Entrevista a Vicente Muleiro: “Desde muy chico sentí una extraña atracción, indescifrable aún hoy, por la poesía”


En esta segunda parte de la entrevista a Vicente Muleiro, el autor contó de su fascinación por la poesía, de los circuitos casi secretos de la poesía en Buenos Aires, de los esfuerzos de editores y poetas para poner las obras en circulación. También nos contó sobre los proyectos que tiene en marcha, de novela y de poesía para jóvenes lectores, y se despidió regalándonos la lectura de tres de sus poemas.

Mario Méndez: Dijimos al principio que Vicente es  versátil. Dramaturgo, novelista, periodista, poeta. Varios libros de poesía y todo un recorrido en ese círculo. ¿Es lo primero que empezaste a escribir?


Vicente Muleiro: Sí, lo primero que empecé a escribir fue poesía. Yo sentía una extraña atracción, indescifrable aún hoy, por la poesía, desde muy chico. Desde las poesías infantiles, desde las que te enseñan en el primario en adelante. Un gusto por esa manera de organizar las palabras con la poesía. Y es un gusto que me acompaña hasta hoy. 

MM: Y hoy me contabas que hay un proyecto de poesía infantil. 

VM: Me voy a animar a sacar un libro de poesía infantil que está hecho con animales. Se llama Bichos raros, y se basa en aquellas figuras donde se utilizan animales para decir otra cosa. Pero en los poemas los trato como existentes. Por ejemplo: rata de biblioteca. Caballo regalado. Cocodrilo en el bolsillo. Son cosas del habla popular que se usan para explicar otras cosas, que se utilizan mucho, que tienen su historia que explica por qué es que se dice así. Y también va acompañado de un anexo, con una historia de por qué se usan esas formas. Por qué a un tipo de hormigón más fuerte se le llamó Hormigón armado. Hay muchísimos. Obviamente que no hice todos. Agarré una treintena.
MM: Contanos alguno…
VM: Es que vos sabés es que si me decías los traía. No los tengo de memoria porque son más bien recientes.

MM: Pero el anexo. ¿Por qué el Hormigón armado? ¿De dónde sale?

VM: No, no me acuerdo. No quiero decir esa desgraciada frase: “Te la debo” (risas) pero cada uno tiene su historia.

MM: ¿Cómo es el tema de la relación editorial con la poesía? Este género que se vende menos, que se hace más a pulmón… ¿Cómo se consigue editar?

VM: El escritor de poesía, salvo que tenga un destino fulgurante, que no aparece en esta sociedad, en Argentina… por ahí en otros países de Latinoamérica curiosamente sí, suele hacer un arreglo con su editor, y colabora económicamente para que esté el libro, y se pueda distribuir. Y después hay una devolución, según la suerte del libro. Ha habido editores vocacionales de poesía, como José Luis Mangeri, que ya no está entre nosotros, como Javier Cófreces que hace Ediciones en Danza, al que sí veo con frecuencia. Se ha montado una estructura, pero en ese operativo no pueden perder dinero, salvo que sean mecenas. Normalmente, el editor de poesía tiene que esforzarse por poner en circulación sus libros de poesía en Argentina. En Chile, en Colombia y en Venezuela hay más editoras de poesía que acá. Y un poco más de circulación pública. La poesía sigue siendo, en Buenos Aires por lo menos, un género más secreto.

MM: En Ardiente paciencia Skármeta le hace decir a Neruda que los chilenos son todos poetas.

VM: Levantás una piedra y aparece un poeta.


MM: Sí. ¿Y participas de lecturas, en los bares de circulación de la poesía que hay?

VM: Sí. Mis grandes amigos, como Jorge Boccanera, Miguel Gaya, el Teuco Castilla son poetas, integro el comité de organización del Festival de Poesía del Centro…así que sí, circulo por ese mundo de mal entretenidos.

MM: También has andado por el lado de la música…

VM: No, de chico hice algunas cosas…

MM: Pero una de tus letras…

VM: ¡Ah! Como letrista, sí. Le ha puesto música Alejandro del Prado a varios de mis poemas, sí.

MM: Eso no sabía. ¿Además tocabas?

VM: Además toco “Zamba de mi esperanza”. (Risas). Y algunas cosas irónicas que de las que se acuerda mi amigo Ricardo Mariño (Risas, Ricardo saluda desde el público).

MM: ¿Y en qué proyectos estás? Insisto con la versatilidad; teatro, periodismo, novela, narrativa… ¿En qué andás?

VM: Estoy haciendo un ensayo con mi hermano Hugo, está el libro de poesía para chicos, y escribí una novela sobre un episodio muy curioso que encontré, que descubrí de casualidad, que no te voy a decir. Acabo de firmar el contrato. Dicen que trae mala suerte anticipar las tramas.

Silvia Schujer: Trae mala suerte cuando no la escribiste, pero ya la escribiste…

VM: Bueno, me contaron lo siguiente: cuando muere Eva Perón, Perón queda muy solo. Como opción personal, porque obviamente, si no quería estar solo tenía cómo estar acompañado siempre. Y un amigo le regala un loro, que el lleva a lo que era entonces la residencia presidencial, que es adonde está ahora la Biblioteca Nacional, el Palacio Unzué. Y Perón, que era muy bichero, tenía ciertas cosas raras, sobre todo con las aves, se divierte con el loro que le cae simpatiquísimo, y le enseña algunas cosas. Todos los loros tienen un repertorio de aprendizaje de palabras. Él le enseña a decir “Cuidado con el cuervo”, si viene un cura,  (risas) le enseña a decir, cuando entran al Palacio algunos personajes que a Perón le disgustaban, “Boludo a la vista”, (risas), y le enseña la Marcha Peronista. (No voy a hacer una investigación periodística a ver cuánto hay de cierto y cuánto hay de falso). Le enseña tramos de la Marcha Peronista y se divierte mucho con eso. Cuando viene el Golpe de ’55… ¿Qué hacemos con el loro, que se la pasa cantando la Marcha Peronista? Y sobre todo, qué hacemos después del famoso Decreto 4161, que impone severísimas penas a cantar la Marcha, a nombrar, a exhibir símbolos, Se lo lleva un cocinero del Palacio Unzué que vivía en Villa Caraza. Pero el loro se escapa. Y empieza a cantar la Marcha Peronista por el barrio. (Risas). Esto está contado en un libro de Luis Longhi, Lo empiezan a buscar. Cuesta mucho atraparlo. Hasta tal punto que piden refuerzos a la Gendarmería. (Risas). Finalmente lo atrapan y consultan con un jefe policial, qué hacer con ese loro que se la pasa cantando la Marcha Peronista. Y dice: “Mátenlo. Basta. Terminemos con este loro”. Esto en la Brigada Primera de Lanús. Entonces lo van a fusilar en el patio, se forma un pelotón (risas), y el jefe recuerda que el Protocolo decía que el fusilado debe tener los ojos vendados.  Se le acercan para vendarle los ojos… El loro picotea, picotea y no se deja poner la venda, sí que deciden matarlo igual y muere sacando pecho. (Risas). Es una comedia bajo la cual se pueden contar un montón de cosas que tienen que ver con las condiciones de esa primera etapa de la Resistencia. Sobre eso estoy trabajando.

MM: ¿Tiene título ya?

VM: Sí, pero a tanto no me voy a arriesgar. (Risas).

MM: Es como dice Silvia, si todavía no lo hubieras escrito no lo contás, pero si ya lo escribiste…

VM: Es que estoy peleando en mi cabeza con dos títulos. Así que vamos a ver cuál es el que queda.

MM: Está buenísimo. Me encantó ese loro. A ver el público…


Asistente: Me parece que entra en la categoría de esas historias que si no fuera real no te la cree nadie.

VM: Sí, a ver… La historia del loro figura muy poco. Y no es porque no haya una vastísima bibliografía sobre Perón y su vida. Está en un libro de un escritor y director que se llama Luis Longhi, porque se la contó un periodista que creo que ahora tiene noventa y cuatro años, y vive, Pepe Quintana, un periodista del diario El Mundo, que conocía todo el movimiento interno del Palacio Unzué, se lo contó a Longhi y me lo contó a mí. Y yo le agradezco que me lo haya contado. Acudí al libro de  Longhi y le pedí autorización para utilizar la historia, porque me pareció como una novelística distinta, como de comedia, más liviana, con toda la gravedad, pero con todo ese condimento que tiene que ver con la resistencia popular.

Asistente: Hay una historia que no sé si es verdad, y es que como estaba el decreto 4161, la gente les enseñaba a los loros a cantar la Marcha Peronista, porque no podían cantarla…

VM: Eso sí era popular. Los loros cantaban, “La cafetera”, “La cucaracha”, y la Marcha Peronista.

Asistente: Lo mismo que la gente que se encurdelaba y gritaba “¡Viva Perón, carajo!”, cuando ya estaba desinhibida.

VM: Bueno, en mi infancia, después de la caída de Perón, en el juego de La Mancha, una de las prendas más difíciles de cumplir, era la de asomarse por atrás de un árbol, o desde el zaguán, decir “Viva Perón” y salir corriendo para adentro. (Risas). Al que le tocaba esa prenda se tenía que jugar, pero lo hacíamos de chicos, sí.  Y lo de los loros cantando la Marcha, es verdad, ha circulado, sí.

Asistente: ¿De la obra de teatro que dijiste que estás haciendo con Norman Briski que nos podés decir?

Asistente: ¿Podés decir el nombre?

VM: Sí. Yo ya estrené con Briski una obra que se basó en Videla, que se llamó “Vidé/La muerte móvil”; tamizándolo con el grotesco, saqué el material de ahí.  Se va a llamar “La conducta de los pájaros”, y es un encuentro entre Rosa Luxemburgo y un dirigente muy opacado por la historiografía argentina que es Manuel Ugarte. Un socialista que luego se vuelca a cierto nacionalismo, y termina siendo embajador de Perón en Nicaragua, en Cuba y en México, y se despide de la carrera diplomática. Un socialista muy especial, porque no era aliadófilo, entonces lo acusan de germanófilo. Él tenía unas ideas que engarzaban mucho con las de la Patria Grande, era un gran lector de Bolívar, engarza con las ideas de la izquierda latinoamericanista. Era como un anticipado a ciertos fenómenos que se dieron después, como el peronismo, o Joao Goulart, el mismo Chávez, si quieren.

Asistente: ¿Estaba en FORJA?

VM: No llegó a formar parte del grupo FORJA, alabó algunas ideas de Yrigoyen. Cuando pasó un cañonera de los Estados Unidos por Santo Domingo, Yrigoyen se negó a hacer sonar los cañonazos de homenaje, y tuvo buenas actitudes con Sandino, pero él no tuvo confianza en el radicalismo, decía que era un rejunte que no iba a terminar haciéndole bien al país. Por supuesto que hoy, leyendo las obras de Jauretche y de Manuel Ugarte, vamos a encontrar más de un punto de contacto.

Asistente: El título es muy lindo, “La conducta de los pájaros”.

VM: Sí. Se lo pusimos porque Rosa Luxemburgo tenía un gusto muy especial por el mundo de los pájaros, los observaba mucho desde muy chica. Había estado en cama mucho tiempo, y desde la ventana los miraba mucho. Si bien en la obra se enfrentan, por supuesto, hay dos posiciones: Rosa Luxemburgo es heredera y defensora del marxismo ortodoxo, y Manuel Ugarte, latinoamericanista, que no estaba en contra de la propiedad privada sino que hablaba de propiedad parcializada, tenía otro criterio. Era profundamente antiimperialista, por eso no se prendió en lo de las Guerras Mundiales, pero los dos compartían la tensión que sostenía que el cambio había que hacerlo para hacer la vida más plena. Como si dijéramos para volar en la vida, Por eso ese título, “La conducta de los pájaros”, por la conducta del que quiere ir un poco más allá.

Asistente: Hace un rato hablábamos de por qué no podía faltar en una antología una determinada obra,  pero se lo elegía por lo  popular, por lo que la gente esperaba. Si tuvieras que elegir una obra tuya, que no puede faltar en una antología tuya, pero no por lo popular, sino porque es la que te representa mejor, ¿cuál sería?

VM: Me matás, no puedo responder eso… Ojalá que sea lo que estoy escribiendo ahora. No puede decir que una me representa más. Lo dejo librado al juicio de los lectores.

Asistente: Me sorprendiste, porque la mayoría contesta: “no puedo decir, pero…” (Risas).

Asistente: ¿Te gustó la adaptación que hicieron en el Calibán de Vidé/…?

VM: De “Vidé/La muerte móvil”, sí. Briski hizo un gran  trabajo.

Asistente: A nosotros nos encantó, nos pareció fantástica.

VM: Qué bueno… ¿Ustedes  fueron los dos que fueron a verla? (Risas). Sí, me gustó mucho. En primer lugar se hizo una descomposición del lenguaje, sobre todo del lenguaje militar, que desdibujé. Un ensayo se precia por su exactitud. Yo desdibujé esos planos del lenguaje cuasi periodísticos y traté de hacerlos vitales y teatrales. Hasta el punto de llegar a desarmar en disparates el lenguaje militar. Debo decir que antes de Norman la leyeron otros directores que no le encontraron la vuelta, y Norman la vio y me dio un par de consejos, le agarró la vuelta a algo tan difícil y dijo que la hacíamos. Hay algunas resoluciones que van despuntando, que es cómo tratar estéticamente esos procesos militares. Algo que Tato Pavlovsky hizo muy bien y que cuesta. Son casos en los que el realismo puro es muy difícil, tiene mucho más valor lo documental. Él aceptó ese desafío. Una de las cosas que sucedió (estuvo tres años y medio en cartel), fue la ridiculización del lenguaje militar, por ejemplo. La gente no sabía si tenía que  reírse o no. Y uno pensaba en si la gente creía tener permiso para reírse de eso. O no…

Asistente: Voy a plagiar a un gran filósofo, ¿Cómo caíste en la escritura? (Risas).

VM: No caí, porque tuve la suerte de ir a la escuela pública. Acá hay escritores. Es difícil decir por qué uno se engancha en esa relación con las palabras, de dónde viene esa fascinación. Sí, después de esa fascinación inicial, cuando era muy chico cayó en mis manos un libro muy importante que se llamó Los nuevos, y era el número 55 de Capítulo, Historia de la Literatura Argentina, del Centro Editor de América Latina, en la que venían unos fascículos y unos libritos. Y en Los nuevos estaban, Abelardo Castillo, Germán Rozenmacher, Néstor Sánchez, Rodolfo Walsh, Daniel Moyano… Esos eran los cuentistas. Había poetas también: Alejandra Pizarnik, Juan Gelman, Raúl Gustavo Aguirre, Juana Bignozzi, Francisco Madariaga… Y al tener una primera relación  con la lectura, casi escolar, y ver eso, asombró muchísimo  poder ver que eran lenguajes como “de tu tribu”; sacarle las comillas de las “Bellas Artes”, y decir… este señor está diciendo: “Esa mujer se parecía a la palabra nunca”. A mí, eso me pegaba. Y me lo decía en un lenguaje que era cercano a mí. Ese libro me tocó muchísimo. Ahí estaba el cuento “Los ritos”, de Abelardo Castillo, al que acabamos de perder hace unos días, que también, me parecía fantástico. Recuerdo párrafos de memoria.

Asistente: ¿Por ejemplo?

VM: Pero qué cosa… (Risas). De Raúl Gustavo Aguirre, “El triunfo de las letras”:

Estás cansado y no ves bien
algunos te esperaban y no llegaste a tiempo
algunos te esperaban
abrirían sin miedo la puerta
abrirían sin miedo tu corazón
y tú también pero eres torpe
pierdes las señas que te dieron
pierdes el regalo en el viaje
y terminas llorando
en un bar.

Adiós

la intensidad te excede
la altura te da miedo
el sol te aplasta si te encuentra
tal vez tienes razones para huir
para estar aterrado.

Te pegaron mucho
de grande.

(Aplausos).

Así que algunos me acordaba…


MM: Bueno, si no hay más preguntas yo quiero invitarlo a Vicente a que nos lea, a que nos recite otra poesía, o un cuento, lo que vos prefieras.

VM: Voy a leer un par de poemas…

Álvar Torales: ¿Habrá algo de Puños y letras?

VM: Puños y letras es una antología de literatura y boxeo…
MM: Ahí fuiste antologuista. ¿Y escribiste además?

VM: No, ahí escribí el Prólogo nada más.

MM: Es muy buena. Estamos por ver Gatica en un ciclo de cine y literatura, entonces estamos buscando literatura que tenga que ver con el boxeo. ¿Hay poesía también?

VM: No, no. Es una antología de cuentos de boxeo. El boxeo le ha dado muchísimo a la cuentística. Tenés el nacimiento de la cuentística del boxeo en Conan Doyle. Después tenés a los norteamericanos, con Ring Lardner, un periodista que escribió El campeón y otros cuentos. Fue el maestro secreto de Hemingway, con los cuentos de boxeo.

MM: ¿Se consigue esa antología?

VM: No creo que se consiga. Por ahí en el Centro Cultural de la Cooperación.

MM: ¿Pusiste el de Castillo?

VM: El de Castillo sé que lo había seleccionado. No sé si pudo entrar o no, por razones de derechos de la editorial.

MM: Hay uno de London muy bueno, que nosotros estamos por leer que se llama “Por un bistec”, que es de boxeo también.

VM: Bueno… Boxeo y literatura… puse hasta Cortázar. “Torito”, y el otro, donde relata la pelea entre Monzón y Buttier, y se desarrolla un secuestro hecho por un grupo parapolicial argentino que va a la pelea a secuestrar a un exiliado. Bueno, voy a leer…


NUNCA VERÁS EL MAR

Nunca verás el mar
es ya tan tarde
para descerrajar contra el olvido
o abrir las puertas donde el mundo pudo
jugarse a cara o cruz.

Bailantes crestas de olas
caracoles alegres
y plateados collares de peces redivivos
qué lejos de tus manos.

Ya no verás la espuma
pasó el tiempo y quedaste.

Eterna barcarola semihundida.  


LOS QUE ESTAMOS AQUÍ

Vamos creciendo
                              siempre suspendidos
en el aire
                 en la calle
                                     en la palabra
pensando que mañana
                                          que tal vez
la única mujer nos despida hacia el cosmos
imaginando al alba
un país parecido a nuestras manos

vamos creciendo
                              ausentes
mientras que por el mundo
navegan los amigos

a veces nos escriben
contando que no existe el paraíso.


Y me despido con lo que le da título a  la antología “El maratonista


Corrrer correr y levantar los brazos
mientras brama el estadio. ¿O en el último tramo
abandonar la pista
para reflexionar bajo los sauces
su estética inclinada?

(cuando cruzás la meta ya es de noche
se han retirado el público y lo medios).

Se te venía venir a esta derrota
el que corre desnudo
le teme a la llegada.

 (Aplausos).


MM: Ha sido un gran placer Vicente, muchas gracias.

VM: Muchas gracias a ustedes.



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