Entrevista a Vicente Muleiro: “Es cada vez más importante volver a contar aquello por lo que ya se pasó”.

La conversación con Vicente Muleiro giró, como siempre sucede en estos encuentros, por muchos temas relacionados con el oficio de escribir, tema que se enriquece notablemente en tanto el entrevistado es un autor polifacético, a la vez periodista, poeta, novelista, cuentista…
Vicente  Muleiro contó con mucho humor cómo fue que decidió incursionar en la literatura para niños y habló, entre otros temas, de la investigación como punto de partida de muchos de sus trabajos, del humor y la metáfora como recursos para contar la historia y de las ventajas (y los problemas) de escribir de a dos.
La segunda parte de esta entrevista se publicará el lunes 24 de julio.



Mario Méndez: Buenas tardes.  ¿Cómo están? Como siempre, comienzo presentando a nuestro invitado y leyendo  parte de su biografía. Vicente Muleiro es periodista, dramaturgo, novelista, cuentista, y poeta. Como periodista trabajó en los diarios Sur, Argentino y Crónica, en el semanario El Periodista, fue editor de la sección Política y Cultura de diario Clarín, editor jefe y uno de los fundadores de la revista Ñ. Fue subdirector de Radio Nacional, donde conducía el programa Vía Libro. De entre sus muchos libros, voy a mencionar algunos. Su primera novela es Quedarse con la dama, le siguió Sangre de cualquier grupo, que fue segundo premio del Fondo Nacional de las Artes, muchos libros de poesía, El árbol de los huérfanos, Milongas de modo tal, Ondulaciones, Antología personal… Creo que una buena pregunta podría ser si en una antología personal está lo mejor de tu propia obra.
Vicente Muleiro: En una antología personal está lo mejor de la obra de uno… según uno. Por eso Antología Personal, porque no hay un antólogo externo. Que sea lo mejor cabe ponerlo en duda, porque uno tiene relaciones sentimentales, del momento, epocales con un poema que por ahí, formalmente, no es el mejor. La antología personal tiene esa característica.


MM: Pregunté eso porque me acordé de la Antología Personal de Borges, y me acuerdo de que  en el Prólogo decía que había elegido algunos de los cuentos porque suponía que era lo que los lectores esperaban, pero que él no estaba tan seguro de que fuera lo mejor de su obra. Creo que lo decía sobre todo por “Hombre de la esquina rosada”, que era el más popular.


VM: Sí, “Hombre de la esquina rosada” es un cuento que en la cuentística de Borges, que es muy amplia, forma parte de una etapa casi nacionalista, y fue llevada al cine por Leopoldo Torre Nilsson, con Francisco Petrone y adquirió una gran circulación social. Entonces, si uno compra una antología de Borges, ¿cómo no va a estar “Hombre de la esquina rosada”?


MM: Eso pensó, seguramente. Además de las otras novelas, quiero mencionar la última que es Sangre en el viento,  que salió en 2015 por Planeta, y está difícil de conseguir me decían. Y la anteúltima, que se me pierde, ¿cuál es? Contame vos…


VM: La balada del asador.


MM: Que es del 2006 y está también en Planeta. Y como bien sabemos, en este ciclo que dimos en llamar Literatura sin Fronteras, vamos a empezar por el lado más raro, porque sos un periodista político, porque sos novelista para adultos, porque tenés muchos libros de poesía, pero vamos a ver tu incursión en la literatura infantil. La idea de los seis o siete invitados de este ciclo, es que sean autores que no están identificados principalmente con la LIJ, pero que la han transitado. Así que voy a empezar por ahí. ¿Cómo fue que se te ocurrió? Supongo que fue Don Perro de Mendoza el primero…


VM: Fue Don Perro de Mendoza. Bueno, yo podría contar una historia intelectual, con muchas esdrújulas sobre lo que es la opción por la literatura infantil, pero voy a contar una historia más simple, más casera, y que hasta me la pueden corroborar. Estaba mi mujer, Silvia Schujer, haciendo un manual de apoyo de Literatura para la currícula escolar…


MM: ¿Podemos decir que Silvia está en la platea?


VM: Está en la platea. (Aplausos). Había cuentos de apoyo para las distintas unidades temáticas, y no había mucho material de Historia, en ese momento. Yo venía de un gran trabajo. Venía de terminar El dictador, que había sido un gran esfuerzo de documentación, de escritura y de concentración. Y me lo propuso como salida, como paréntesis en ese trabajo, con una frase irrebatible desde el punto de vista etimológico-semiótico, que fue: “La guita queda en casa”. (Risas). Entonces dije que sí.


MM: Más que una propuesta parece una orden. (Risas).

VM: No. Sucedió lo siguiente: escribí varios cuentos, me entusiasmé mucho. Me sucedió que después de haber atravesado este túnel infernal de escribir El dictador (hay que estar mucho tiempo con esa materia árida que es la historia de Videla, de la dictadura), en esos cuentos para chicos sobre historia hallé un lindo contrapunto trabajándolos a partir del humor. Escribí esos cuentos, fueron aceptados, tenía la ventaja de tener a la editora en casa (a cambo tenía que hacer yo las milanesas, pero no importa), y después llamaron de la editorial, llamó Graciela Pérez de Lois, para decir que no había ese tipo de material  que si me animaba a escribir algunos cuentos más, sacaban un libro. Me animé y ahí salió Don Perro de Mendoza. Así que ese es el origen. Yo no sé si un origen tan pedestre podrá quedar en la historia de la literatura…

MM: ¿Por qué no?

VM: Por supuesto que me pasó algo, que fue engancharme en buscar un tono. En generar personajes, en buscar el humor. Me pareció algo que me hacía sentir bien, que me movía al esfuerzo de buscar un tono y eso también es hacer literatura.

MM: Creo que eso es algo que diferencia a Don Perro de Mendoza y después a Los cachorros de Don Perro, que no son la continuación pero aparecen los cachorros y el mismo tono; lo diferencia de lo que es en general la narrativa histórica, que no suele tener ese tono humorístico que le diste. Lo tuyo es muy descontracturado. Don Perro de Mendoza es el perro que vino con Don Pedro, para los que no lo leyeron. Y así todas las historias, aun las que cuentan las cosas más terribles. Porque, por ejemplo, en Los cachorros de Don Pedro, contás cosas de la Conquista, contás las prácticas más embromadas de nuestra historia política, siempre con un tono jocoso. ¿Cómo te fue con los chicos? ¿Te invitaron?

VM: Sí, me invitaron. Me fue muy bien, los chicos hacían devoluciones muy espontáneas, interesantes. En algunos colegios nos recibieron con la representación de algún cuento. Me gustaba eso de que estaban muy entusiasmados y no había demasiada mediación sobre lo que preguntaban. Eso me pareció muy lindo.

MM: ¿Y en general eran chicos de cuarto o quinto grado?

VM: Sí.



MM: El otro día, que vino Diego Paszkowski, le pregunté algo parecido. Has escrito literatura para adultos, después vamos a meternos con tu trabajo periodístico, con El dictador más precisamente, que es una literatura muy seria, y literatura para chicos bien chicos. ¿La literatura juvenil, para adolescentes, nunca te interesó como espacio?

VM: Bueno, hice dos novelas relacionadas con el fútbol, Los olímpicos y El riesgoso ascenso de los olímpicos, donde trabajé uno tono un poco más de adolescentes, aunque no tanto. Porque yo veo, a través de lo que vos decís, que a mí me parece especialmente interesante que no manejo lo canónico del género. Por supuesto que ante cada libro me ubico: cómo es la propuesta, qué lenguaje manejan los posibles lectores, qué caudal de conocimiento hay en cada materia que vos tratás, pero no manejo los distintas artificios. Y me gusta mucho algo que por ahí en la novelística contemporánea toma otros caminos absolutamente respetables, que es la velocidad de crear tramas. Esa cosa de la aventura, de estar siempre con peripecias, de que al lector vos estás, posiblemente llevándolo de la nariz a que lea lo que lea, o no lo llevás a ninguna parte. Reflexionar sobre esas cosas me pareció muy enriquecedor.

MM: ¿Y en la cuestión de los anexos… Los que leyeron Los cachorros… y Don Perro… vieron que cada cuento termina con un anexo contextualizador. ¿Fuiste vos el que los hizo?

VM: Absolutamente.

MM: Podía haber sido el editor. Bien. Fue una propuesta tuya. ¿Y en eso hubo investigación previa? ¿Sos un estudioso de la historia desde siempre? ¿Se te ocurrió en el momento y lo estudiaste a propósito? ¿Cómo salieron? Porque los anexos son muy complejos. Sencillos pero complejos.

VM: Bueno, para empezar, todo lo que dicen los anexos yo tenía que saberlo antes de escribir el cuento, no después. Después no sabía si lo iba a utilizar o no. En muchísimos casos, no, pero el contexto histórico tenía que ser preciso. Tenía que saber el lugar, las fechas, los destinos, ciertas peripecias… En un cuento, una señora negra se entera de que en determinado tiempo van a decretar la libertad de vientres. Entonces, habla con su hijo y le dice que aguante, que no nazca todavía, que espere para nacer libre. Esa anécdota es ficcional, parte de la imaginación. Pero la fecha en la que la Asamblea del año XIII decreta la Libertad de Vientres, no puede ser falsa.  Fui utilizando datos concretos sobre los cuales elaboraba las ficciones. En el cuento de San Martín, “El mentiroso de los Andes”, hay un chico que se junta a jugar con otros que después van a ser los adversarios en la batalla, y les dice a los amiguitos que van a entrar por la cuesta de allá, y que son pocos, que casi no tienen gente. Ese chico, el mentiroso, hace de transmisor. Eso, por supuesto, forma parte de la imaginación. Lo que no forma parte de la imaginación, es lo que se llamó “la guerra de zapa”, que San Martín hizo hacer muy bien traficando información falsa por medio de algunos enviados. Ahí se coló mi imaginación, pero la guerra de zapa existió. Y fue exitosa.

Asistente: A mí, no solo me fascinaron los hechos, sino además, los paisajes. Sobre todo los de Mendoza.  O en “El dios del hielo”, la descripción de los paisajes es fantástica.

VM: Te agradezco mucho.

Asistente: No me diga que no los vio…

VM: No, pero le voy a ser sincero… Yo no conocía el Glaciar Perito Moreno cuando escribí “El dios del hielo”, lo conocí después. Vi documentales, vi fotos, vi iconografía, pero el Glaciar lo conocí después, en una Feria del Libro en una escuela que se llamaba Teniente Fainberg, que era el nombre del que primero había navegado allí, así que fue fantástico. Hay disputas a veces. Hay gente que dice que tiene que conocer el lugar para describirlo. A mí me parece que con todos los instrumentos tecnológicos que hay, se puede hacer una visita responsable para ver cómo es, y después soltar la imaginación. ¿Sabes qué pasa? Que después la imaginación tiene razón. La imaginación suele tener razón, y eso me parece muy lindo, así que agradezco mucho el comentario, y agrego que los escenarios pueden salir de la información y de la imaginación. Y por supuesto, de la comprobación. Yo no conocía el convento de San Lorenzo, pero hay miles de relatos de la batalla, de cómo era la parroquia, de dónde atendían a los heridos… Para estos casos lo que se hace es un trabajo de campo. Se busca la mayor cantidad de información posible sobre ese acontecimiento.

MM: Yo no me acuerdo si era Verne o Salgari, uno de los dos, que nunca salió de su país.

Álvar Torales: Salgari. Y Verne nunca vino a Sudamérica.

MM: Salgari no salió de Italia. Y recorrió todo el mundo con información, y sobre todo, con imaginación.  Bien. Ya dimos una vuelta por la LIJ. Igual, vamos a volver. Esto es historia reciente. El dictador. La historia secreta y pública de Videla, que es el trabajo que hiciste con María Seoane. Primero, una pregunta casi obligada para escritores, porque en general trabajamos solos. ¿Cómo fue para vos trabajar en pareja? O en grupo, porque además de María había un grupo de investigadores trabajando.

VM: Había un grupo de investigadores que batieron distintas áreas, porque la información que había que conseguir era mucha. Necesitábamos apoyarnos en un grupo de colaboradores a los cuáles se les pagó, y se les agradeció en el libro. Batir toda la camada militar de Videla, por ejemplo, hacer algunos viajes que no nos era posible… Videla no nos iba a recibir a nosotros, quizá a otra persona sí, y eso sucedió. Con respecto al escribir a cuatro manos, que sería tu pregunta más concreta, utilizamos una técnica que después a mí me funcionó muy bien con mi hermano Hugo cuando escribimos dos libros más, y ahora estamos en otro proyecto. Es tomar cada uno un capítulo, debatirlo, y de la escritura se hace cargo uno. Cincuenta y cincuenta.  Si soy diez capítulos, son  cinco para cada uno. Los cinco capítulos de él los edito yo, y los cinco capítulos míos los edita él. A la búsqueda tanto de errores, como de la unidad de todo. Así trabajé con María, con mi hermano Hugo, y en una obra de teatro que ojalá se estrene este año con Norman Briski. Con toda la fama que tiene el trabajo solitario de la literatura, poder hacer esos trabajos en colaboración ha sido muy interesante.

MM: Y cuando editabas a María, o ella a vos, o a tu hermano, en la edición surgen discrepancias. Siempre. ¿Cómo hicieron?

VM: Surgen todas las discrepancias, todas las discusiones, y todas las peleas que pueden surgir en cualquier asociación entre dos personas. Después nos ponemos compresas, nos sacamos los golpes y seguimos amigos. Con mi hermano Hugo tengo una relación entrañable, y a María la conozco hace más de veinticinco años. Eso no quiere decir que sea una relación idílica, tiene sus momentos como toda relación, si esa era tu pregunta.

MM: La parte técnica, para ser más concreto. Alguna vez intenté esto de escribir a cuatro manos, si el que edita tiene palabra final, o se sigue discutiendo.

VM: Hay una confianza previa, con respecto a algunas caracterizaciones ideológicas, con respecto a la época y con respecto al personaje. No hacés una asociación para escribir un libro a cuatro manos, sin una confianza que abarque por lo menos ese repertorio. Y si de repente ves que en algo la pifia o que tenés diferencias de caracterización, se busca una fórmula para decir que de un lado se opina una cosa y del otro lado se opina otra. Y se salda de esa manera.

MM: En el Prólogo, que fue una de las cosas que más subrayé, dicen los autores: “¿Es posible que la mayor tragedia de la historia argentina, tal como definió la justicia y como entendió la sociedad haya sido producto de las circunstancias, y liderada por un hombre considerado a todas luces, insignificante?”

VM: Yo diría que todo el libro trata de responder eso. Es una pregunta, porque hemos tenido a cada idiota de presidente, ¿no? No quiero hacer nombres para no herir las susceptibilidades. Lo que sí sucedió con el caso especial de Videla, es que él tenía ciertas condiciones, personales, cierta aura ultra católica familiera, cierta cosa ascética, que le convenía a la cara pública del Proceso. Debajo de él, daba permiso a todos los locos para que hicieran todas las trapisondas que se conocen y que es increíble que hayan sucedido. Y él mostraba la cara pública y podía ir a visitar al Papa. Atrás estaban los locos, los chorros, los violadores, los robadores de bebés. Esa fue la cara pública que pudieron encontrar como para mostrarla presentable. Tenían un miedo especial con el perfil que rápidamente había adquirido Pinochet en Europa, como un desaforado, y querían una figura más prolija. Y dentro de esa figura más prolija, encontraron una funcionalidad mucho más terrible que la de Pinochet.
MM: Sí, en un momento ustedes dicen en el libro “el dictador más sangriento, más terrible del siglo XX”. Y yo pensé, sí, más que Pinochet.
VM: Sí. Con esa actitud contrita, pietista, con toda la iconografía mediática que lo apoyaba recibiendo la hostia, besando a los niños, haciendo chistes con la Pantera Rosa, tratando de humanizarlo, detrás de ese personaje, estaba este otro que daba piedra libre para las peores cosas que vivió este país.
MM: ¿Dieron por sentado que a ustedes no los iba a recibir? ¿No lo intentaron siquiera?

VM: Nosotros lo intentamos, pero rápidamente supimos que no íbamos a ser recibidos, porque estábamos trabajando, tanto María Seoane como yo, en el diario Clarín. Era otra etapa del diario Clarín. Y en esa etapa, María y yo nos dedicábamos a ciertas cosas con las que entonces el diario todavía se relacionaba: Derechos Humanos, con cierto perfil político. María Seoane ya había publicado La Noche de los Lápices, sobre lo que había pasado en La Plata. Entonces entramos por otro lado, con una técnica periodística habitual, y cada vez más habitual, que consiste en mentir. Les voy a contar una anécdota. La persona que consiguió entrevistarlo, trabajó sobre su familia para que él aflojara la entrevista. Con este criterio: Editorial Sudamericana está haciendo una colección de presidentes argentinos. Y el tomo que corresponde a su presidencia vamos a hacerlo, quiera hablar o no quiera hablar. Ese fue el argumento que funcionó. Cuando llega esta persona, Guido Braslavsky, a entrevistarlo a la casa dijo: “Ya sé que no están haciendo una colección de presidentes, ya sé que usted no es el autor, sino que son tal y tal que trabajan en el diario Clarín. Estoy seguro de que es un libro que va a estar contra mí, pero yo le di mi palabra de que lo iba a recibir, y lo recibo”. Habían hecho inteligencia sobre lo que estábamos haciendo, y no les debe haber costado mucho hacerla.

MM: Le habrá corrido un frío por la espalda a Braslavsky… Tenerlo a Videla que te diga “Yo ya sé”…

VM: Gran mérito de Guido porque él consiguió llevarlo (y en esto las técnicas periodísticas tienen mucho que ver) del plano más estrictamente personal, la infancia, el padre… Desde ahí lo fue llevando a cosas gravísimas que terminó diciendo.

MM: Que después negó…

VM: No, no. Él no negó, él solo sacó, se nota que asesorado por un abogado, una carta en el diario La Nación donde decía que de ninguna manera había declarado nada contra sí mismo. Buscó una figura legal de protección que deben haberle aconsejado, por temor de que del libro saliera material que pudiera ser utilizado por la Justicia. Que lo fue. En más de un juicio fue tomado el libro y hemos tenido que ir a declarar.

Asistente: ¿No fue grabada la entrevista?

VM: No, él pidió que no se la grabe.

MM: Incluso pidió que no aparecieran comillas, ¿no?

VM: Sí. Y nosotros hicimos un chiste. Porque él dijo que no quería que se lo grabara ni que apareciera una oración que dijera, “Videla, dos puntos, comillas”. Entonces pusimos que todo lo que él decía era lo que estaba escrito en cursiva.

MM: Esta frase me parece que lo pinta, y explica por qué decidió hablar: “Videla aceptó las entrevistas porque el silencio que se impuso es también insoportable para su profundo y escondido deseo de seguir modelando la historia”.

VM: Después aceptó más entrevistas. Le aceptó a un periodista español del diario El Mundo, y aceptó a un periodista argentino, Ceferino Reato. Lo que sucede en el periodismo, salvo en algunos casos muy juramentados, o que optan por un silencio que saben que si lo rompen es muy difícil hablar sin autocondenarse, es la tentación de dar la propia versión. Y que quede. Sobre todo en personajes como él, que fueron creídos en lo que hicieron. En ese tipo de personajes, aparece la tentación de “Se está diciendo de todo, voy a decir yo lo mío”. Aparece en algunos personajes que parecen indoblegables para el periodismo, y que sin embargo, en algún momento aflojan.

MM: Eso que les leía recién es parte del Prólogo. El Epílogo, que es veinticinco años después del Golpe. Y dicen, María y Vicente: “La culminación de este trabajo, en los umbrales del vigésimo quinto aniversario de golpe militar del ’76, encuentra a la Argentina en un período particularmente sombrío”. A mí me llamó la atención. Busqué el colofón, y sí. Salieron con este libro en plena crisis del 2001.

VM: Vos estás queriendo decir que podríamos escribirlo del mismo modo, hoy.

MM: A eso iba, a preguntar qué pasa…

VM: Sí, bueno, en mi caracterización, sin dudas estamos en otra etapa muy crítica de la democracia, con la vigencia de un modelo con muchos puntos de contacto con el modelo de los ’90, y por eso me parece fundamental esa función memorística. Volver a contar aquello por lo que ya se pasó. Preguntarse eso es cada vez más importante, y  que se lo aborde desde distintos lugares. Hubo un tipo de libro, después del Proceso, desde el alfonsinismo en adelante, que yo lo catalogaría como ensayo periodístico, y está a caballo entre lo que sería estrictamente un ensayo, y un libro periodístico. Es un mix. Ha salido muchísimo material, alguno muy bueno, y ha salido muchísima basura, porque empezó a salir una especie de “libro rápido”. Terminaba la Guerra de Malvinas y a los tres días había un libro. Y uno se preguntaba cómo habría sido el trabajo para ese libro.

MM: Hablando de trabajo, ¿cuánto les llevó este libro?

VM: Este libro nos llevó cuatro años, pero no trabajamos solo dos personas. Cuatro años de trabajo de un equipo encabezado por nosotros dos.

MM: En el final de este Epílogo, María y Vicente dicen: “Como si en el comienzo del siglo XXI estuvieran más presentes de lo que estamos dispuestos a reconocer”. Ya te adelantaste, pero bueno… con el negacionismo y demás…

VM: Es una cosa tremenda, muy dura, pero que siempre la tengo presente, que es que cuando se hace el tipo de represión que hizo la dictadura videlista, con ese subrayado de crueldad, y a los cuerpos encima se los desaparece, queda flotando una onda expansiva de terror, que dicen que dura más de tres generaciones. Que inocula en el cuerpo social, un miedo que no se termina nada más que con la finalización del período histórico. Sino que sigue teniendo una onda expansiva.

MM: Todavía nos quedan unos años.

VM: Por supuesto. Cada uno lo sabe.

MM: Es todo un caso de terapia para Alejandro Rozitchner, que no leyó nada del padre. Parece que fuera de otra familia.

VM: Sí. Estamos hablando de León Rozitchner.

Asistente: Sobre el tema de El dictador, yo no leí la obra, pero tengo cierta información que quería chequear con ustedes, sobre la vida privada de Videla. ¿Ustedes llegaron a investigar algo de eso?

VM: Sí. Tenemos cosas de la vida privada desde la cotidianeidad, hasta la relación con un hijo que ocultó durante un tiempo. Cosas de la relación con su mujer y sus hijos tuvimos, sí.



Asistente: Te cuento. Nosotros, con mi esposa vivimos en San Telmo, y nos pareció que faltaba algo de información general sobre el barrio. Entonces se nos dio por hacer una revista, que señalaba lugares turísticos. Eso nos llevó a relacionarnos con una persona que estaba en la Plaza Dorrego, que vendía flores. Sacamos una foto y la pusimos en la tapa de la revista. Así que nos relacionamos con esta mujer, que nos contó que ella era la amante de Videla. Nosotros no sabíamos si creerle o no. Y nos contaba esas historias en las que decía que iba al Ministerio de Guerra y tenía una relación apasionada con Videla. A nosotros nos pareció una cosa medio loca, por ese personaje tan hierático que era Videla. Ella vendía flores, había un aljibe y un brocal con el nombre de ella, Lydia  (la puedo nombrar porque ya murió), y que al revés se leía Jorge Rafael. Su familia lo sabía. Si yo voy a Google y pongo Videla, me sale Lydia Lombardi, y su foto.

VM: Yo no recuerdo el total de los hijos que tuvo Videla, y tal vez se podría decir que hizo el amor tantas veces como hijos tuvo, porque no me consta. Nosotros batimos la vida íntima de Videla, en varias zonas de su vida. En ninguna apareció nada que tuviera que ver con esto que nos cuenta. Por supuesto que los datos hay que constatarlos. Lo único que puedo decirle es que no tengo constatado que haya aparecido en su constelación psicológica, sexual, religiosa, la posibilidad de irse al Infierno por semejante barbaridad como ser infiel. Más aún, debe haberse muerto creyendo que se iba al Cielo. Y mató a treinta mil argentinos. Por supuesto que es para ponerlo muy entre comillas, para analizarlo, para ver quiénes son las fuentes. Obviamente, cuando uno toma un personaje así, y toma las características de su entorno familiar… por ejemplo, él era incapaz de hacerle el favor al hijo de un amigo para que se salvara del servicio militar, porque decía que si hacía eso incumplía con el Ejército. Era incapaz de salvar la vida del hijo de un tipo que había cuidado a su hijo enfermo, porque decía que primero estaba la unidad de las Fuerzas Armadas. Imaginarlo en otras situaciones me deja un poco perplejo, y me resulta más bien difícil. Tendríamos que abrir toda una brecha de investigación.

MM: Sangre de cualquier grupo es tu segunda novela. Es una novela que quizá se pueda conseguir por Mercado Libre…

VM: Ya no se consigue.

MM: Obtuvo el Segundo Premio del Fondo Nacional de las Artes. Hacés una cosa muy interesante acá, que es hablar del Proceso disfrazándolo de otra cosa. Con una metáfora que es la Inquisición. Contanos un poco de dónde surge esa idea y por qué. Por qué no hablar directamente de la Tripe A, e inventar eso de la Cruz Verde.

VM: Me pareció, para empezar, que las características sobre el juzgamiento de las personas, sobre la apropiación de vidas y bienes, tienen que ver con el entramado represivo del cristianismo medievalista. Videla y muchos de los que lo rodearon eran cristianos medievalistas. Durante la dictadura, fuimos el único país donde se pudo dar misa en latín, que estaba prohibido por el Papa, porque se había determinado que la misa había que darla en el idioma de cada lugar. Había un medievalista que decía que la misa había que darla en latín, Lefebvre, que fue perdonado por Benedicto. El único país donde podían darse esas misas, era acá. En casas particulares, entre ellas la de Bussi, por ejemplo, de quien era amigo personal. Otras casas y quintas. Había un fondo medievalista, como si la dictadura quisiera ser, en las relaciones entre los ciudadanos, entre el comercio, la propiedad y el trabajo, pre capitalistas, latifundistas, semi esclavistas. Esto no es solo porque me parece a mí. La Inquisición ha sido estudiada como un brazo político de determinado proceso político de la cristiandad. Poner directamente a la Inquisición, permitía representar perfectamente lo que se estaba haciendo. Así que me pareció muy apropiado. Además hay ciertas cosas, como el asesinato sin juicio, que tenían mucho que ver con la manera con que la Inquisición hizo sus prácticas represivas en Europa, y aún más en América Latina. En Europa, si uno se da hoy una vuelta por el Archivo de Indias de Sevilla, se va a encontrar con una serie de cosas que regulan el comportamiento del Santo Oficio de la Inquisición, como órgano represor no se cumplían. Por ejemplo, en el caso de que se quisieran robar una gran fortuna. Ni ahí se cumplía. En América latina, imagínense. Era cuestión de señalarnos con el dedo para someternos a la Inquisición, que en Argentina tuvo muy poca influencia. Tuvo mayor recorrido en Perú, donde todavía hay un Museo de la Inquisición. O en México. Pero tomar la figura de la Inquisición como un parangón del proceso político que encabezaba el videlismo me pareció un puente absolutamente pertinente para hacer en ese momento.

MM: La verdad es que funciona muy bien en la trama de la novela. Voy a hacer un poco de spoiler. El título tiene un doble mensaje. Es un grupo de adolescentes que está formando un grupo musical, que puede ser otro grupo también, que se juntan en una casa que les prestan, la arreglan y demás, y varios de ellos son “chupados” por estos inquisidores. Muy buena novela que les recomiendo.

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