martes, 30 de junio de 2015

Viaje por el río literario

Lejos, muy lejos del cauce de la razón, se viaja al corazón de las tinieblas. Río arriba, por el Congo, se asoma la naturaleza del África fértil, cuyo interior esconde un misterio inenarrable. Extranjero en la propia lengua en que escribió su obra, Joseph Conrad, de origen polaco, se convirtió en uno de los escritores centrales de la literatura inglesa del siglo XIX. El corazón de las tinieblas es comentado a partir de las impresiones de lectura, como texto favorito. Libro de arena continúa proponiendo miradas sobre textos que abordan el  tema del río para iniciar nuevos viajes, a las infinitas tierras literarias.


Por Marina Ruiz





Hay un secreto a ser descubierto, hay un sentido oculto que el relato guarda, hay para el lector una necesidad suprema de recorrer el texto y desvelarlo. La intriga no es la de una novela policial, aunque parece, consume al lector que devora el texto. Como lectora me he sentido atrapada eEl corazón de las tinieblas. Una máscara recubre la razón, sus luces palidecen. El descubrimiento de Marlow, narrador y alter ego de Joseph Conrad, es el símbolo del fracaso de la razón iluminada, de su corrupción y desmoronamiento. Lo que va a contar en su breve novela es una travesía, a la vez efectiva, real si se quiere, en el viaje que sigue el itinerario de la expansión territorial de Europa desde Inglaterra hacia África, e imaginario, en la exploración de la interioridad del alma humana. El corazón de las tinieblas es una novela del contrapunto permanente entre la razón y la locura que habitan en el hombre. Reflejadas ambas en el conjunto de imágenes visuales que el texto provee y de calificaciones que refieren a las porciones iluminadas y a las oscuras del mundo al que el hombre tiene acceso. Situado en el centro de la civilización, en el centro de occidente, con la mirada de quien observa desde afuera, en la extranjería de una lengua otra, así arranca el relato. En el comienzo aparecen los claroscuros que tramarán toda la historia, que desde la partida se proyectan hacia adelante y anuncian el tema del relato. No solo la explotación del marfil, la apropiación de materias primas, no solo la expansión territorial y económica, sino lo insondable del deseo, las fluctuaciones de la razón, la fascinación por lo ominoso, por lo que no tiene nombre, orden, o explicación. El inicio del viaje es el estuario del río Támesis “un interminable camino de agua. A lo lejos el cielo y el mar se unían sin ninguna interferencia, y en el espacio luminoso las velas curtidas de los navíos que subían con la marea parecían racimos encendidos de lonas agudamente triangulares, en los que resplandecían las botavaras barnizadas. La bruma que se extendía por las orillas del río se deslizaba hacia el mar y allí se desvanecía suavemente. La oscuridad se cernía sobre Gravesend, y más lejos aún, parecía condensarse en una lúgubre capa que envolvía la ciudad más grande y poderosa del universo.” Este inicio es la clave del relato. A través del marinero Marlow, Conrad describe el viaje por el río Congo, en busca de "Kurtz", jefe de una explotación de marfil. Su encuentro será la confirmación de la hipocresía colonialista a la vez que el cuestionamiento de su carácter de cruzada moral y comercial. El horror es el vacío de sentido, la perpetración de la violencia, el sometimiento y el exterminio. Esa extraña e inexplicable comunión entre el horror y la belleza que se cifra en la selva exuberante que rodea al río Congo no encuentra su nombre: "Una corriente vacía, un gran silencio, una selva impenetrable. No había ninguna alegría en la luz del sol. Sentí un peso intolerable, la presencia invisible de la corrupción victoriosa, las tinieblas... Y hay en todo ello una fascinación, la fascinación de lo terrible". Es lo ominoso. En ese paisaje abominable, un personaje antes civilizado, Kurtz, sufre la destrucción de sus principios y de su propia naturaleza de hombre inteligente. "¡El horror!", es su grito final, poco antes de morir. Y Marlow lo juzga así: "Su mente seguía siendo perfectamente lúcida, pero su alma estaba loca...". El deseo de poder y riqueza, la avaricia, el exceso, la desmesura son las marcas que dan cuenta del horror de la colonización, de la falacia del orden civilizatorio, en nombre del cual se llevaron a cabo los actos más aberrantes e inhumanos contra otras culturas. Lo que subsiste a lo largo del relato es la oscuridad, lo inabordable, lo indecible como denuncia contra el orden establecido y el discurso de la razón.

*Marina Ruiz:  su mayor pasión es viajar, mezclarse con la gente, conocer sus comidas y disfrutarlas, compartir sus costumbres, aprender de cómo se vive en otros lugares, para mirar de otra forma su propio vivir. Vive en Buenos Aires, la mayor parte del tiempo, cuando no viaja, y estudia antropología en la UBA.

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