, Solo sé que es ensalada. La misma estructura, con otras variantes. Hay canciones… algunas las musicalizaron y son canciones efectivamente. Mientras las escribo, aprovecho la estructura retórica propia de la canción popular. Después si hay un músico que las toma, las convierte en una canción. Si no, es eso que se parece a una canción. Yo lo que entiendo es, para dar un ejemplo, que los tangos tienen un mundo predominantemente nocturno, y tienen una estructura común, en general son en dos partes, con una primera parte que se repite. Como la música cambia, uno escribe la primera en una medida y la segunda en otra. Entonces uno repite eso. Las milongas, no. Son iguales de principio a fin, aunque pueden tener une estribillo. Por ejemplo, las que escribía Homero Manzi eran octosílabas y en cuartetas. Las gauchescas, son en décima. Entonces uno va imitando esas posibilidades. Y como a algunos músicos les parece que sirven, las musicalizan. Por eso hay muchas musicalizadas.

MM: ¿Hay algún disco en el que estés vos?

OC: Sí, hay dos discos integrales con letra mía. Uno con todas infantiles que grabó un grupo, Vocal Resurrección, y otro para adultos, con un músico, Raúl Peña, con el que hicimos catorce milongas que grabaron distintos intérpretes. Y yo le iba preguntando a él, para no aburrirme, por ejemplo, si podía haber el estribillo en huella o en vidalita. Y él me decía que se podía. Así le iba buscando la vuelta para que no fueran todas iguales.

MM: ¿Vos tenés claras en tu oído interno la vidalita o la huella?

OC: Sí, y además, las canciones tienen una cuestión que a veces la poesía no observa. Para que la canción pueda ser musicalizada, no sólo tiene la rima al final… el acento tiene que comenzar igual. Si el acento de la primera cuarteta está en la primera sílaba esto tiene que ser igual en las cuartetas que siguen. Porque si no le generás un problema al músico, que arranca acentuando y necesita que le respetes eso. Si no, al músico lo volvés loco. Y no es difícil, porque la sonoridad te lleva.

MM: ¿Te animás a leernos? Porque ahora nos dejaste a todos intrigados.

OC: A ver… Esto es facilísimo, esto lo hacen las hinchadas de fútbol cuando cambian una letra a una canción conocida.

MM: Pero no cualquiera…

OC: Bueno, hay algunos inspirados. Este se llama “La muela que me duela”. Y dice:

Avaricia del dueño
el blanco capullo de su capital.
¡Cómo ríe la china
de ojitos rasgados y rostro lunar!
Y si es lío el no pago
de la deuda vieja, que es como clavar,
ella inquieta la vida:
¡nada nada se olvida…!

La muela que me duela,
la rusa que ensalada
se dormirá su siesta
con su mejor sopor.
Y frescas las bananas
en la verdulería
y rojas las manzanas
me prestarán su olor.
La muela que me duela
desde el oval del huevo,
las grosellas sabrosas
nos mirarán tragar.
Y un callo doloroso,
arácnido en tus dedos,
con sus patas sedosas
creerá… que eres… mi sombrero. (Risas).

La muela que me duela
no habrá más cesantías
será clara la noche
 y alegre el temporal,
Tirará de su sisa
tu amor de mediodía
y nos darán los clientes
monedas de cristal.
La muela que me duela
endulzará sus tortas
el pícaro doctor,
se romperá la tina,
no existirá el jabón.

La muela que me duela
desde el oval del huevo,
las grosellas sabrosas
nos mirarán tragar.
Y un callo doloroso
arácnido en tu dedo
con sus patas sedosas
creerá… que eres… mi sombrero.

Es escribirle encima, con los mismos acentos a “El día que me quieras”, con una letra disparatada, que no tiene sentido.



MM: Es buenísimo. ¿Y en qué proyecto de escritura andás?

OC: En ninguno. (Risas). El Libro mítico de los porqués salió a principios de año, para la Feria del Libro, el del astronauta perdido también. Y en esos libros chiquitos en cajas que edita la Biblioteca Nacional salió una especie de antología. Por ahora, libros hay. El tema es que en mi nueva actividad tengo que encontrar la rutina que me permita escribir. Yo escribía por la mañana, y ahora ya estoy en la Fundación a las nueve. No tengo mañana, y cuando vuelvo, más o menos a esta hora, la cabeza está frita. Veremos qué pasa en el segundo semestre, que como no quedan Ferias espero que haya alguna manera de organizarme. El primer año es de tensión para mí, porque tengo que estar descubriendo cómo es el metabolismo. Pero no me desespera, ya le voy a encontrar la vuelta, y además uno finalmente escribe lo que tiene que escribir. He escrito con mis hijos chicos…


MM: Nos cuesta conciliar la figura del poeta con la del gestor cultural. ¿A vos te hace algún ruido?

OC: No, ruido no me hace. Parece raro, pero esas cosas pasan.

MM: ¿Y cómo se te ocurrió postularte entre tanta gente?

OC: Cuando me postulé no sabía que eran tantos. (Risas). Yo pensé que iban a postularse veinte. Tendrá que ver con la demanda laboral, porque no hay dos mil personas para ese lugar. Y siempre tuve una intención de actividad social, militancia política juvenil, después hice revistas literarias, actué en distintas iniciativas. Y con una participación activa, a veces con características de liderazgo. Y desde hace quince años integraba una de las comisiones de voluntarios que organizan las actividades culturales en la Feria del Libro. Lo hacía porque tenía ganas de hacer algo, podía hacerlo, y me fui quedando ahí. Si no hubiese renunciado la directora hubiese seguido ahí. Pero la directora renunció el año pasado, y la Fundación contrató a una consultora para que hiciera una búsqueda. Y yo, sin decirle nada a nadie, mandé mi currículum. Tuve varias entrevistas, nivelación de inglés, tuve que escribir una monografía de veintipico de páginas, un test psicológico para ver si no estaba loco… (Risas). No fue fácil. Y fueron quedando cada vez menos, hasta que quedé yo.

MM: ¿Y se terminó la Feria y qué gusto te dejó?

OC: En realidad la organización de la Feria la agarré empezada, porque a mí me nombraron el 22 de diciembre, y a los dos días la Fundación cerró como cierra todos los años, durante la primera quincena de enero. Me hice cargo el lunes 19 de enero. La Feria estaba encaminada. Ahí metí dos o tres pelotazos porque daba y pude, pero era más atajar que patear. Y sí, me decidí a ponerle el cuerpo todos los días. Atender a todos los medios, ya fuera la FM de Calamuchita o TN. A saludar antes de que comenzaran todas las actividades. A veces una mesa me coincidía con otra, pero aunque más no fuera pasaba cinco o diez minutos antes. Que la gente sintiera que uno le daba pelota. Si no podía ir cuando empezaba, iba cuando terminaba. Que las visitas ilustres entendieran que uno los recibe… O sea, me la pasaba haciendo sociales. Las inauguraciones de Jornadas… las de docentes, las de narración oral, las de crítica de teatro… Porque la Feria abre a las dos de la tarde pero a la mañana hay una cantidad de actividades que son una tras otra. Vienen las ferias del interior que nosotros apoyamos… preparé una serie de propuestas para ayudarlas efectivamente, para pasar de las palabras a los hechos. Cosas que están funcionando. Estos días estamos trabajando con la de Córdoba, la de Jujuy, la de Comodoro Rivadavia… Y una cosa a la que le di especial bolilla porque me pareció que teníamos que atenderla y que finalmente explotó, fue la de esta movida enorme de lectura de sagas entre los adolescentes, que han motorizado las redes sociales. Este fenómeno de los booktubers, que comentan libros en un canal de You Tube. Trajimos una booktuber mexicana, armamos un encuentro de booktubers con escritores de ese sector, vino Javier Ruescas de España, Dan Wells de Estados Unidos, y explotó. Habíamos pensado en una sala para doscientos, lo pasamos a la de quinientos, que se puede ampliar a mil, y dos horas antes salimos corriendo a conseguir una pantalla gigante para poner afuera porque quedaban otros mil afuera. Tuvimos dos mil chicos. En fin, uno no puede no ponerle alguna impronta propia, pero en principio debe responder a los intereses de los lectores y de la industria. Porque si nos fundimos, terminamos atendiendo un quiosco en Constitución. Esta es la realidad. Por supuesto que a mí, personalmente, me gustan determinadas cosas, pero ya he dicho que las cosas que me gustan a mí no son las que le gustan a la mayoría. Pero en la gestión no puedo pretender que a los demás les guste lo que me gusta a mí. Tengo que entender cuál es la realidad de una industria que tiene cientos de puestos de trabajo, de intereses muy distintos entre los lectores y de novedades. Y uno responde a eso. Hay cosas que caminan solas, a la que no se necesita dar ningún impulso porque andan fenómeno. Florencia Bonelli, por ejemplo. Lo digo en el buen sentido. ¿Para qué vamos a ir nosotros a promocionar a Florencia Bonelli? Uno tiene que darle un espacio, tiene que atenderla bien cuando viene, porque si en un día vende tres mil ejemplares en la Feria… ya está.

MM: Bien, volvemos a la literatura. De este libro no hablamos nada porque yo no lo tenía, lo encontré hoy en la biblioteca de La Nube. El mejor de los mundos imposibles.

OC: Salió a fines del año pasado.

MM: Está en Estrada, y son cuentos.

OC: Sí, son cuentos de tipo fantástico. Algunos tienen humor, otros no. Se caracterizan por eso, por ser del rubro fantástico. Además de los de humor, hay otros que andan en la zona del sueño.

MM: Y lo último que no comentamos es Drácula (como yo me lo acuerdo), y Robinson Crusoe (como yo me lo acuerdo), que son muy interesantes, porque los hiciste en verso. Un trabajo bastante difícil.

OC: Sí, porque uno agarra la novela, la lee, tiene una cantidad de secuencias. Y a su vez tenés que hacer un libro con una extensión determinada. Uno puede juntar sin problema dos capítulos en uno, porque los vuelve a contar en verso y más o menos les mide la extensión a ver en cuántos versos los va a contar. Y entonces empieza a probar. Hasta que agarra la mano y va ordenando. Es un trabajo de pauta. Como hice periodismo muchos años, estoy acostumbrado a escribir con determinada extensión. Y como dirigí revistas, aprendí a pautar. Todo eso, después sirve para el libro.

MM: ¿Cómo andan estos libros?

OC: Más o menos. Solo que el Drácula, cuando salió hace unos años, tuvo una compra del Gobierno de la Ciudad, que fue importante y me dio un empujón. Pero después no pasó gran cosa...

MM: Necesitan un acompañamiento…

OC: De hecho, me habían pedido tres, y cuando vi que a los dos primeros no les daban bolilla, el tercero no lo escribí. Iba a ser Frankenstein. Pero bueno, quedaron dos. Fue lindo escribirlos.

MM: Es un formato diferente…

OC: Sí. El origen, lo que está atrás de estos libros son dos libros argentinos. Uno, es el Fausto criollo. Que es justamente eso, un gaucho le cuenta a otro la historia de Fausto que acaba de ver en el Colón. Una idea extraordinaria. Y después, hay un gran escritor argentino que escribió poco, que es Eduardo Wilde (por eso Wilde, en el sur, lleva su nombre), que fue médico y funcionario. No escribió mucho. Tiene un cuento muy conocido que es Tini, y tiene un relato del que ahora no me acuerdo el nombre, en el que dice que va a contarle al lector una novela que leyó. Y empieza a contar, y hace algo que yo también hice, que son determinados cuestionamientos a la novela. Dice: acá el autor pone un negro. ¿Para qué puso este negro? (Risas). El muchacho muere… ¡qué error haber hecho morir al muchacho! Yo nunca supe si él efectivamente citaba una novela real, o había inventado absolutamente todo. Es lo mismo que hizo Martínez Estrada en Marta Riquelme. Ese relato es una supuesta corrección de un manuscrito. Una discusión muy interesante acerca de cómo se construye el relato a partir de las interpretaciones. Eso es exactamente la literatura. ¿Qué hizo Shakespeare? Agarró un pequeño drama italiano y con eso hizo Romeo y Julieta. Y es lo que ha hecho Borges. Buscarle variantes a determinados motivos permanentes: la traición, la pasión, el heroísmo. Lo que a mí me mueve a escribir, son esas posibilidades.



MM: Bueno, nos encantaría que nos leyeras algo. No sé si tenés ganas de leernos alguna poesía…

OC: Hay unos poemas de amor muy cortitos. El primero tiene tres líneas y dice:

¿Vieron cómo se arrugan los porotos
cuando se los pone a remojar?
Bueno, así arruga ella su nariz.

El segundo tiene dos líneas, y dice:

Y por la ventanita del diente que le faltaba
salió la palabra sí.

Y el último tiene solo una línea y dice:

Con la goma que le presté borró mi nombre.

Ese me mató (Risas). De Monstruario sentimental… Acá se ven las posibilidades que te da un cuento tradicional. Ya se darán cuenta:

Aviso de venta

Pongo este aviso en la plaza,
Vendo en el bosque una casa
construida en chocolate.
Tiene horno, escaparate,
Y una celda con candado.
Los pasos que mal he dado
me obligan a dar la a oferta
desde que abrieron la puerta
dos hermanitos y huyeron.
Seré vieja, pero espero,
pasar mis últimos días
en una ciudad no fría
que tenga buenos servicios.
Sin maldad ni maleficio,
escribir con la propuesta
a esta mujer que es honesta
en negocios de esta clase.
¿Quiere ver la casa? Pase
en horario de mañana
que le serviré una taza
de leche, y cacao y masas.
Verá que es bien luminosa,
y posee cuanta cosa
un buen hogar necesita.
Su jardín la hace bonita,
y su living, confortable.
No tiene tele con cable,
pero aquí se cuentan cuentos,
que son entretenimientos
con éxito bien probable.
Señores interesados,
lo que ofrezco es de provecho,
el sueño de un propio techo,
que Hansel mal apreció
y que Gretel desdeñó.
Y además con linda alcoba,
bien barrida por mi escoba.

Esta es una mezcla de aviso clasificado en la que está metida la historia de Hansel y Gretel. Está escrito de la manera tradicional. Después, “Confesión de un fantasma”.

Yo fui fantasma. Yo anduve con los muertos,
en la fría soledad de los castillos,
con el paso burlón de los enanos
con el vuelo veloz de los vampiros.
Hice sonar cadenas en los muros,
hice temblar a buenos y bandidos,
y en las noches de tormenta y aguacero,
alguien me vio a la luz del refucilo.
Alguna vez me convertí en señor,
en esqueleto atroz, en mosca diminuta.
Me oculté en el cuadro del abuelo antiguo,
y en la oscura sepultura de la gruta.
Viví en pasillos y sótanos perdidos.
Por mí chistaba la lechuza sabia.
Llamé a los lobos de los negros bosques
y a los ogros nacidos en Moldavia.
Ahora ya no soy nada de nada.
Solo un recuerdo que se olvida y pasa.
Poco más que una historia para sustos,
una sábana tendida en la terraza.



Tiene un verso final con humor. Y después hay otro así, pero de tono serio: “Aparición del Troll”. Los chicos lo conocen, porque aparece en los videojuegos. Es de la cultura escandinava. Y dice:

Cuidado, cuidado, que declina el Sol
Y el bosque de Suecia se viste de luto, 
para que se duerman sus flores y frutos
mientras que ya viene, malicioso, el troll.
Sus anchas orejas, su nariz de papa,
y su porte alto como un gran gigante
aumenta el espanto que viene desde antes,
le tiene cualquiera que lo ve y escapa.
El troll ha salido de su cueva oscura
a buscar pendencia, a robar personas,
a regar con sangre que la tierra abona,
y a dejar testigos llenos de locura.
Solo los enanos y duendes verduscos,
pueden animarse ante su presencia,
porque tienen artes, conjuros y ciencias
que los hacen buenos enemigos chuscos.
En cambio su aspecto de ogro peludo,
Se debe esquivar, para bien de todos,
puesto que no existe ni treta ni modo
de evitar sus garras y su cuerpo rudo.
A menos que alguien con un talismán,
hecho con las piedras que pisara Thor,
lograra que huyera, cobarde mayor,
y dejara entonces su sangriento pan.
Porque si hubo casos que fueron así,
también hubo otros de negros dolores,
y los campesinos y los leñadores
bien tienen memoria, bien cierto que sí.
Todavía hay quienes cuentan asombrados
la historia de aquella madre primeriza,
que cayó en la trampa de una troll nodriza
con una jugarreta de niño cambiado.
Mas la luz ahora, con mecha y alcohol,
hay que poner tibia, y cerrar la casa,
y advertir al pobre viajero que pasa:
Cuidado, cuidado, que ya viene el troll.

Así hay varios más. De Poemas equivocados… que como están equivocados empiezan con el dos.

Es la hormiga un animal escrito,
pues vaya sola o en conjunto,
resulta redonda cual la coma
o fina y alargada como el punto.

Otro:
Bajo el tibio sol de medianoche,
esperé tu mensaje volador
que arribó al galope de sus alas
con las tres letras de la palabra no.

El cinco dice:
Llegó el enano con su talle largo,
llegó el gigante de altura chiquita,
mas se retiraron al no ver presente
al hombre invisible llamado a la cita.

El cuarto dice:
Tenía la nieve color de la noche,
como la ciruela el rojo del mar.
Le dije te quiero y le di mi mano.
Nuestros nueve dedos se unieron en par.

Otro:
Así andan los zapatos por la vida,
encerrados adentro de los pies,
sin saber que la calle es suave y leve,
Y pisada por mil brazos a la vez.


A la hora en que el gato corre al perro,
La serpiente se rinde al pajarito.
Y es la flor compacta, impenetrable,
Y el río que fue fresco, está marchito.

Si es por soñar, sueño a lo grande.
Con un mundo que no sea una ensalada
y su rueda se plante como un poste,
y no gire ya más, larga y cuadrada.

Al reinado del león, que es gran tirano,
no se le anima a resistir de un grito,
ni la araña con su porte de gigante,
ni el elefante por ser tan pequeñito.

En las olas nerviosas del camino
y en el empedrado parejo del mar
andaré hasta tanto yo consiga
a tu casa tibia satisfecho llegar.

En la cuadrada esfera del reloj
las manecillas giran al compás,
para dar las doce tras las trece
en este andar de cuanto menos más.

La hoja blanca del árbol florecido,
la hoja verde del cuaderno gris
la hoja del cuchillo de hojalata
y la hoja de afeitarte la nariz.

En la asamblea turbulenta de la granja,
la gallina formuló un reclamo nuevo,
porque alguien le había cuestionado,
el amarillo de la clara de su huevo.

Al viajero que camina sin temor
Y por el mundo a paso firme anda,
Le da lo mismo sentarse a descansar
sobre la hierba dura como en la roca blanda.

Si el sol dejara de salir  de noche,
y la luna abandonara el día,
de nuestra vida por ellos ordenada,
y de nuestro trabajo ¿qué sería?

La retórica nos lleva a algo que es frecuente: el sinsentido, a menudo inadvertido. Esto es muy común. Voy a dar un ejemplo muy conocido, por lo menos para mi generación. Hay una canción que canta Sandro que dice “Voy a abrazarme a tus pies”. Una canción romántica, el tipo se arroja a los pies… y a continuación dice: “para pedir que me dejes”. Es un vivo: la abraza a la mina para que lo largue. (Risas) Es un sinsentido. Porque uno espera que si se arroja a los pies va a pedirle que lo quiera o que lo perdone de algo que hizo… Sin embargo, lo hace para pedirle que lo deje. Si no te alcanza mi amor, / vida mía ¡no te quejes! ¡Es un fraude! (Risas). Pero el tono romántico hace que uno la piense de otra manera. También, Cátulo Castillo dice en un tango: “Tu voz gangosa de metal”. ¿Cómo se va a enamorar de una mina que tiene voz gangosa de metal? ¡Espantoso!

MM: El amor es ciego y sordo.

OC: Sí, es que la poesía permite que la construcción lleve a que uno no advierta que hay un sinsentido o algo que no corresponde. Pensando estas cosas, escribí esos poemas que suenan como si estuvieran bien.

MM: Bueno, Oche, la verdad es que hemos disfrutado mucho, así que te despedimos con un aplauso.

OC: Les agradezco que me hayan escuchado, que hayan venido hasta acá a esta hora y con este frío.

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