EL GENERAL CUCHILLERO

Una foto circula en redes y en los portales de noticias. Esa imagen despierta conmoción, produce reflexiones, revive recuerdos. Y así nos llega este relato de uno de los protagonistas de la historia que no fue captado por la cámara, pero que lo tiene registrado en su memoria para contarlo en primera persona.  

Foto: Enrique Rosito



Por Álvar Torales


Esa tarde, como tantas otras, después de trabajar me encaminé al local partidario de la sección octava que con no poco esfuerzo habíamos alquilado y al que bautizamos "Hasta la victoria siempre", ¡vaya nombrecito! Militábamos en el PI (el Partido Intransigente, para los más jóvenes o los menos memoriosos) y nuestra principal actividad era tratar de que la juventud volviera a sentir conciencia política después de la horrorosa noche negra. Yo ya no era tan jovencito, había cumplido los cuarenta años. Al llegar me encontré con Mingo, un compañero de lo más activo que, a modo de saludo, me dijo: "¿Sabés quien está en Canal 13 con Neustadt?" y en seguida agregó: "¿Vamos a hacerle un escrache?" Y allá fuimos…

Frente a la puerta del canal, sobre la calle Lima, nos encontramos con un joven compañero del PC del que, lamentablemente, no recuerdo el nombre. Entre bromas y nervios esperamos un rato largo hasta que finalmente apareció el militar rodeado de custodios. Rápidamente nos fuimos encima y quedamos cara a cara al grito de "¡Genocida; asesino; torturador!" La reacción no pudo ser más violenta, blandiendo un cuchillo de guerra se abalanzó sobre nosotros, que emprendimos veloz escape mientras sus custodios lo sujetaban. La imagen fue perpetuada por un fotógrafo de apellido Rossito, que recibió un premio internacional por dicha foto.

Volvíamos por la avenida San Juan cuando vimos venir hacia nosotros a tres o cuatro militantes encabezados por mi hermana que, al enterarse de donde estábamos venían a buscarnos. Nunca nos encontramos, imprevistamente apareció un carro de la Guardia de Infantería, bajaron los efectivos, a mi me agarraron de los pelos (usaba el cabello largo en ese entonces) y literalmente me pasaron por encima de mi compañero para arrojarme dentro del vehículo. Fuimos a la Comisaría. Sentí más temor que frente al cuchillo; si bien estábamos en democracia, la dictadura estaba muy cercana y aún se escuchaban sus ecos. Recibimos golpes, escupitajos y amenazas verbales. Todavía faltaban varios años para que la policía se "civilizara" y unos pocos más para que volviera a sus funciones represivas. 

La presencia de mi hermana y sus compañeras fue providencial ya que rápidamente se movilizaron y fueron en busca de diputados (sabían donde ubicarlos). Cuando divisamos la presencia de Rabanaque Caballero (PI) y Stubrin (UCR) sentimos  un gran alivio. ¡Eran diputados! La prueba más tangible de que estábamos en democracia.

Estos hechos son una simple anécdota sin consecuencias, en la historia quedarán  los cientos de casos por los que el general cuchillero fue juzgado por asesinato, tortura y desapariciones. Juzgado y condenado a cadena perpetua en numerosos juicios, ajustados a derecho, el que él y sus cómplices no les brindaron a sus víctimas.

Hoy, viendo esa foto, treinta y cinco años después y ya viejo, me aterra pensar la vigencia que pueda tener.


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