Jorge Accame: "No me gusta juzgar, ni a los personajes ni los hechos. Me parece más inquietante presentarlos y que el lector decida"

Compartir una charla, detenerse en la escucha, interesarse por otras formas de ver las mismas cosas son privilegios a los que el ciclo "Encuentros con autores de literatura infantil y juvenil" organizado por el programa Bibliotecas para armar ha sabido darles lugar. En la segunda entrega de la conversación con el escritor Jorge Accame los temas giraron en torno del gusto por escuchar las historias que cuenta la gente, cómo trabajan los cuentos tradicionales, anónimos, la transmisión de la oralidad, la relación con el teatro y el éxito de su obra Venecia. La despedida cierra con la lectura de "cinco formas breves de la eternidad". Libro de arena participa esta útima parte de la entrevista coordinada por Mario Méndez que tuvo lugar en la Biblioteca nacional.




Asistente: ¿Vos dijiste que te nutrías de los sueños para escribir?

JA: Sí, antes. Lo que pasa es que ahora ya no sueño. No sé qué pasa. (Risas). No me acuerdo de los sueños que tengo. Pero antes, sí. Y hay unos cuantos ahí que son producto de sueños. Mirisini, El hospicio de Crostide  y El ankuto pila.

Asistente: Lo que me llevó a la pregunta son los finales que tienen los cuentos. Los finales te dejan pensando si realmente lo que está contando es lo que soñó, o el sueño es la realidad. Ahí encontré algo borgiano…

JA: Sí, o también Cortázar…

Asistente: Yo pensaba, justamente, si eran sueños propios del escritor, porque en varios aparece esto de que no se sabe si ocurrió o no ocurrió y en estos finales de los cuentos que hablan de sueños. Por ejemplo en  “Hongos” donde uno  se queda pensando (no me gusta contar los finales), si realmente le ocurrió o no al chico lo que uno se imagina. O si lo dejás abierto para que cada uno piense el final que quiera.

JA: A mí, en general no me gusta dar algo demasiado acabado. No me gusta tampoco juzgar, ni a los personajes ni los hechos. Me parece más inquietante presentarlos y que el lector siga su propia historia en la cabeza. “Hongos” no fue un sueño, por ejemplo. Los otros tres que mencioné, sí.

Asistente: ¿Siempre te interesó ese tipo de personaje que es mitológico, este estilo de la realidad y lo irreal? Porque vimos también cosas para muy chiquititos, donde no iba por ahí la cuestión. ¿Esto te interesó más viviendo en Jujuy?

JA: Siempre me interesó, pero no fue lo único. Es cierto que en Jujuy se fortaleció el interés. Porque en Jujuy es como vivir con esto cotidianamente y hay un montón de gente que lo cree. Yo soy bastante escéptico en ese sentido, de cuestiones del mas allá o mágicas. Pero al convivir con eso, uno aprende a considerarlo de otra manera.  Hay gente que ha visto al Duende. Que los hijos han tenido problemas porque se los ha llevado el Duende, los han encontrado en medio del monte, como enajenados, es muy difícil sustraerse a esa vivencia permanente. Una señora que venía a trabajar a mi casa, una tarde empezó a gritar “¡Un animo! ¡Un animo!”. Era una casa de campo, justamente nos habíamos mudado hacía poco y una víbora había salido o había entrado del desagüe de la pileta. Y bueno, estaba tan alterada que le preguntamos qué le pasaba… bueno,  el animo es un signo de muerte. Y a los dos días murió el hermano. Qué sé yo… son cosas con las que uno vive. ¿Es cierto? ¿No es cierto? A mí nunca me pasó. Pero a la gente le ha pasado. O cuenta que le ha pasado. Y todo en un borde por el que uno camina. En la literatura es un lugar muy interesante para explorar: el borde. Puede ser… no puede ser… Queda indefinido. Y uno se pregunta si tiene derecho a juzgar. Quizás lo mejor es presentarlo como lo escucha o con algunos ajustes que le da el oficio a uno para que tengan una potencia estética mayor…

Asistente: Con respecto a las criaturas que vienen del folklore o que ya están instaladas, ¿cómo trabajás vos con  las versiones?, porque a veces son muy variadas. Vienen de diferentes personas o de diferentes libros que recopilan los mitos. ¿Vos trabajás con la descripción original de esas criaturas? ¿las reinventás? Y en relación con eso, ¿cómo te llevás con los libros que también tienen ilustraciones? ¿Cómo relacionás a los personajes con las ilustraciones?

JA: En general yo no intervengo en indicaciones… Quizás podría hacer un paralelo con las obras de teatro. Yo no intervengo en las puestas en escena de las obras de teatro, tampoco. Dejo que el ilustrador o el director de teatro lo tomen como una partitura. Que se imaginen lo que les parece. Y en el caso de las editoriales, muchos sabemos que a veces ni siquiera tenemos contacto con los ilustradores. Que es algo que se cocina con el editor y el ilustrador aparte. Después nos preguntan si nos gusta, pero ya está. Uno puede hacer algún ajuste, pero tampoco puede tirar todo abajo porque la persona trabajó muchísimo. En general, nos dan unas muestras del trabajo del ilustrador, y nos preguntan si nos gusta. No mucho más que eso. Uno elige en base a trabajos anteriores de ese ilustrador, y después, si cree que hay que hacer algún ajuste, lo dice, pero en general no se mete mucho.

Asistente: ¿Los nombres sí son exactos a los que la gente dice?

JA:   ¿Los nombres de los seres? Sí, sí. Incluso muchas veces las situaciones son las que me han contado. Yo, por ahí les doy como un ajuste potenciando cosas que me parece que pueden tener más que ver con la estética pero escucho bastante a las personas. Y hay algunos narradores que son increíbles. Que son insuperables, que ni vale la pena tocar nada, porque tienen un lenguaje tan brillante que sería una pena “molestar” el texto con alguna intervención. Salvo alguna cosita.

Asistente: ¿Cómo por ejemplo…?

JA: Por ejemplo, El dueño de los animales, un libro que está en esta colección, Cuentamérica. Yo, durante mucho tiempo, cuando me mudé a este lugar que era medio campestre, conocí una familia de cazadores matacos que habían venido del Chaco salteño. Y milagrosamente me aceptaron en el grupo. Así que empecé a salir con ellos al monte. Yo no cazo. Se burlaban de mí cuando disparaba y no le acertaba a un blanco fijo, o cuando íbamos a sacar miel a las colmenas y yo salía disparando en cuanto me empezaban a picar. Para ellos es como un signo de hombría quedarse y aguantarse la picadura de las abejas. (Risas) Este hombre se sacaba la camisa, con una madera prendida con  humo, espantaba las abejas… lo picaban… Pero bueno… él se quedaba y yo me iba. Después tenía que escuchar las cargadas. Pero aún así, era como el cronista del grupo. En ese sentido me aceptaban. Y me pasaba las mañanas o los días machucándome en el monte, cayéndome, golpeándome, y los escuchaba. Lo que a mí me interesaba era escucharlos. Y una vez, a este hombre, a quién está dedicado el libro o el cuento, no me acuerdo, Luis Jerez, lo invité a casa, y lo grabé. Y hay partes que son textuales. Casi no las he tocado. Sí en el armado. Armé el cuento de una manera distinta, inventé algunas cosas, pero hay imágenes, que para mí, son insuperables. No las quise ni tocar. Y en cuanto a las descripciones, muchas tienen matices como leías en “El ankuto pila”, como seudo científicas. Pero algunos sí son datos verídicos. A mí me había interesado mucho la manera de contar que tenía Colón, lo que iba descubriendo, en sus cartas.  Si uno lee las cartas de Colón, se da cuenta de que trabaja fundamentalmente con comparaciones. Porque tiene que dar noticias de algo que en España no existe, y tiene que compararlo con algo que en España existe. De alguna manera, en Jujuy yo me sentía parecido. Estaba como traduciendo un montón de cosas que en otros lugares no se conocían.

Asistente: ¿Y se llama “El Familar” a esa serpìente? ¿Por qué? ¿Cuál es el sentido?

JA: Sí. Yo no sé cuál es exactamente  la explicación, pero es algo, un ser, una criatura, que si uno lo tiene bien alimentado con cuerpos y almas humanas, produce una buena cosecha de caña de azúcar en el ingenio, por ejemplo. No sé exactamente familiar de quién es. Si es familiar del dueño del ingenio, no sé…

Asistente: A mí se me ocurrió que cuando esta persona vio “el animo”, en realidad era familiar para ella… en esta tradición… de que si lo encontraba alguien iba a morir. Es algo de la cercanía…

JA:  Puede ser. Pero esto no era un Familiar.

Asistente: Es muy llamativo que se llame El Familiar…

MM: Por lo que yo he leído, que hay varios trabajos con “El Familiar”, incluso hay una novela de un escritor que se llama Emilio Saad que se llama El Familiar, en realidad es como si fuera un demonio familiar o un diablo propio de la familia. De ahí viene lo de “familiar”. Asegura la prosperidad de los dueños del ingenio. Por eso es familiar. Pertenece a la familia. Vive en los sótanos o en el lugar donde está escondido, y en general, salvo en el cuento tuyo, la mayor parte de las veces lo escuché o lo vi como un perro, no una serpiente.

JA: Tiene distintas formas. Puede ser serpiente… le contaba hace un rato a Mario en un café previo que tuvimos, que puede ser el mismo diablo vestido de gaucho, con el que el peón pelea y vende cara su alma. A veces le gana, a veces pierde… y también,  lo vi en la novela Doña Bárbara, como un toro. Es un mito muy extendido.

Asistente: También fue utilizado (uno puede creerlo o no) por los dueños de algunos ingenios, que hacían desaparecer gente. Eso está en una película documental que produjo Eduardo Aliverti.

JA: Sí, sí. Era para justificar la desaparición de personas, no solamente en la dictadura sino en algún momento en el que esa persona causara problemas. Por eso decían que siempre se tomaba gente foránea, que no tuviera parientes, no tuviera amigos, no tuviera a nadie, porque claro, cuando desaparecían nadie los reclamaba.

MM: El lunes pasado estuvimos hablando también de El Forastero, porque en este ciclo de literatura infantil y juvenil no tenemos mucho límite, y yo les hablaba de manera muy entusiasta de esta novela, en la que hay una idea muy interesante que es la de este periodista que finalmente no se sabe si es realmente un periodista, Evaristo, que llega a comprar historias, a escuchar historias de los lugareños, en esta ciudad que parece Catamarca, pero eso corre por mi cuenta. Y me pregunto si algunas de esas historias, como la de la despedida de soltero, las escuchaste allá, en Jujuy.

JA: Sí. La de la despedida de soltero la escuché en Jujuy y la escuché acá también. Por lo que creo que podría ser una especie de leyenda. Que es lo que pasa. Se cuenta hasta con nombre y apellido, hasta que los nombres y apellidos se van diluyendo y queda la historia nada más. Sí. Esa la escuché allá. Y muchos que leyeron El Forastero me dijeron: “Che, estás contando la historia de no sé quién”. De alguien de Jujuy. Pero también la escuché acá. Escuché que a un muchacho le había pasado en una despedida de soltero. Evaristo Soler es un escritor, es un poeta. En el ’99 yo publiqué una antología de poetas falsos. Que no existen. Cada uno con su biografía.

MM: Eso es borgiano, también…

JA: Sí… o Pessoa… qué sé yo… A mí no me daba para hacer heterónimos. Me parece que quedaban más en personajes, porque no tienen una obra sustanciosa cada uno de ellos. Tienen la antología. Y uno de los poetas es Evaristo Soler, el personaje de El Forastero. Este hombre que tiene trastornada la percepción. La sinestesia.


MM: Sí, lo hablábamos el lunes pasado. El personaje padece un problema de percepción que hace que confunda  los distintos sentidos. Y eso, como recurso literario que Jorge explota maravillosamente, da un montón de tela para cortar, lo de los “aullidos negros”, la música que se pudre en el cuarto donde ha quedado la radio prendida… Bueno… yo dije que me parecía Catamarca. ¿Hay algo del Caso María Soledad?

JA: Sí, pero de varias cosas. Hay toda una atmósfera del noroeste, pero también, los crímenes de la Dársena, de Santiago del Estero.

MM: Eso no lo conozco…

JA: Sí, mataron unas chicas. Lo de María Soledad… esta cosa del femicidio que se da en algunas comunidades muy patriarcales o muy machistas. Por ejemplo, lo que pasaba (y creo que sigue pasando) en Ciudad Juárez en México. Eso. Es fundamentalmente una comunidad armada con todos estos pedazos.

MM: Oías a los cazadores, ¿se te ocurrió alguna vez llevar a la práctica esto que hace Evaristo en El forastero,  de convocar gente para que te cuente historias?

JA: No, nunca lo hice pero siempre me tentó. Me hubiese gustado pagar por historias. Inclusive me pasa, cuando alguien en la calle me pide unas monedas, acá o allá, en Jujuy, siempre estoy tentado de decirle: “Bueno, hagámoslo distinto, yo te pago pero contame algo” (Risas) “Contame una historia,  contame algo de tu vida”. Quizá algún día lo haga. Lo que sí he hecho es pagarle a mis hijos para que lean mis cuentos  (Risas). Eso sí, porque en algún momento los leían de onda, pero después se cansaron, y tuve que sobornarlos, porque quería saber si funcionaban o no funcionaban. Pos supuesto, siempre se quejaban diciendo que estaban mal pagos. (Risas)

Asistente: Los chequeás antes de llevarlos a alguna editorial…

JA: Sí… bueno… era antes. Ahora ya no. No en ese sentido. Por esa cuestión de la instancia de la lectura, yo escribía algo y no sabía si era apropiado para ofrecerlo a alguna colección de literatura infantil o juvenil, y se lo daba, en ese momento, a Pablo, mi hijo mayor, y en seguida  me decía; ¿Cuánto me vas a pagar? (Risas)

Asistente: ¿Ahora es comerciante?

JA: No, él se dedica al cine. Trabaja en una productora y como muchos, hace trabajos comerciales y en su tiempo libre hace las cosas que le interesan. Las cosas que más le gustan. Con Pablo hemos hecho un libro hace poco, que suponemos que va a publicar en este año Macmillan. Él hizo los dibujos. Yo hice la historia. Un libro álbum. Se llama E-mails desde la Isla del Caimán Tuerto. Es un abuelo y un nieto que se mandan e-mails. El chico está enfermo, con una gripe muy fuerte, y el abuelo está mal de la pierna y no puede ir a visitarlo, y como el nieto le enseñó a manejar la computadora, el e-mail, el scanner, entonces  el abuelo le miente. Le dice que el gobierno lo mandó de urgencia a la Isla del Caimán Tuerto para descubrir unos animales exóticos, y le va mandando los dibujos de estos animales que va descubriendo. Por supuesto, una historia inventada sobre cada uno de los animales. Y el nieto es chico pero no es zonzo le dice que por qué no le manda fotos. “No, porque acá, por una cuestión climática en la isla no funcionan las cámaras” (Risas).

MM: Esto de pagar para leer podría ser para un proyecto de animación a la lectura… (Risas)

JA: En lugar de pagarnos a nosotros como autores les pagan a los lectores…

Asistente: Quisiera preguntarte si  esto de escuchar historias de otros también tiene que ver con algo de la transmisión oral, ¿Cómo pensás eso?

JA: Creo que sí. Está buena la pregunta. Algunas cosas más que otras. Pero aunque está bueno seguir por vía escrita la transmisión de la oralidad, si lo tomamos estrictamente como oralidad, como estos cuentos tradicionales, anónimos, se pierde. Es como sacar el pez del agua y que siga su curso por otro lado. Se pierde mucho, se salvan otras cosas y se salva de perder todo muchas veces. El asunto es, me parece, el desafío para el autor es encontrar un lenguaje equivalente. No va a ser igual, pero que al menos haya una equivalencia. Algo que pueda dar una idea de lo que era la oralidad.

Asistente: Yo soy narradora, y  muchas veces, en las adaptaciones de cuentos literarios tengo que trabajar mucho con lenguaje que sea equivalente para transmitir la historia.

JA: Sí, es muy difícil, porque son como otros códigos. Igual es un desafío. Es apasionante.

MM: Uno de los temas que no podemos dejar de mencionar es tu relación con el teatro y, sobre todo, Venecia. Seguramente habrá entre los compañeros y las compañeras alguien que la fue a ver, tiene años de representaciones, ha sido representada en medio mundo. Ha sido traducida. Ha tenido premios internacionales. Y hoy te preguntábamos con Mateo Niro cuál es tu relación con Venecia y con ese éxito tan clamoroso.

JA: Y, es como un hijo o una hija grande que creció y sigue su camino. La quiero mucho, le estoy muy agradecido, disfruto muchas veces las puestas en escena, pero digamos que no tiene ya… no digo que no tenga nada que ver estéticamente pero es algo que ya hice, ya intenté y no me interesa hacer de nuevo. Fue un éxito por casualidad o por una serie de factores que se dieron en ese momento. El mismo Tito Cossa decía que los éxitos o no éxitos de las obras son muy azarosos. Yo creo que pegó en el momento justo, pero lejos estoy de intentar hacer un éxito. No creo que eso se pueda. Y no me interesaría insistir en esa manera de escribir, para hacer un éxito. Si en algún momento vuelvo será en una forma honesta, auténtica, pero ahora estoy buscando otras cosas en el teatro. Si son éxitos o no, no es lo importante.

MM : ¿Y tus proyectos en este momento, ya que comentabas que escribís varias cosas a la vez, están en todos los ámbitos, narrativa, poesía, teatro?

JA: Sí. Menos poesía, aunque tengo una antología terminada, como esta de los poetas falsos, pero en este caso, uno de los poetas falsos me antologa a mí junto a los otros. (Risas) Así que estoy ahí mezclado, entre los apócrifos. Esa está terminada. Ahora estoy escribiendo una novela un poco distinta, buscando otro camino, y estoy escribiendo una obra de teatro, como una versión de Hamlet, breve, pero… bueno… en eso ando. Y acaba de salir el último libro en Norma, Los meteoritos odiaban a los dinosaurios, fue Premio Norma 2013. Lo presenté con el título Así es la vida, con la idea de dar un concepto parecido a la idea de la película de Monthy Python, El sentido de la vida, que es un disparate, y estaba muy entusiasmado con ese título. Y en la editorial me dijeron que me fijara, que había una película de Sandrini, que se llamaba igual. Y bueno, no tengo nada contra Sandrini pero no quería que se vinculara porque no tienen nada que ver. Así que busqué una frase del libro, tiramos varias sobre la mesa y nos quedamos con esa, Los meteoritos odiaban a los dinosaurios.

MM: Es muy buena.

JA: Porque así es la vida. Una de las cosas que tiene la vida es que los meteoritos odiaban a los dinosaurios. (Risas) Uno de los cuentos o capítulos del libro es la relación entre un alumno o un discípulo y un maestro. Como si fuera un maestro zen como el de Kung Fu. El discípulo le pregunta y el maestro le contesta y una de las cosas que le pregunta es por qué se extinguieron los dinosaurios. Y entonces el maestro le dice que hay dos teorías. (Risas) Una de las teorías dice que los dinosaurios pertenecían a una civilización superior, y se dieron cuenta de que en sesenta y cinco millones de años iba a aparecer el hombre y les dio miedo y entonces levantaron todo, dejaron los fósiles y se fueron en sus naves. (Risas) Y la otra teoría es que los meteoritos odiaban a los dinosaurios y por eso los extinguieron. (Risas)

MM: ¡Es muy bueno! Te acordás, que en el final de El sentido de la vida, una locutora lee en un papel que le traen, cuál es el sentido de la vida…

JA: No me acuerdo…

MM: Le traen un papelito y lee: "Coman verduras, sean amables con sus vecinos y llamen a su madre de vez en cuando”, algo así de sencillo. Bueno, Jorge, ¿nos vas a leer algo? ¿Te acordás de ese pedido?

JA: Ah, sí, si. Traje algunos textos breves que me parecieron apropiados para la ocasión. Tengo algunos, pero pensaba leerles, en principio…

Asistente: Nos gustaría que nos pagues, primero (Risas)

JA: Cómo no, cómo  no…


MM:  ¿Te das cuenta? Das ideas…

JA: Cuando era chico, me llamaban la atención las distintas versiones de lo que podía ser el más allá según quién lo interpretara o con quién hablara. Y sobre todo porque me daba vuelta las cosas. Yo fui educado en un ambiente católico. No soy creyente, pero en ese momento, las versiones que tenía de lo que pasaba después de la muerte eran esas, que estaba Dios, estaba Cristo, en fin, una serie de cosas. Y de pronto, empecé a leer en historietas, que había gente que creía en otras cosas. Por ejemplo, los indios de Norteamérica creían que se morían y seguían cazando en las praderas del Gran Manitú.. Eso me conmovió, porque decía: “¡Pobre gente! ¡Está equivocada!” (Risas) Cuando se mueran, ellos creen que van a encontrar un arco y una flecha para seguir cazando y no… Van a encontrar a San Pedro. Con los años, fui como pensando más en esta idea, y nacieron las Cinco formas breves de la eternidad, que podrían ser diez, veinte, quinientas, mil. Esta es la Primera forma breve de la eternidad:

“El hombre muere y llega a una gran planicie. Allí, veinte o más individuos con plumas en las cabezas, persiguen a los bisontes. Detiene a un par de ellos y les pregunta dónde está. “Las Praderas del Gran Manitú”, le contestan. “¿No vieron a San Pedro o a Jesús?” “Siempre nos preguntan por ellos, pero no los conocemos. (Risas) El hombre se deja caer en el suelo. “¡Dios mío! ¿Qué voy a hacer ahora?”. Uno de los individuos le ofrece arco y flechas. “Puede venir a cazar con nosotros” (Risas)

MM: ¡Muy bueno!

JA: Segunda forma breve de la eternidad:

“El hombre muere y llega a un patio grande y desolado. Allí lo espera un zancudo gigante de unos cinco metros de alto. “Buenas tardes señor. ¿Su nombre?” “Santiago Vera”. El zancudo busca en la lista que tiene en una de sus patas.  “Sí, aquí está. Debe ir por ese pasillo” “¿Adónde conduce?” “No espere que sean demasiado generosos con usted” (Risas) “¿Por qué? No he sido una mala persona.” El zancudo se fija en su lista. Aquí dice que usted mató seis mil setecientos ochenta y ocho mosquitos. (Risas) El hombre se sorprende. “¿Eso dice? Debe haber una confusión. Yo busco a Dios.” “¿Usted no sabía, señor, que Dios es mosquito?” (Risas) “¡No!” “Pues ahora lo sabe. Todas esas criaturas que asesinó eran sus hijos  bienamados. Usted lo ofendió con la muerte de cada uno de ellos”. “Lo siento mucho” balbuceó el hombre, “¿cómo podría haber sospechado algo así?” “Debió haberlo imaginado” (Risas) “Los mosquitos picaban, zumbaban en mis oídos, no me dejaban dormir” “Era un pequeño sacrificio que Dios le pedía y no pudo con él. Seis mil setecientos ochenta y ocho. Es un número. Algunos aplastados, pero la mayoría intoxicados con veneno.” “Perdón” “Siga por el pasillo, por favor.”  (Risas) ¿Sigo?

Asistentes: ¡Sí!

JA: El hombre muere y sube al cielo. Allí esta Dios, pensativo. “¿Nombre?” “Damián Marconi”. “Veamos” dice Dios, y busca en un libro. El hombre sabe que ha sido razonablemente bueno, pero es el juicio más importante y se siente nervioso. “Aquí dice que a los diez años, el día dieciséis de abril de agosto, no saltaste el cerco de la casa de tu vecino.” “No me acuerdo. ¿Debía saltarlo?” “Posiblemente. Dice también que cuando tenías dieciocho años, saliste de la escuela y no comprase nada en el kiosco. “  “¿Debía comprar algo?” “Quizá un alfajor o un chicle”. Dios continuaba leyendo. “A los veinticinco años, al salir de un bar le dijiste al dueño “Buenas tardes” y te marchaste. Acaso pudiste decir “Hasta luego” o “Adiós”. “¿Significa que he pecado?” “Has tomado unas decisiones y no has tomado otras, pero no estoy seguro de cuáles sean las adecuadas” “¿Qué vas a hacer conmigo?” “No sé todavía” (Risas)

Cuarta Forma:

El hombre muere y llega a una habitación vacía donde hay una papa apoyada en una cuchara sopera (Risas) “¿Qué es esto?” pregunta “No te preocupes, hijo mío,” dice la papa, ”Yo soy Dios” (Risas) El hombre se acerca y la mira detenidamente. “Sólo tengo que decidir si vas a ir al Cielo o al Infierno” le informa el tubérculo (Risas) “Estoy listo” dice el hombre, apenado. “ Sé que he sido un pecador” “Eso no importa. Vas a hacer lo que te ordeno. Primero, debes tomar la cuchara, cuidando de no dejarme caer”. El hombre obedece. “Ahora, ¡a dar vueltas! “ El hombre camina por la habitación. Da varias vueltas. “¡Basta!” dice la papa. El hombre se detiene. “Has hecho un buen tiempo. Irás al Paraíso” (Risas)

Bueno, quinta y última y ustedes pueden seguir con las que quieran y hacer las propias.

“El hombre muere y llega a su tumba. Espera unos minutos. Una hora. Un día. Una semana. Sigue en su tumba acostado. Un año. Diez años. Mil años. Espera. Mientras, han ido muriendo sus hijos, sus nietos, bisnietos, tataranietos que no conoció. Miles y miles de años, de minutos, de horas, de segundos. Pero él ya no puede darse cuenta de que esa es la eternidad. (Aplausos)

MM: Bueno, Jorge, muchas gracias. Normalmente se acercan a charlar, te piden autógrafos y demás (Risas). Muchas gracias nuevamente.

JA: Gracias,Mario, y gracias a todos ustedes. (Aplausos)






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