lunes, 14 de diciembre de 2015

Esto no es un libro sobre conejos

Hoy traemos a la memoria una obra literaria a menudo catalogada como infantil, pero que sabe representar conflictos sociales y pasiones de adultos: La colina de Watership. Esta novela de Richard Adams, muy reconocida en Inglaterra y en Estados Unidos, no lo es suficientemente aquí, por lo que Milagros Corcuera nos comparte su experiencia con esta lectura.   


Por Milagros Corcuera

Me encontré obsesionada en el verano con la idea de convencer a la gente de que La colina de Watership no es sólo un libro sobre conejos. Es verdad, los protagonistas son animalitos suaves de nombres tan simpáticos como Avellano, Margaritón, o Frutillo, pero por más tiernos que suenen, no dudan en desgarrarse  brutalmente las orejas peludas a zarpazos y mordiscos,  cuando se trata de defenderse.  Desde afuera, parecería algo tierno y simple, con conejitos en la tapa. Dentro, se descubre un tono oscuro, problemas complejos, y una buena cuota de violencia -entre personajes, no lo niego- entrañables y esponjosos.
El drama de esta novela inglesa es, ni más ni menos, la búsqueda del hogar. Se une así a una de las grandes temáticas de la literatura mundial. Un grupo de conejos se ve obligado a escapar de su madriguera, cuando Quinto, el conejo más pequeño y menospreciado, tiene una visión en la que su hogar será destruido irremediablemente. Siguiendo la mística visión del conejo, el grupo de rechazados dirigidos por el joven Avellano, se embarca en la búsqueda de unas colinas misteriosas donde establecer su nueva colonia y vivir en paz.
Esta epopeya de los conejos, tan accidentada como La Odisea, reflexiona sobre la grandeza y pequeñez del mundo de los hombres, de manera tan fascinante que es casi imposible dejar de leer. Orgullosa confieso que se lo presté a mi abuela, dudando que lo leyera por la cantidad de personajes y  la complejidad del viaje, sólo para enterarme recientemente que se quedó pegada al libro hasta las tres de la mañana.
Quizás lo más atractivo de La colina de Watership sea que sus personajes animales resultan más que humanos a la hora de actuar. Al leer la novela, entramos en una dinámica donde nuestro mundo conocido, la granja y sus espacios, se observa al ras del suelo, y las distancias se miden en días de saltos, o vuelos de pájaros. Desde esta óptica del mundo, los cigarrillos son contemplados extrañamente como “esos palitos blancos que se queman en la boca”, un zorro es lo más peligroso que te podrías encontrar, pero también un gato supone cierto riesgo, y  los tractores son llamados jrudrudú por el sonido de su motor. Sin embargo, los conejos actúan como cualquier persona lo haría. Tienen discusiones, aprenden a confiar unos en otros, a escapar del peligro y a poner planes tácticos en marcha.  Las luchas por el poder y el territorio, los gobiernos autoritarios y democráticos, la discriminación racial, y la dinámica de un grupo formado por un rejunte de personalidades disparejas: son temáticas que sorprenden en las patas peludas en las que se encuentran.
La novela conjuga perfectamente sintaxis y estilo, así como diferentes registros, en constante vaivén entre tensión y acción. Está formada por cuatro grandes partes, a su vez, integradas por varios capítulos encabezados con un epígrafe científico, literario o cultural. A los animalitos parece sentarles tan bien el científico estudio La vida privada de los conejos, de R. M. Lockley; como la poesía de W. H. Auden, los versos de Shakespeare o las citas bíblicas de los Hechos de los Apóstoles. Intercalados a modo de leyendas que cuentan los conejos para entretenerse,  las historias sobre el mítico líder de los conejos El-Arairal y sus astutas soluciones chocan con  el vertiginoso ritmo de los constantes conflictos que atraviesan. Adams también coloca al pie notas que explican el comportamiento, manera de contar y un glosario al final del particular lenguaje de sus conejos.
Este best-seller inglés que trascendió la literatura infantil para convertirse en una de las novelas más leídas en Inglaterra y los Estados Unidos, fue escrito, como los mejores del género, para entretener a niños inquietos. La novela de Adams se gestó como un cuento para narrar en los largos viajes en auto hacia Stratford-upon-Avon a sus hijas, pero terminó llegando muchísimo más lejos que eso. No sólo se extendió más allá de su público infantil, sino que superó a las letras, y fue llevada a la pantalla animada, en lo resultó en un film que calificaría como una de las 5 películas animadas más bizarras, oscuras y terroríficas del mundo –especialmente si es considerada como película infantil, cosa que definitivamente no es- con un soundtrack que incluye la canción Bright Eyes de Art Garfunkel, inspirada en la novela.
La colina de Watership es tanto una novela sobre conejos como una profunda reflexión sobre lo que es intrínsecamente humano, un libro de apariencia contradictoria, que recomiendo como una lectura en la cual perderse irremediablemente. 

La colina de Watership
Richard Adams


Barcelona: Seix Barral, 2009

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