El camino de la muerte

Un final en ciernes precipita el relato. La muerte como perspectiva próxima mueve a una acción última, la memoria. El impulso de la vida misma, contenido en su evocación desencadena la acción de narrar en Artemio Cruz. La novela, de Carlos Fuentes, es reseñada para Libro de arena como parte de la serie textual que hace centro en este tópico.


Por Tomas Schuliaquer*

La muerte de Artemio Cruz es la novela que cierra el famoso ciclo de la Revolución Mexicana. De Carlos Fuentes, publicada en el año 1962, el relato tiene a la muerte como uno de sus temas centrales. Es la historia de Artemio Cruz, un mexicano rico y poderoso –dueño de los principales medios de comunicación, ex diputado-, que está internado en un hospital agonizando. Desde esa agonía, para evitar pensar en los dolores y en el fin, Artemio recuerda su vida. Así, en una novela con una estructura particular, con tres narradores (uno en primera, otro en segunda y otro en tercera persona) que  alternan su narración en fragmentos claramente distinguidos, se relata cómo llegó a esa situación actual. No tanto a la muerte en un hospital, sino a ser uno de los hombres más poderosos de su país. De este modo, descubrimos que fue uno de los revolucionarios que luchó en el bando carranzista, porque les reconocieran las tierras a los campesinos y contra la opresión de los negociados nacionales con los “gringos”. Entonces, esta novela que denuncia y critica el proceso postrevolucionario, tiene un protagonista traidor de la revolución.
Artemio Cruz, hombre terrorífico y odiado (y qué es ser Dios, se pregunta Cruz, sino ser temido y odiado), vacila y teme en cada situación que lo enfrenta a la muerte. Primero, en las luchas revolucionarias, abandona a un compañero herido y lo deja morir a la deriva. Después, una vez capturado y a la espera de su fusilamiento, decide negociar, mentir, para evitar que se cumpla la condena. En el presente de la novela, una vez que el fin parece inevitable, esa primera persona que es Artemio, nuevamente busca evitar la muerte en su evocación del pasado, quiere poder cumplir todos los deseos en su memoria. Pero como se anticipa en el título, ya no puede aplazar más su existencia, no hay más episodios que narrar, nada para proyectar a futuro: “hoy que tu vida y tu destino son la misma cosa”. Entonces, esta Revolución mexicana, la primera de Latinoamérica, que se anticipa cuarenta años a la cubana, también es la Revolución Fallida, porque fue traicionada por sus propios luchadores que, como dice el relato, no supieron estar a la altura de su pueblo. Además, aquellos que antes peleaban por la revolución son los que ahora (1962, pero podríamos decir también 2015) siguen negociando con los capitales extranjeros para la explotación de su tierra, y también quienes, como lo muestra a la perfección el cuento de Rulfo “Nos han dado la tierra”, entregaron a los campesinos tierras infértiles, imposibles de trabajar. De esta forma, en el cierre de uno de los ciclos literarios más importantes del Siglo XX –el de la Revolución Mexicana-, la muerte de Artemio es también la muerte de la Revolución, pero incluso de las fallas y las traiciones postrevolucionarias. En conclusión, es una muerte que, como otras tantas, abre nuevos caminos, tanto literarios como ideológicos.

La muerte de Artemio Cruz
Carlos Fuentes
Alfaguara, México, 2006












*Tomas Schuliaquer: estudió Letras en la UBA y trabajó en la Biblioteca Nacional. Nació en Villa Crespo a principios de la década del `90 y, aunque de grande se dio cuenta de que su casa queda en el barrio de Caballito, siempre que le preguntan dice que es de Villa Crespo e hincha ferviente de Almagro.

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