lunes, 14 de septiembre de 2015

Tres versiones de Baldanders

Segunda versión: Además de Borges, otra autora argentina ha sido seducida por la evanescente apariencia de Baldanders: Iris Rivera. Quizás inspirada en las palabras del maestro (no podemos olvidar su novela El mono de la tinta, en la que la autora nos pone, entre otros, frente al propio Borges, al ya mencionado mono de la tinta, al gato Beppo y a la mismísima madre del poeta, como personajes), Iris Rivera nos regala estos versos, bellamente ilustrados por Tania de Cristóforis.



Baldanders

En la torre
las agujas del reloj
no dejaban de girar

Iban tan lentas
que el giro apenas se notaba
y en eso iba pensando él
cuando algo lo distrajo.

En medio de la plaza
una muchacha se iba arrepollando
con movimientos de bailarina clásica.
Imitaba las formas de una flor.

Él empezó a acercarse:
- ¿Vos quién sos?

Y ella, como quien suelta un perfume:
- Me dicen Baldanders.

Él la miraba
vaporosa de pétalos
y tanto la miró que le empezaron a zumbar los ojos
a crecerle en la espalda unas telas translúcidas
unas alas de insecto.

Y voló alrededor.
Una vuelta
otra vuelta
otra vuelta
y el zumbido.

Pero ella todavía no era flor completa
cuando empezó a gotear.
- Me dicen Baldanders.


A él se le cristalizaron los círculos del vuelo
se le hicieron de vidrio.
Ya que ella goteaba como agua
él, como vaso, la iba a recibir.

Pero ella se fue poniendo espesa
y fue cambiando de color.
- Me dicen Baldanders.

Él no alcanzaba a contenerla
por eso fue dejando de ser vaso
y quiso zambullirse en los colores de ella.

Pero ella no permaneció.
-  Me dicen Baldanders.

Él, resoplando, se fue volviendo viento.
Entonces ella, pluma, se dejó soplar
y así bailaron ella y él.

Pero ella no acababa de ser pluma.
-Me dicen Baldanders.

Pluma en el viento
ella se fue volviendo música
y él la interpretó.

Ella
que no permanecía
se endureció sobre las cuerdas
hasta volverse uña
y él se hizo dedo.

Ella desembocó en aceite
y él fue sartén.

Cuando ella fue baldosa
él se volvió vereda.
- Me dicen Baldanders.

Ella era espina
y él fue cactus.
Ella fue luz
él fue farol.

-Me dicen Baldanders.

Ella fue hamaca
él se hizo impulso.
Pero ella no permanecía.

-  Me dicen Baldanders.

Hamaca a pasto, pozo, astilla
abanico, campana, silbido, papelito
nido, paraguas, lombriz…

- Me dicen Baldanders.

Y él era impulso, escoba, tierra, hacha
sombra, oración, oreja, chocolate
pichón, llovizna túnel…
pero ella estaba hecha de cambiar.


Cambiando y más cambiando desembocó en maullido
y él se hizo gato para poderla maullar.

Y fue el gato, no él
quien se trepó a los techos
el que subió a la torre
el que llegó al reloj.

Pero fue él, no el gato
quien se ocupó de las agujas.
Las ajustó bien justas
para que no giraran más.

Entonces todo se detuvo en una foto
con ella interrumpida entre maullido y queso
y él, a medio camino
entre gato y ratón.




Baldanders
Iris Rivera
Ilustraciones: Tania De Cristóforis
Buenos Aires, Macmillan, 2012










Iris Rivera: es escritora, docente de nivel inicial y medio, profesora de Filosofía y Ciencias de la Educación, ha colaborado con varias publicaciones infantiles como Anteojito, AZ Diez, Punto de Partida y Billiken. Dicta y coordina talleres literarios para niños, jóvenes y adultos en Buenos Aires. En 2014, recibió un Diploma al Mérito de los Premios Konexpor sus cuentos infantiles. 

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