lunes, 2 de mayo de 2016

La Menesunda

Los recorridos urbanos son infinitos, como el arte, y permiten las más variadas y multiformes miradas. En esta ocasión Libro de arena comparte una crónica acerca de la muestra La Menesunda, que repone y reproduce, 50 años después, a la original.


Por Corina Auster

El pop-art (abreviatura de popular art) es una tendencia artística de origen norteamericano que se propone evocar la civilización contemporánea mediante composiciones a base de objetos cotidianos y de ilustraciones publicitarias, entre otros recursos.
En 1965 este movimiento tuvo lo que tal vez se considere como su máxima expresión en nuestro país.  Se trató de “La Menesunda”, un conjunto de situaciones que intentaba brindar al participante una experiencia diferente de la contemplación tradicional aunque sin desdeñar los elementos plásticos.
Podemos definir al arte en general como una obra humana que expresa simbólicamente, a través de diferentes materias, un aspecto de la realidad entendida estéticamente.
Dijo la artista pop Marta Minujin, en una entrevista lograda por una revista en la década del ’80, irreverente y fresca –igual que ahora-, que “el arte consiste en crear lo que nunca ha sido creado”.
Sin dudas, ella logró generar arte, ya que “La Menesunda” (como varios de sus trabajos) fue una realización –junto con Rubén Santantonín y otros colaboradores- novedosa, inédita, transgresora y “escandalosa” para la época.  Hubo un antes y un después en el arte argentino.  Se presentó en el Centro de Artes Visuales del Instituto Torcuato Di Tella, en la calle Florida.  Duró sólo 15 días y fue visitada por cientos de personas generando revuelo en algunos medios de comunicación.
Hoy, luego de medio siglo, reconstruye fielmente la ambientación en el Museo de Arte Moderno   – Av. San Juan 350, San Telmo- .
Es un recorrido laberíntico, interactivo y multisensorial conformado por 11 estaciones, en el cual los carteles, la curiosidad y las ganas de ver qué sigue van guiando a nuestros pies.
Luego de hacer fila entre gente muy ansiosa por entrar, nos encontraremos con los atractivos de la muestra: llamativas luces de neón, televisores que nos reflejarán, una habitación en donde hay una pareja en la cama semivestida…  Una coqueta escalera rosada con pasamanos de esponja nos esperará para desembocar en un salón de maquillaje atestado de productos cosméticos de una marca representativa de los ’60 que ya no existe y… ¡nos percataremos de que estamos dentro de la cabeza de una mujer! –interpreto que es una burla al machismo-.  Una especie de jaula giratoria nos hará sentir como en una calesita y ofrecerá dos salidas. Caminaremos por el medio de gigantescos intestinos inflables. Al abrir una puerta nos encontraremos dentro de una gran heladera Siam de esos tiempos.  Es imprescindible descubrir el código numérico para continuar la secuencia y marcarlo en un teléfono enorme. Hay que transitar por un piso blandísimo y atravesar fardos pesados a modo de cortinas. De paso, una lluvia de papel picado caerá cuando el espectador entre a una cabina y se suba a la plataforma en la sala de los espejos: las luces se apagan y los ventiladores se accionan haciendo volar miles de papelitos algunos de los cuales nos los llevaremos sin querer de recuerdo en las ropas…  Sí, “La Menesunda” –que proviene del lunfardo y refiere a una situación embarazosa- deja su marca…
Imágenes, sonidos, texturas, aromas y muchas sensaciones más la convierten en un hecho único, sorprendente y divertido.

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