lunes, 2 de noviembre de 2015

Pasolini

En el aniversario del asesinato del poeta, escritor y cineasta italiano Pier Paolo Pasolini, Libro de arena publica una nota especial que recorre los contrapuntos de la relación de su obra con la sociedad de su época y las concepciones dominantes en torno a la sexualidad.



Por Ernesto Hollman

Pier Paolo Pasolini fue uno de los más controvertidos Intelectuales de su época. Poeta, escritor,hugufkbkgj cineasta y sobre todas las cosas un político sin concesiones del siglo XX;  hoy se cumplen cuarenta años de su  brutal asesinato en las playas de Ostia ¿a manos de uno de sus tantos amantes callejeros o de un sicario enviado por la reaccionaria derecha italiana?
Esta triste disyuntiva marca los antagonismos entre los grupos intelectuales de izquierda que asumen con resistencia la homosexualidad de Pasolini pero defienden la teoría de un mártir político. Un marxista no podía buscar en la calle una buena entrepierna para sus placeres más “perversos”. Por otra parte, los intelectuales de la derecha sostienen que  murió a manos de un amante ocasional.
Ni una cosa ni la otra hay que tomarlas como verdades absolutas, Pasolini fue el único pensador italiano de su época (años 1950/60) que se atrevió a marcar sin concesiones la libertad de su homosexualidad desde un concepto de anarquía antiburguesa, al desplegar nuevos procedimientos de lucha sobre la libertad del cuerpo desnudo y el libre ejercicio de la sexualidad callejera. Su lucha fue excesivamente cruenta ya que no sólo se le oponían el pensamiento ultra machista itálico, la burguesía y la derecha, sino que también se enfrentó a su propio lugar de pertenencia, el marxismo militante que consideraba la homosexualidad un vicio decadente del occidente cristiano y burgués.
A diferencia del cineasta Rainer Werner Fassbinder o el escritor y dramaturgo Jean Genet en Francia a quienes muy poco les importaba el pensamiento conservador de la izquierda, a Pasolini lo amargaba la posibilidad de que pudiera ejercerse con estos conceptos un resquebrajamiento entre el proletariado sobre el libre ejercicio de la sexualidad. Ese fue el motivo, entre otros, de filmes como Teorema o El evangelio según Mateo donde los planteamientos marxistas y cristianos se contraponen en una dialéctica perfecta. En Teorema una suerte de ángel rubio de generosa entrepierna irrumpe en una familia industrial –integrada por los padres, un joven, su hermana estudiante y una criada-  para brindarles su generosa sexualidad. Cada uno de ellos hallará la mejor forma de la redención para la burguesía y el amor hacia los otros en la figura de la criada donde emerge lo “sagrado” al hacerse enterrar para que de sus ojos brote un manantial milagroso y cure los dolores de los más pobres. En El evangelio según Mateo Pasolini da rienda suelta a su poética cristiana y como un taumaturgo aúna una bellísima estampa medieval  y hace que todos los milagros sean posibles (incluida la sexualidad); los pobres y desamparados del mundo pueden acceder a la felicidad. En ambas películas Pasolini contrapone los fríos conceptos teológicos a  las figuras simples y tiernas de lo religioso.
A través de Edipo rey basada en la obra de Sófocles, se atreve a contar su propia historia: el amor incondicional que siente por su madre y la lucha que entabla con su padre, gran patriarca y represor. “He matado a mi padre, he comido su carne, bebido su sangre y no estoy arrepentido” enuncia el personaje del eremita antropófago en un pasaje del filme. Aquí no sólo es el amor hacia su madre lo que está expuesto: es la lucha que se establece contra el mismo sistema de tabúes de la tragedia clásica que derivará a todo lo largo de nuestra civilización y que también está planteada en la próxima trascripción del texto de Eurípides: Medea, donde el ritual que ejercía Medea como gran sacerdotisa y que abandona convirtiéndose en una hereje para seguir a Jasón,  al final se reconvierte en una ritualidad definitiva al asesinar a sus hijos. Porque de este modo se fijara para siempre como el corte de su vínculo con lo religioso, lo filial y lo amoroso quedando libre de toda opresión. Medea por fin es ella misma.
Como vemos, lo político o mejor dicho la política libertaria de Pasolini rompió con todos los parámetros conocidos. Caen sobre él las más furibundas críticas: desde la burguesía imperante, la izquierda y la derecha lo destrozan de una manera impiadosa. Lo tratan de blasfemo, pornógrafo y homosexual decadente.
Él les contesta con una imprecación en su Poesie mondane:
<Cuando los años sesenta
Se hayan perdido como el año mil,
y yo no sea más que un esqueleto
sin nostalgia siquiera de este mundo,
¿qué importancia tendrá mi vida privada,
míseros esqueletos ya sin vida
ni privada ni pública?>

Y este otro bellísimo poema
Análisis tardío
(Fin de los años sesenta)
Sé bien, sé bien que estoy en el fondo de la fosa;
que todo aquello que toco ya lo he tocado;
que soy prisionero de un interés indecente;
que cada convalecencia es una recaída;
que las aguas están estancadas y todo tiene sabor a viejo;
que también el humorismo forma parte del bloque inamovible;
que no hago otra cosa que reducir lo nuevo a lo antiguo;
que no intento todavía reconocer quién soy;
que he perdido hasta la antigua paciencia de orfebre;
que la vejez hace resaltar por impaciencia sólo las miserias;
que no saldré nunca de aquí por más que sonría;
que doy vueltas de un lado a otro por la tierra como una bestia enjaulada;
que de tantas cuerdas que tengo he terminado por tirar de una sola;
que me gusta embarrarme porque el barro es materia pobre y por lo tanto pura;
que adoro la luz sólo si no ofrece esperanza.
Versión de Hugo Beccacece


Más tarde comienza la filmación de su llamada “trilogía de la vida”. El Decamerón es la primera de ellas y vuelve a su amado sentido de lo puro. “Con El Decamerón –dice Pasolini- quiero representar la nostalgia de mi pueblo ideal, con su miseria, su falta de conciencia política (aunque sea duro decirlo) ese pueblo de mi infancia, quizá en las entrañas de Nápoles aún exista”.
Pese al júbilo que emana de todo el filme ya comienza a sentirse en Pasolini una absoluta sensación de fracaso que culminara en Saló. Este pesimismo es el haber perdido la esperanza de hacer posible su idea básica de implementar en la semiótica popular una auténtica revolución sexual y no meras artimañas que no han derrotado ni al más simple de los tabúes.
Pasolini, a cuya brillante inteligencia nada se le escapa, se da cuenta que los años setenta y las décadas venideras no traerán más que un triunfo avasallador del consumismo hipócrita de toda la sociedad, haciendo eclosión en este cúmulo de vacuidad en que nos hemos convertido en la era postmoderna. La era industrial  ha matado toda posible inocencia y la trilogía completada con Los cuentos de Canterbury y Las mil y una noches dan cuenta de ello. Tres ítems principales se planteaPasolini en su texto de abjuración de la trilogía de la vida. La lucha del progresismo y su aparente tolerancia sexual ha derivado en pura trivialidad, los cuerpos desnudos e inocentes han sido mancillados por el poder del consumo y la sexualidad privada ha sufrido una falsa tolerancia, lo que en las fantasías sexuales era alegría y dolor hoy es sólo suicidio o tedio informe.

Con Saló o los 120 días de Sodoma, terminada poco antes de su muerte Pasolini da rienda suelta a su pesimismo más desalentador. Película maldita si las hay. Como de costumbre al realizador lo lapidaron desde todos los ángulos. El texto basado en la obra del Marqués de Sade está trasladada a la República de Saló, en donde un grupo de jerarcas fascistas lleva a veinte efebos y otras tantas doncellas para un ágape sexual aberrante. El filme está dividido en tres estamentos que unifican la estructura. El “Círculo de las manías” donde se da rienda suelta a todo instinto sexual el “Círculo de la mierda” dedicado a la coprofagía y el  “Círculo de la sangre” en que se tortura y mata a todos los jóvenes. Como dice Sade “Nada hay más profundamente anárquico que el poder”  y Pasolini adapta a Sade mediante la lingüística que propone Roland Barthes. El libertino Sade sabe cómo razonar el crimen y para ello convierte la perversión en lenguaje. Se conforman las lujurias en una nueva lengua con reglas precisas no habladas sino actuadas: la lengua del crimen desplaza lo antiguo por lo nuevo. El nazi-fascismo convirtió a los cuerpos en cosas y Pasolini dice “Organicé el texto en la anarquía del poder, inexistencia de la historia y circularidad entre víctimas y verdugos; es un anti-infierno circular”. La obra final que nos lega Pasolini es una obra sumamente oscura y siniestra; pero si algo queda claro es que su pesimismo estaba generado en la imposibilidad de salvar a los jóvenes de su época y rescatarlos del lugar de “estúpidos manipulados por el poder”. Y la revolución que él había emprendido con los muchachos de Accatone para que fueran libres en el sentido más puro se había terminado para siempre. “Me he olvidado como era Italia hace una década, hoy es un serpentario y todas son indiferentes, ambiguas y desagradables, sólo me queda optar por el exilio o el suicidio.”

*Ernesto Hollmann: nacido en Buenos Aires el 23 de septiembre de 1947. Hizo crítica de cine para las revistas Siete Días, Biógrafo y El Porteño. Ha publicado Hierofanía de Samael (poemas), editado por Faro en 1992.  Fue integrante del FLH en los años '70, participó en el año 2008 de la película "Rosa Patria", de Santiago Loza, dedicada a la vida y la poesía de Néstor Perlongher. Se han publicado, además 12 poemas suyos en la antología Poesía Gay de Buenos Aires-Homenaje a Miguel Ángel Lens, de Acercándonos Ediciones.

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