Chanti: “Con los chicos podés tocar temas que los adultos podrían tener más problemas para ver”

En esta segunda parte de la entrevista a Chanti, hablamos de su libro Quiero ser yo, que metaforiza el tema de las vocaciones y el servicio al otro. De las sagas Mayor y menor (que ya va por el número 18) y las particularidades de las sagas en el mundo de la historieta. De su niñez, con una familia de ocho hermanos que funcionó como un “taller de creatividad” y, por supuesto, de más y más historietas, de dibujos animados, de editoriales, catálogos, proyectos... Una charla para atesorar.




Mario Méndez: Ya que está Marcelo Danza acá, editor de Comiks Debris te pregunto por un libro que todavía no leí (y no sé si alguna de las personas presentes lo leyó): contanos qué es Quiero ser yo. Qué significa, qué proyecto es ese…

Chanti: Bueno, también es una historia larga, que empieza y termina en este libro. Y es una historieta un poco diferente a las que venía haciendo. Se trata de la vocación, pero en un planeta de fantasía, con seres de fantasía, donde todos nacen iguales. Como este personajito de acá, blancos (muestra el libro). A partir del nacimiento van recorriendo el mundo pensando en qué es lo que quieren ser. Se encuentran con diferentes habitantes del planeta. Por ejemplo, acá hay uno que vuela y que da sombra. Cada uno tiene una función específica, y se convierte en lo que ha sido destinado para servir a los demás. El trabajo de cada uno es hacer algo para los demás en ese mundo. Es un mundo un poco ideal, porque no existe ni la plata ni las necesidades básicas, como el alimento, porque pueden comer de cualquier lado. Es un planeta con diez soles, entonces hay personajes que tienen como profesión hacer sombra. Pero hay otras necesidades que están relacionadas con las carencias que tenemos, que pueden ser afectivas… entonces hay un personaje que abraza a quien necesita de abrazos. Hay otro que se llama Entretenedor, que es para los que están aburridos. Otro que hace reír, otro que lleva a los personajes, como un sillón que los lleva. Y justamente, son tres hermanos que tienen que ver en qué se va a convertir. Los dos primeros encuentran a lo largo del libro, qué es lo que más les gusta. Pero al tercero no lo convence ninguno de los seres de las profesiones que han visto. Y no se decide en qué convertirse. Para convertirse piensan muy fuerte con la cabeza, lo sienten también, muy fuerte en el corazón, y se convierten en lo que quieren ser. Sería un poco la metáfora de lo que es la vocación y el servicio a los demás. Y también, que cada uno tiene su particularidad. Uno puede crecer y no saber qué ser. Hay muchos a los que no les gusta ninguna profesión, y no saben muy bien dónde están ubicados. Porque todos son diferentes. Y un poco la idea era esa. Mostrar qué pasaría con alguien que no estaba encajado dentro de las profesiones que había. Ahora que lo pienso y que lo hablamos, me hace acordar un poco a mí, que salí del colegio y de todas las carreras que había, no había ninguna que fuera lo que yo quería ser. No encontraba mi lugar.

MM: Qué bueno, qué dulce también, la idea de un planeta que funcione según las necesidades de la gente. ¿Y se resuelve en este primer libro? ¿El chico lo descubre? 

CH: ¿Se los spoileo?

MM: Igual podemos leerlo. 

CH: Se los spoileo, entonces. Él se da cuenta de que a pesar de que todos hacen algo por el otro (por supuesto, sin condicionamientos, porque no hay dinero, no hay nada a cambio, es solo por el hecho de ser útiles), todos viven muy separados, incluso hay una pelea entre dos personajes que se malentendieron. Y se pelean porque uno tiene que ordenar, y el otro tiene que entretener y hacer divertir. Y hacía divertir tirando para arriba unas pelotas, tipo malabarista. Y el otro creía que estaba desordenando y ordenaba comiendose las cosas del suelo. Entonces dice que estaba faltando alguien que los uniera. Y él se convierte en un personaje nuevo, que es un reunidor. Él va gritando, y se ven las palabras grandes en el cielo, por un lado, para que todos se pusieran de acuerdo y no hubiera conflicos entre sus trabajos, y por otro, para tener un momento de reunión social, ya que todos vivían muy solos cada uno haciendo la suya. Entonces termina con una gran reunión a la que él los invita a todos. Cuando los invita, en el cielo se ve lo que él va diciendo, son como unas nubecitas que salen de su boca, y así se convierte en alguien con una nueva profesión: “reunidor”. Ese es el final del libro. 

MM: Qué bueno. ¿Y hay idea de que siga? ¿Va a haber una saga de Quiero ser yo

CH: No, en principio terminaba ahí. Pero habría que ver si algún día retomo los personajes para hacer otro tema o tratar otra problemática relacionada con las profesiones. 

MM: Se van abriendo montones de cosas. El tema de las sagas… Los que escribimos (y supongo que también los que ilustran), a veces nos juntamos y coincidimos en que nunca, o casi nunca, las segundas partes funcionan tan bien como la primera, cuando la primera funcionó. Ricardo Mariño, por ejemplo, me dijo en una entrevista, que La casa maldita era su libro más vendedor, y que con El regreso a la casa maldita no pasaba nada. Pero vos estás a punto de publicar el volumen dieciocho de Mayor y menor. ¿Cómo es con la historieta? ¿Es así, que el primero se vende más que los otros? ¿O es más parejo?

CH: No, acá funcionaría de una manera distinta. Quizá pueda pasar con Quiero ser yo, porque ya estaba cerrada toda la historia. Sería difícil hacer un segundo. Pero en Mayor y menor no hubo un segundo. Yo la iba publicando en una revista semana por semana. Entonces era toda una historia larga. Lo que sí puede pasar con la historieta es que el autor se canse un poco de los personajes, y quizá se empiece a repetir al final. Yo creo que hay que darse cuenta antes para que eso no pase eso. Quino siempre contaba que se cansó de Mafalda. Se hartó de hacer la tira, y no quería saber más nada. La terminó ahí, y me parece que hizo bien, porque terminó con un nivel muy alto. Creo que es eso, que en la historieta se puede ver el cansancio del autor. A no ser que sean libros más cerrados, como Quiero ser yo. Después sale un segundo, y no es lo mismo, porque ya estaba cerrado para terminar ahí. Pero tendría que pensar, a ver si hay otros casos. Estoy pensando, por ejemplo, en El eternauta, a muchos no les gustó la segunda parte. Era como que el primer libro era el mejor. A mí me gustó la segunda, pero claro, no tanto como la primera. 

MM: Muy alta la vara. El primero era una maravilla. ¿Y vos sentís ese cansancio, Chanti? Con Mayor y menor, por ejemplo, ¿o con Facu…?  ¿O no, y por ahora vamos a tenerlos por muchos años? 

CH: A mí lo que me pasó es que las revistas me han ganado de mano. Han dejado de publicarme antes de que me cansara del todo. Salvo La Valijita. Yo me cansé un poco de Facu y Café con leche, le dije a la editora y lo cambié por Pico Pichón. Estos personajes reemplazaron el tema de los gatos, que venía desde hacía varios años, habrán sido casi diez. Ya estaba con que “siempre lo mismo”. Y me costaba también. Porque eran historias que tenían que tener un principio y un final, tenían que terminar. En Mayor o menor no me pasa eso, porque van creciendo los personajes, es un continuo, así que van pasando cosas, van creciendo; después vino Lola y refrescó toda la historieta, me permitió jugar con el tema del hermano del medio, de cómo sería que alguien venga a destronar a Tobi como hermano menor, cómo sería que en lugar de esa polarización entre dos personajes hubiera tres, y por ahí dos se aliaran contra otro… Por ejemplo, Nacho cambia mucho. Era muy celoso de Tobi, y termina siendo muy protector de Lola, la defiende, le enseña cosas, Ya pasó el tema de los celos cuando es más grande. Y Tobi, que no era celoso, empieza a serlo, y empieza a desdibujarse su rol, porque está en el medio. Eso me permitió ir variando. Por suerte, Mayor y menor, que es la única que ha continuado publicandose en Rumbos, porque ha sido como el fin de las revistas, todavía no me ha cansado. 

MM: ¿Vos tenés hermanos, Chanti?

CH: Sí, bastantes. Somos ocho. 

MM: Puede venir otro hermanito después de Lola, tranquilamente. 

CH: Sí. Yo soy el quinto, así que tuve una relación de hermanos muy fuerte en la infancia. Porque imagínate que al ser tantos, muchas veces quedábamos al cuidado de uno mayor o cuidábamos a uno menor. Yo estoy por el medio, entonces cumplí los dos roles. Y jugábamos mucho entre nosotros. También eran otras épocas, en las que los padres no estaban todo el tiempo entreteniendo a los hijos y dejaban que se entretuvieran solos, o que se aburrieran. Y nosotros buscábamos la manera de entretenernos. Siempre digo que el mayor taller de creatividad es haber estado en una familia con tantos hermanos. Y que todos fueran muy creativos. Yo no era el único que hacía historietas. Ya tenía tres hermanos antes, que las hacían. Hacíamos revistas de historietas, cada uno hacía la suya. Mis hermanos fueron siempre muy curiosos, les gustaban muchas cosas. A mi hermano mayor, mi mamá le regaló un libro de dinosaurios, y le encantó, se copó, en un momento en el que no estaban tan de moda los dinosaurios. No había muchas cosas. Y le gustó tanto que nos hizo aprender los nombres de los dinosaurios a todos, hacíamos dinosaurios de cerámica, hacíamos de todo. Y él terminó siendo paleontólogo. A otro hermano mío le encantaban el universo y los planetas. Eran muy de agarrar enciclopedias, y hacer ellos, después, sus propios libros. Terminó siendo astrónomo. Esos dos hacían historietas también, cuando éramos chicos. Había mucha variedad de juegos, de temas, no nos aburríamos. Siempre había algo que estábamos haciendo o inventando. Y me acuerdo que hacían libros, además de las revistas de historietas. Ellos hacían como libros más serios, me acuerdo de que mis hermanos mayores habían hecho una editorial que se llamaba “Befer” (Bernardo y Federico). Estoy hablando de niños, no de una editorial en serio. Hacían libros con tapas de cartón, las forraban… El primero era El origen del universo. Lo hacía mi hermano, el que ahora es astrónomo. El segundo, La prehistoria, lo hacía el otro. Iban sacando la información de enciclopedias, de cosas que leían… Y me acuerdo también, que como somos de Mendoza y nos gusta mucho la montaña, una vez mi hermano hizo un gráfico sobre las montañas del mundo. Mostraba las alturas. Eso lo había sacado de una enciclopedia. Cuando yo fui a la primaria, la maestra nos había dicho que el Aconcagua era el segundo cerro más alto del mundo. Y yo levanté la mano y le dije que no, que había muchos otros antes. Me preguntó cómo que había otros antes y de donde lo había sacado. Le dije que de un libro. Me pidió que lo llevara, y yo llevé el libro hecho por mi hermano, escrito a mano, con todas las alturas de los cerros. Cuando vio que eran muchos cerros con nombres difíciles y que parecía real, me dijo que los dibujara en el pizarrón y pusiera los nombres.  Había un montón del Himalaya… A ese nivel. Yo creo que los chicos se potencian entre ellos. Son muy entusiastas. Si a un chico le gusta algo y lo hace, es como que contagia a los demás. 

MM: ¡Qué bárbaro! Ahora, ¿tus viejos eran muy lectores?

CH: Sí, eran lectores. Viste que se dice que los padres tienen que dar el ejemplo. Y no solo comprarles libros a los chicos, sino leerles. Y yo me acuerdo de verlos leyendo siempre. Eran otras épocas, en las que no había otros entretenimientos. Tenías que hacer otro tipo de cosas. En las vacaciones de verano, que nos íbamos a una casa en la montaña, mi mamá siempre se compraba esas novelas de la colección Grandes Novelistas de Emecé. Y las leía, y a veces nos contaba algo… Me acuerdo de una vez que ella agarró Mi planta de naranja-lima, y nos leía un trocito todas las noches. A ellos les gustaba mucho. A mi papá también, y a él le gustaba mucho la historieta. Después se dedicó a la abogacía, pero a él le gustaba y era muy fanático de las historietas. Tan así, que hizo el curso de “Cómo dibujar historietas” que venía en las revistas. 

MM: ¡Sea rico y famoso!

CH: Claro, el que tiene las lecciones. Después nos mostró eso. Nunca lo había mostrado, y una vez salió a la luz que había hecho el curso. 

MM: Qué bueno. El primero del que escucho que hizo el curso. Y el de “Deje de ser un alfeñique de 44 kilos”, que era la de Charles Atlas. 

CH: Tal cual. No se hizo rico y famoso, pero bueno…

MM: Viniste vos y completaste…

CH: “Tengo un hijo historietista”, después de hacer el curso…

MM: Hablando de dinosaurios, estos personajes de La Historietería, el dinosaurio carnívoro que está enamorado de la dinosauria herbívora, son absolutamente geniales. Merecen un libro para ellos solos.

CH: Y es un dinosaurio argentino. Está basado en el Carnotauro, y se llama Carnomauro, porque quise hacer el juego de palabras, como si se llamara Mauro. Está inspirado por mi hermano paleontólogo. Y también hay otra historieta, en Historias de Lirantes, que es un dinosaurio que no se extingue porque usa jeans.

MM: ¿Y por qué evitan que se extinga?

CH: Porque usa jeans, y son unos jeans irrompibles que duran mucho. Vos me decías que en Mayor y menor tocaba temas que eran como más para adultos. Creo que con los chicos podés tocar temas que los adultos podrían tener más problemas para entender. Como este dinosaurio, que ningún otro carnívoro lo come, viene una lluvia de meteoritos y no se muere porque tiene los jeans. Es una cosa totalmente absurda y traída de los pelos, pero los chicos, en su mundo, no la cuestionan. Eso es lo lindo. Es un mundo en el que está todo permitido, no hay que explicar tanto. Y hay cosas que ahora han quedado como políticamente incorrectas, lo hice hace varios años. Si lo ve un adulto jodido (porque la mayoría de la gente no dice nada) empieza con problemas. Hay otra historieta, que también es sensible ahora, porque es una muñeca que se llama Catarsis. Es una muñeca que no habla, saca letreritos, y les dice a todos que hagan catarsis con ella. Que le peguen, que saquen toda su furia con ella. En realidad, ella va mejorando el mundo, y está en el mundo de los cuentos, entonces estos cuentos que se rigen por venganzas, celos y odios, van cambiando. Por ejemplo, está la madrastra de Blancanieves que quiere ser la más linda. Pero aparece la muñeca, ella se desquita con la muñeca, y nunca manda la manzana envenenada ni hace nada para vengarse de Blancanieves. Entonces los cuentos van cambiando, ese era el chiste. Fijate que hay muchos. Dibujos animados en los que sale el tema de la muerte o cosas muy terribles, que desde el punto de vista de los chicos no suelen ser tan terribles. Cuando está tomado con humor… me acuerdo de los dibujos animados que hubo en los ’90… La vaca y el pollito, Pinky y Cerebro

MM:  Coraje, el perro cobarde

CH: Eran muy terribles las cosas que pasaban, pero en el mundo de los chicos no lo era tanto, y lo bueno que tiene es que no hay que dar tantas explicaciones con el humor absurdo, por ejemplo. Que también lo hice en La Historietería. Para esta historieta me inspiré en cuentos que les contaba a mis sobrinos. Yo inventaba los cuentos que les contaba. Y un día no se me ocurría nada y les dije que eligieran un color y que cada color iba a representar un tipo de cuento, un género. Ellos se reían mucho de cómo iba cambiando el cuento, de acuerdo a los colores que ellos habían elegido. Y a la hora de hacer una historieta nueva para un suplemento infantil dije que esto era muy gráfico, y que iba a hacer una especie de heladería, pero en realidad es una historietería donde se hace historietas a pedido. De ahí surgió.

MM: Es buenísimo. Cuando mezclás lo ridículo con lo asqueroso, por ejemplo.

CH: De ahí se desprenden clases delirantes. Porque uno de los gustos que más me pedían mis sobrinos era el azul, el educativo. Porque yo hacía una parodia de lo educativo, enseñaba algo en chiste, y ellos se reían, porque sabían que lo estaba diciendo mal. Por ejemplo, hay uno que dice que hay algunos seres vivos que nadan como los peces y vuelan como los aviones. Entonces estoy mezclando seres vivos con el avión. Esas cosas les causaban mucha gracia. Después dije que iba a hacer una historieta de una maestra totalmente delirante. Que las clases sean otra manera de ver el mundo, y de enseñar. Que no sea lo clásico que se ve en las escuelas. Entonces siempre sale con algo sorprendente, que deja boquiabiertos a los chicos de la clase.

MM: Hay ahí, hablando del absurdo, una situación rara, en la que nadie se plantea por qué hay un marciano en el aula. Nadie se da cuenta, incluso, de qué es. Es muy bueno.

CH: En el segundo hay un marciano, y en el primero hay un gatito, que siempre va reemplazando al dueño.

MM: Hablando de las cosas que los chicos aceptan sin hacer planteos, en Pico Pichón hay un par de escenas que son un poco terroríficas. Cuando la víbora se come a toda la familia, o cuando viene el águila que se la lleva, hay un momento en el que se ve que se van a comer a todos los pajaritos. Me imagino que los chicos se ríen mucho con eso. 

CH: Sí, porque encima termina bien. Nunca hay un final terrible. Incluso hay chistes, como el del águila que decías, que termina siendo tierno, porque el águila lo lleva a Pico Pichón para que sus pichones lo coman. Y ellos dicen. “Vamos a comer, vamos a comer”, Y Pico Pichón, que no entiende que él es la comida dice. “Dale. ¿Qué vamos a comer?”. Y después les da cosa comérselo, porque se empieza a divertir mucho con los pichoncitos.

MM: Es la comida que habla. Nunca había hablado la comida hasta ese momento. 

CH: Claro. Y el águila termina trayendo un ratoncito, y todos empiezan a decir de vuelta que van a comer, y el ratoncito dice que él quiere un tecito. También se engancha en esa de que todos piden de comer. En realidad, los chicos toman eso con más naturalidad, como los cuentos clásicos que nos contaban, por ejemplo el de la Caperucita Roja, que el lobo se comía a la abuela… Eran terribles, le abrían la panza, al lobo…

MM: Justo este mes nos dedicamos a eso en el laboratorio. Un toque por afuera de la historieta, ¿qué opinás de las famosas “clausuras”, y de los cambios en los cuentos de hadas? ¿Qué te parece? 

CH: La verdad es que no me gusta. No me gusta nada que sea censura. Me parece que se podrían hacer cosas nuevas, y decir que esos eran cuentos de antes. No entiendo la manía de querer modificar un cuento. Por ejemplo, vi que había salido El principito en versión femenina. Me parece malísimo. Creen otro personaje, hagan otra cosa, porque si no siempre va a estar a la sombra del principito real. Tienen que hacer otra cosa, crear nuevos personajes. Me parece bien que, por ejemplo, Disney ponga “En este dibujo animado hay cosas que ahora serían inconvenientes o sensibles”. Pero no me gusta esa nueva ola un poco censora y de inquisición. Que si Blancanieves le dio un beso que ella no aceptó… Pero bien que le salvó la vida, y bien que se casó Blancanieves. Me parece que le gustó… no sé… digo… Me parece muy exagerado. Se van para el otro lado. Si creemos que esos personajes están pasados de moda, hagamos nuevos personajes. Modernos, con otro tipo de cosas. Pero esa reversión, que empiezan de vuelta. 

MM: ¿Has tenido alguna propuesta para llevar algo de eso a animación, tus personajes? 

CH: Sí, mirá, Ahí estamos charlando hace tiempo con Mayor y menor. Porque hace años hubo un proyecto que ganó un subsidio del INCAA, de un estudio de animación para hacer el piloto de Mayor y menor. Y lo hicieron, se puede encontrar en YouTube. Se llama Mayor y menor, Bujos se llama el estudio; hizo un Mayor y menor 3D. Me gustó mucho cómo quedó, a pesar de que era algo muy diferente al dibujo. Pero como que rescató el espíritu de la historieta, me gustó mucho. Eso lamentablemente quedó en el tintero. Ahora estamos viendo si se convence a algunas productoras, para hacer con otra gente, de vuelta, la animación, pero en 2D. Lo que pasa es que la animación requiere de mucho presupuesto, mucho trabajo, no es algo sencillo, es algo difícil de hacer. 

MM: Se haría una animación 2D con tus personajes, con tus dibujos…

CH: Sí, lo dibujaría otra persona por supuesto. Seguramente se van a ver un poco cambiados, pero espero que sea lo más fiel, o que me guste, por lo menos. Como me pasó con esta. Que eran diferentes, pero me gustó. Las voces, el ritmo que tenía… Creo que es lindo, cuando se lleva a otro formato distinto. Como están hablando de hacer la película de El eternauta. Y todos los fanáticos estamos esperando. Lo que yo decía… hacen el dibujo animado de El rey León y repiten la película como realista de El rey León. Distinto es cuando se pasa de la historieta a una pelicula o de un libro a una pelicula. 

MM: Si alguien quiere hacer una pregunta, están invitados. Quedan cinco minutos. Adriana, dale. 

Adriana: Hola, ¿Qué tal? Quería que nos cuentes un poquito sobre Payunia City. Esa historieta con animales que has hecho, que me parece muy importante. 

CH: Es un buen punto el que tocás, porque Payunia City es de las pocas historietas que tengo, que fue hecha para adultos. Nunca fue hecha para niños. Es una historieta donde hago como una crítica a la sociedad, pero representada con animales de la Payunia, que es una reserva que hay en Mendoza, en el sur. Por eso son todos animales del lugar: guanacos, ñandúes, zorros, pumas, pero también los domésticos que conviven. Como cabras, caballos… Y estaba bueno hacerlo con animales, porque, aunque no es nada nuevo, me permitía hacer una crítica más ácida, y humorística, sin que sonara tan fuerte. Si hago personas es muy fuerte. 

MM: ¿Tenés alguno para mostrarnos?

CH: Sí, acá está. Lo sacó también Sudamericana pero no desde el departamento infantil, sino del de humor gráfico de adultos. Hay muchos temas: está el tema de las relaciones, un poco de política, de los partidos políticos, cuando uno va a al supermercado o al médico, o cuando viaja en avión. Son todos los temas que me pasaban como adulto, los iba volcando en Payunia City, y es un humor más ácido que Mayor y menor, que es más tierno. Este es un poquito más crítico… acá hay uno sobre los mandatos sociales. Acá hay una guanaca, y hay una chancha jabalí que le pregunta cuándo se va a poner de novia. Cuando se pone de novia le pregunta cuándo se va a casar, cuando se casa, cuándo va a tener hijos. Cuando tiene hijos, cuándo va a empezar a cuidarse, porque ya está teniendo muchos hijos. Cuando ya está descuidada le dice: “¿Cuándo vas a hacer algo por vos?”. Después le pregunta cuándo va a separarse. Y a lo último le pregunta cuándo va a hacer lo que le plazca, sin importar qué esperan de ella. Y ahí le pega un palazo. Son más críticas. 

MM: ¿Están vestidos los animales?

CH: Sí, sí. Incluso, en Mar del Plata, los lobos marinos con bikini. (Risas). 

MM: Olga pide que cuentes algo sobre Banda Dibujada. 

CH: Muy bien. Banda Dibujada es un movimiento para la promoción y difusión de la historieta infantil, que creamos hace más de diez años. Al principio estaba más invisibilizada la historieta infantil. La creamos en un momento en que las editoriales no publicaban libros de historieta para chicos, y veíamos que todo ese mundo maravilloso se iba perdiendo. De las que hemos leído nosotros de chicos, las nacionales como Pelopincho y Cachirula, o Anteojito, de la que no hay nada para leer hoy, a no ser una revista muy vieja. También para que se leyera más historieta infantil. La idea también era dar talleres en los colegios, difundir la historieta infantil. Hubo un gran cambio en todos estos años de lucha y de promoción, que tuvieron mucho que ver con Banda Dibujada, ¡como puede ser la creación de la colección Toing!, en donde está César Da Col, Roberto Sotelo…

MM: Es una especie de asociación gremial…

CH: Mmm… no es un gremio. Es una organización sin fines de lucro que lucha por la visibilidad de la historieta infantil. Y no hay solamente historietistas infantiles. Por ejemplo, Roberto Sotelo es bibliotecario. A lo largo de los años, llegó un punto en el que se editaban muchos libros infantiles de historieta, y empezamos a otorgar los premios Banda Dibujada que ya lleva varios años, no sé si el octavo o noveno. Estoy un poco perdido con lo de los tiempos, por lo de la pandemia. Todos los años se entregan premios al mejor libro de historieta infantil. Pero cada vez se van publicando más, y empezamos a abrir varias categorías. Empezaron a volver a editarse libros extranjeros de historietas para chicos, como Asterix, que volvió a publicarse. O Lucky Luke, Y se dan premios en varias categorías. Los premios son una verdadera fiesta. También damos premio a la trayectoria, para darles valor a autores que estuvieron toda su vida haciendo historietas para chicos. Por ahí han pasado autores muy importantes de la historieta infantil. Oswald, por ejemplo, con su Sono Man, que publicaba en la Billiken. Tambien pasaron: Garcia Ferre, Maicas, Alcatena, Vogt, Montag, Mordillo y hasta Quino, que no hizo una historieta infantil, pero la adoptaron un montón de chicos. Tambien tenemos una biblioteca solo de historietas para chicos que fuimos armando con los Premios Banda Dibujada. Ya tenemos mas de 2000 titulos y estan en la Biblioteca Juanito Laguna. Yestan a disposicion de todo el mundo de manera gratuita.  Estamos muy contentos con todo lo que ha pasado con la historieta para chicos en todos estos años. 

MM: Una pregunta más. Olga…

Olga: Sí. Si bien en Mayor y menor hay una puerta de entrada a la lectura para el chico de cinco o seis años, ¿por qué nunca se intentó hacerlo en imprenta mayúscula? ¿Por qué una historieta no puede tener ese tipo de letra? Quizá es una pregunta más para quienes lo editan…

CH: Pero está en imprenta mayúscula, Mayor y menor. Sí. 

Olga: En los globitos… perdón…quizá me estoy confundiendo con alguno de los otros. Las aventuras de Facu… porque es importante, cuando empiezan a leer, lo viví con mi nieto, por ejemplo. Él intenta leer, pero él está pispeando a ver qué dice. En Facu y Café con leche. 

CH: Tenés toda la razón. Te cuento cómo fue. Eso se publicó en La Valijita, que era una revista para chicos de preescolar. Las primeras historietas estaban en minúsculas, porque era el padre el que le leía al hijo. Así me pidieron la historieta al principio. Fue una decisión editorial. Pero al pasar los años veíamos que los chicos, cada vez aprenden a leer desde más chiquitos. Y que era buenísimo que ellos lo leyeran. Incluso, si te fijás en las primeras de Facu y Café con leche, tienen el texto abajo en minúscula y mayúscula. Las últimas son todas mayúsculas, incluso en los globitos. Ya no aparece más eso tipo cuento, con el texto abajo que le leía el padre al niño. Lo cambiamos porque los chicos ya aprendían a leer y lo hicimos con imprenta mayúscula. 

Olga: Creo que la historieta es muy participativa. No es un libro ilustrado. Permite que el chico esté mirando y sea parte de la historia. Por eso es importante que a la edad a la que pretenden leer puedan hacerlo. Y el dibujo va ayudando. 

MM: Me parece que a partir del tercero o cuarto ya no hay más minúsculas.

CH: Exacto. No salió nunca más. Y en Pico Pichón también salió en globitos. 

MM: Estuve corroborando y es a partir del cuarto. Me contaron una anécdota, y con esto ya te dejamos libre. Una compañera con la que damos clase juntos en la carrera de Edición, Natalia Méndez, ex editora de Sudamericana, contó en clase tu llegada a esa casa. Es muy gracioso como llegaste desde la Feria del Libro. 

CH: No me acuerdo de eso. ¿Cómo fue? Me acuerdo de ella, le tengo un gran cariño, y agradecimiento; ella fue la puerta de entrada para que pudiera publicar en Sudamericana. Porque primero fui con Mayor y menor a De la flor, pensé que era el lugar donde tenía que ir. Y me rechazaron. Ahí hablé con César Da Col, que es parte de Banda Dibujada, y me dijo que había una persona a la que le gustaban mucho las historietas, y me la nombró a ella que estaba dentro de Sudamericana. Pero no sé cómo fue después. 

MM: Nosotros damos clase de Introducción a la actividad editorial. Y no me acuerdo cómo fue que ella llegó al tema del catálogo y a cómo el catálogo a veces se abre. Y uso de ejemplo que habían quedado en encontrarse con vos en la Feria del Libro, ella y Mariana, que creo que sigue estando. E iban a decirte que no, porque Mayor y menor no entraba dentro del catálogo. No porque no les hubiera gustado, todo lo contrario, sino porque no tenían otra cosa parecida en el catálogo. De pronto vieron que había una fila gigantesca de chicos que querían firmar los libros que ya tenías, los de La Valijita. Vieron que eras un exitazo. Se miraron y dijeron: “Es un sí, ¿no?”. No sé si alguna vez lo charlaron. 

CH: ¡No! No lo sabía. Es más, me sorprendió muchísimo cuando me aceptaron, porque no tenían historieta infantil. Mayor y menor fue abriendo el espacio. Y estoy solo ahí, con Mayor y menor, Facu y Café con leche y Pico Pichón. Que son tres colecciones que se venden muy bien. Pero no sabía que tenían un “no” como respuesta.

MM: Le voy a pedir permiso para transcribir esto. Ella lo contó en clase y nos reímos mucho, porque justamente hablábamos de cómo a veces el catálogo se abre a nuevas propuestas. No había nada parecido, pero vieron esa semejante cantidad de chicos que eran fans tuyos…

CH: Yo estoy súper agradecidos con ellos. Porque hay veces que los editores tienen eso a la vista y no lo ven. Cuando lo llevé a De la flor, Mayor y menor ya se estaba publicando en revistas en todo el interior del país. Y toda la gente me pedía el libro. No era algo que íbamos a ver cómo iba a resultar. La gente me lo pedía por mail. Yo imprimí una carpeta gorda con todos los mails, de la gente pidiendo la historieta. Yo eso se lo mostré a Divinsky. Y no lo vio. O no le gustó, no sé. Después fui a Sudamericana. Y me ha pasado en otros casos. Que no lo ven. Me pasó con Random House de España. No lo veían. A pesar de que tenían la experiencia de Argentina. Es como que depende de cada editor. Por eso les estoy agradecido a todos los editores, en realidad. Apostar así y que salga tu libro, es de muchísima ayuda para el autor. Y por ahí te editan a ojos cerrados. Con todos los libros. Con Marcelo, con cada libro, hasta Quiero ser yo, que era muy diferente, lo sacó sin problemas. Vio que podía andar. O Judith, en Calibroscopio, con Criaturas. Han pasado cosas muy lindas. Me encanta cuando confían en lo que uno hace. Me pasó lo mismo en La Valijita, con Cecilia Blanco, que me pidió una historieta para chicos e hice Facu y Café con leche, y después seguí con Pico Pichón. O el de la revista Rumbos que es donde publico Mayor y menor. Que fue increíble. Acá en el interior tenemos todo mucho más difícil. No solo porque estemos lejos de Buenos Aires, sino porque la gente del interior no confía en la gente del interior. Entonces, en los diarios de acá se publican tiras que ya son famosas de Buenos Aires. Un ejemplo es el de Quino. Nació acá, y tuvo que publicar en Buenos Aires y hacerse famoso en todo el mundo, para que después el diario lo publicara. Cuando salió la revista Rumbos, que la hacen desde Buenos Aires, me presenté con una historieta de Mayor y menor. Pero no fui a Buenos Aires, yo no los conocía. Se la di a alguien del diario que agarró esa historieta sola, se las mandó, y Darío D’Atri que era el director en ese momento la vio y dijo que eso era otra cosa, otro tipo de humor, y que quería más. Y ahí me llamó y salió todo bien, por suerte. 

MM: Por suerte siempre, o casi siempre, hay un editor que ve. Así como a otros se les va la perdiz hay uno que ve, y dice que eso tiene que andar. 

CH: Ve y tiene un criterio propio para decidir. Porque otros se guían por lo que hay en el mercado. Mirá Sudamericana. No tenían historieta infantil y empezaron así.

MM: Bueno, ahora sabés que la fila de gente que estaba esperando ayudó mucho a que la gente de Sudamericana decidiera. 

CH: Menos mal.

MM: Bueno Chanti, te agradecemos muchísimo. Gracias a todos y todas por estar aquí.

CH: No, gracias a ustedes por la invitación. Un saludo a todos y todas. 




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