Entrevista a Diego Paszkowski: "En el arte lo bueno es que cada vez hay que empezar de cero."

En la literatura el tono lo es todo. Resuelto a escribir desde el tono apropiado que dé consistencia propia al mundo que se pretende inventar, el escritor es dueño de la doble posibilidad de convencer al lector de lo que se cuenta y de disfrutar de la libertad de crear universos enteros. Diego Paszkowski, en la entrevista del ciclo "Literatura sin fronteras", que coordina Mario Méndez en La Nube, habló de su relación con la literatura, de las letras y la música, y el cine, y el deporte, y la comida, de los talleres que conduce, de la importancia que tienen los alumnos, de sus publicaciones, entre muchos otros temas.
La segunda parte saldrá publicada el viernes próximo.


Mario Méndez: Buenas tardes. Normalmente empiezo leyendo la biografía del invitado. Pero esta vez, en lugar de la que está en Wikipedia u otras páginas, voy a ir a una que me gusta mucho, contada en primera persona, que es la de La Puerta Secreta, que es la que vos escribiste para los chicos, porque me parece que el tono está muy bien. Y lo voy a interrumpir en algunos momentos. Diego dice: “Nací en Buenos Aires el 7 de febrero del ’66, es decir, hace como doscientos años, en el barrio de Parque Chas. Me dedico a escribir y a enseñar a escribir, pero me gusta más enseñar, y por eso coordino muchos talleres literarios, y publiqué solo cuatro novelas para adultos”. Antes de saber cuáles, Diego me contaba hace un ratito, que los talleres son sagrados, que no falta nunca…

Diego Paszkowski: No. Hace treinta años que doy talleres, es lo que más me gusta hacer en la vida, nunca falté a ninguno, y por eso, hoy me voy a ir a las siete menos cinco para estar a las siete. Vivo a cuatro cuadras de aquí. Voy a estar a las siete en punto, como toda mi vida, dando el taller que es la actividad que más me gusta.

MM: Yo soy maestro. No ejerzo ahora, pero cuando voy a las escuelas por ahí me preguntan si me gusta más escribir o dar clase. Y me da cosa, porque son alumnos y yo ya no doy clase, pero les digo que me dedico a escribir, que me gusta más. Es fuerte esto de que lo que más te gusta es dar los talleres.

DP: Yo pienso lo contrario. Tengo mucha más disposición y mucha más habilidad para encontrar los errores ajenos, que disposición a mostrar los propios. Entonces tengo pocas novelas publicadas, para nos mostrarlos tanto. Y corrijo mucho porque sé encontrar el error en el cuento de los demás, cosa que mis alumnos valoran, aprecian y saben agradecer.

MM: Bien. Las novelas para adultos de Diego son Tesis sobre un homicidio, (seguramente muchos habrán visto la versión cinematográfica con Darín), novela que ganó el premio del diario La Nación, y fue traducida a varios idiomas. El otro Gómez, acá me interrumpo otra vez. Parece que acá tenés una buena noticia…

DP: Después del éxito que tuvo Tesis sobre un homicidio como película, por mi segunda novela que se llama El otro Gómez, una pequeña productora hizo una reserva por dos años para ver si consigue una productora más grande que pueda hacer una película importante. Es una novela más cinematográfica que Tesis… Es la historia de un contador con una vida gris y aburrida, que es confundido con el segundo jefe de un cartel de narcotraficantes, un hombre que se fugó de ese cartel. Y lo ponen a reemplazar a ese, en un mundo que él no conoce. Entra en el mundo del narcotráfico, tiene que viajar a distintos lugares en avión, hacer negocios y cosas para las que este contador no está preparado. Vive una vida que no le corresponde, como William Puente. Y se va habituando de a poco a la idea de que en el fondo sí es Gómez. Como tiene helicópteros, y está la DEA, y un montón de cosas muy cinematográficas, probablemente salga una buena película, de acción, y esperemos tener de vuelta a Darín.

MM: Ojalá, ¿no? Es increíble lo que mueve Darín.

DP: No se puede creer. Y lo merece, porque es un gran actor.

MM: Realmente. Bueno, sigo leyendo: “Las otras son Alrededor de Lorena y Rosen. Una historia Judía. Todas en Editorial Sudamericana. También edito colecciones de libros de los escritores surgidos en mis talleres”.  Y hoy me obsequió uno, amablemente, que ahora no sé dónde los guardé. Recordame el título…

DP: Se llama Letras y deportes, y son mis alumnos, algunos de los cuales están por acá. Cada dos años sacamos una antología con lo que se trabaja en los talleres de mi casa, entonces hace unos años hicimos Letras y músicas, unos años después, Letras y sabores (cuentos de comidas). Y ahora salieron cuentos de deportes. Por suerte, en un tiempo saldrá Letras y cine, mandaré a cuarenta alumnos a escribir algún cuento que tenga que ver con el cine. Los sacamos por Clásica y Moderna. Yo soy amigo de Natu Poblet, y ella me cede el logo de su librería para hacer que tenemos una editorial, y hacer una cooperativa con mis alumnos, en la que sacamos esta maravilla de libro, que se puede encontrar, obviamente, en Clásica y Moderna.

MM: ¿Tiene alguna distribución, o solamente allí?

DP: Solo en Clásica y Moderna. No es un emprendimiento comercial, es un emprendimiento para que algunos alumnos se vean publicados en letra de molde por primera vez. Y casi todos los que están publican por primera o segunda vez, como para empezar a hacer circular sus nombres y ver después si sus novelas o sus cuentos llegan a alguna editorial, que es el destino que tiene todo cuento bien escrito y corregido.

MM: Yo les regalo siempre a los entrevistados Entrelíneas, que es el libro en el que recopilamos las primeras veinte entrevistas. Pero lo hago en el café, en privado. Así que ahora voy a hacerlo públicamente.

DP: Muchas gracias. (Aplausos). Un Letras y deportes podemos dejarlo en la biblioteca de La Nube.

MM: Buenísimo. Entonces después se lo damos a Pablo.

DP: Y si quieren verlo va a estar catalogado en La Nube.

MM: Genial. Decía: “Letras y sabores fue publicado en 2014. Además, escribo letras de canciones” …, Eso es muy interesante por el traslado que me contabas de una novela, a una poesía o a una canción. ¿Cómo fue?

DP: Eso es interesante. Hay una novela, Alrededor de Lorena, que tiene un monólogo de un personaje. Ese monólogo, en un momento lo pasé a poesía, la idea central de ese monólogo, fragmentos, quedaron como poesía. A esa poesía le puso música Alejandro Devries que es un gran pianista, y que es el director musical de la banda de Sandra Mihanovich. Ella escuchó esa canción, y abrió su último disco con un tema que se llama “Estoy aquí”, que es mi tema con Devries. De una novela pasó a poesía, de poesía a canción y de canción pasó al Teatro Ópera con tres mil personas.

Asistente: La fama… (Risas).

DP: Me parece que me hice más famoso con Tesis… con la película, que me salió mejor. Pero que el primer tema de un disco de una artista como Sandra Mihanovich sea mío, me llena de orgullo y es una de las grandes satisfacciones que me da esta carrera. Juntarme con gente como Alejandro Devries, que hace las cosas realmente bien. Hay un disco entero de Alejandro Devries que se llama Andanzas Cotidianas, y casi todas las letras son mías.

MM: ¿Cómo llegaste al contacto con Alejandro?

DP: Porque mi mujer tiene una escuela de música que se llama Musineira, que queda en Lacroze y Conesa, muy cerca de aquí, y el dueño anterior de esta escuela era Alejandro, que le pasó la dirección de la escuela y la escuela a mi mujer, Daniela Cesario. Ahí lo conocí hace veinte años. Y empezamos a trabajar juntos porque él tenía un montón de músicas sueltas y yo un montón de poemas sueltos, e hicimos un montón de canciones. Hay un grupo que se llama Rosa de los Vientos, en donde está también mi mujer, que hacen un tema de Devries y mío que se llama “Lluvias”. Lo pueden googlear si quieren. Está la versión de Devries, la de Rosa de los Vientos. Y hay otra canción mía que está en el disco de Devries, que se llama “Para que duermas bien” y es como una canción de cuna que le hice a mi hijo mayor cuando era bebé. Ese cierra el primer disco que está por presentar ahora mi mujer, en el que musicaliza letras de grandes escritores: Raúl González Tuñón, Octavio Paz, Idea Vilariño… Hubo todo un tramiterío para conseguir los derechos para poder musicalizar esas poesías, hasta que lo consiguió, destrabó todo y grabó. Se incluye un tema de Devries y mío, que es este “Para que duermas bien”, y que pueden encontrar en Youtube. Es una canción de cuna.

MM: Bien. Sigue Diego en esta biografía: “Mi primer libro para niños es El día en que los animales quisieron comer otra cosa, publicado por Santillana con ilustraciones de Francesca Massai. Luego vino Te espero en Sofía. Y este, La puerta secreta y otras historias imposibles”. Y yo lo conocía como escritor para niños, les cuento a ustedes y a Diego también, con un cuento muy bueno, que se llama “El primer día de clases de mi amigo Insu (y otra historia que no quisiera contar)”, a ese paréntesis se recurre todo el tiempo. No quiere hablar y no puede evitarlo. Eso también fue ampliado.

DP: Fue reescrito en el primer cuento de La puerta secreta, es una reescritura del cuento de “mi amigo Insu”, porque tengo un personaje que se llama Dody, en Te espero en Sofía, que es mi novela para chicos de alrededor de diez años. Entre nueve y doce. Dody tiene una manera de contar que es especial de él. Me gustó la idea de tomar un cuento viejo mío y hacérselo contar a Dody. Ver cómo lo hubiera contado él con sus recursos, con sus exageraciones, con su forma grácil de contar. Es un tono que me queda muy cómodo, y cada una de mis novelas tiene un tono distinto. Cada una tiene una búsqueda. Me parece que uno puede pensar que la relación entre la economía y la literatura es la siguiente: yo tengo un montón de plata, entonces hago un edificio, y después hago otro y tengo dos edificios. Ahora, si yo hago una novela, cuando empiezo una segunda no tengo nada. Ni personaje, ni historia… Tengo que empezar de nuevo desde cero. Eso tiene de bueno el arte para mí, eso de empezar de cero cada vez. Entonces, en lugar de repetir recursos, lo que yo hago es buscar qué forma de decir las cosas necesita cada historia. No solo en mis cuentos, sino en los de mis alumnos también. Entonces, cada una de mis novelas tiene su forma particular de ser escrita. Si uno las lee, parecen todos escritores distintos. Soy yo, que incluso hago links con chistes para los que leyeron una novela y otra. Si uno lee Tesis sobre un homicidio, el tipo está obsesionado con una actriz que se llama Juliette Lewis. En El otro Gómez, el tipo entra a un cine y están dando una película en la que actúa una Juliette Nosecuánto que no le gusta cómo actúa y se va. En Rosen, en un momento se ponen a contar los pasos como en Tesis…  Hay como líneas que tiro de una novela a otra para que se sepa que soy yo, pero es como si me disfrazara de otra persona para escribir, porque me parece que el trabajo de escritura de ficción es un trabajo actoral. Uno se pone en la cabeza de alguien que no es uno, y trata de jugar a ser ese. Entonces, hay un montón de pensamientos en casi todas mis novelas, que yo no podría tener jamás. El de un psicópata asesino, como en Tesis… o ahí mismo, el de un profesor bebedor. En mi cabeza me pongo a actuar de esos personajes y trato de ser verosímil, trato de que el lenguaje que tenga cada uno tenga que ver con cada uno de ellos. Y en el único lugar en el que fui yo mismo, es en Te espero en Sofía, donde cuento de verdad algo que me pasó a mí a los doce años en la escuela Petronila Rodríguez de Parque Chas.


MM: Incluso Diego remata esta biografía diciendo: “Cursé, como Dody, toda la primaria en la escuela Petronila Rodríguez, y también, como Dody, soy hincha de San Lorenzo de Almagro. Ahora que lo pienso, me parece que Dody es muy parecido a mí cuando era chico”. Vos sabés que este ciclo tiene la característica de que empezó siendo un ciclo de autores identificados con la literatura infantil y juvenil, y este año nos atrevimos a traer autores que no están claramente identificados con eso, sino que han circulado un poco por la literatura infantil o juvenil. Sin embargo, me decías que vos estás cada vez más enfocado…

DP: Cada vez me gusta más, porque la devolución que uno tiene, cuando tiene la suerte de estar en un lugar como Santillana, donde te llevan a las escuelas a charlar con chicos que leyeron tu libro, tenés sesenta pibes que te leyeron y están esperando que les firmes… Esa devolución inmediata es genial. Para que suceda eso en una novela de adultos es difícil. Porque uno compra la novela, se la presta a su mejor amigo, con lo cual ya hay un libro que no se compró más, y es difícil vender muchos libros. A menos que uno tenga la suerte, como me pasó a mí, de tener una película de más de un millón de espectadores. Ahí se pone más interesante y todo el mundo va a comprarlo, pero con la literatura para chicos, cuando uno va a las escuelas la devolución es inmediata. El entusiasmo de las maestras, los chicos que me preguntan si cada episodio es verdad o no, en cada página. Y yo les cuento, qué y cómo pasó en la vida real y cómo lo contó Dody. Es más o menos parecido, porque en esa novela cuento la verdad. En La puerta secreta, no. Es el mismo Dody el que cuenta, con su forma de contar, pero en cada cuentito (son cuatro), puse como un elemento mágico. “La puerta secreta” tiene un poco más de magia y el otro es más realista, pero me parece que tiendo cada vez más a escribir para chicos. Lo cual no quiere decir que no escriba algo para grandes en algún momento, yo no escribo mucho, escribo realmente poco, tengo nada más que cuatro novelas. Y no creo que vaya a tener muchas más. Quiero tener dos novelas más, para adultos, porque quiero resolver un par de temas. Cada una de mis novelas se pregunta por algo distinto. En Tesis sobre un homicidio me pregunto por la justicia. En El otro Gómez me pregunto por la identidad. En Lorena… me pregunto por el amor. Y en Rosen… me pregunto por Dios. Hay dos temas más. Uno es la comunicación, no sé en qué novela derivará eso, pero tengo que escribir alguna vez en la vida una novela que trate sobre la comunicación, en las redes sociales o en cartas del siglo XVII, no sé. Pero quiero hablar de la comunicación. Y otra sobre la literatura. Son esas dos novelas que me faltan. Que algún día tal vez escriba. Y en el medio hago lo que puedo, escribo micro relatos. En un ratito voy a leerles un micro relato mío.

MM: Esto de la comunicación, y lo de haber escrito para chicos y para grandes me trae a un tema casi obvio. ¿Para jóvenes? ¿Para ese sector intermedio que es el adolescente, ahora que tenés pibes adolescentes, y la comunicación es un tema? ¿No te da escribir literatura juvenil?

DP: No sé, no sé si lo haría a propósito. Yo tengo la suerte de no tener que vivir de la literatura. No es que en la editorial me piden que me escriba una para jóvenes y yo voy y la hago. Lo que me pasó, es que Tesis sobre un homicidio, que es una de mis novelas más difíciles de leer, que tiene recursos importantes, frases que no paran nunca, muy largas, lo están dando ahora en el Carlos Pellegrini. Mi hijo mayor está en tercer año del Pellegrini, y en segundo le dieron Tesis sobre un homicidio. Y el año anterior también la había dado, y me invitaron a charlar. Quizás uno hace una novela para adultos y su destino es que la den en un secundario. Pero no es que lo haya buscado deliberadamente. Estoy mucho más pensando en cómo corregirles a mis alumnos que en cómo voy a escribir. Podría estar sin escribir nada más, y sería feliz igual.

 
MM: A mí me gustó mucho Rosen… Se las recomiendo. Me gustó sobre todo esa reflexión sobre el verosímil que se hace en un momento, cuando se pregunta si es posible que se haya casado con una mujer que no es judía. Que ella haya podido litigar cuando la había engañado en la España de los años sesenta. Montones de cosas se ponen en tela de juicio.

DP: La ficción permite inventar mundos enteros, y esa es otra de las cosas lindas que tiene la literatura. Uno puede inventar mundos enteros, y si es verosímil lo que uno cuenta, la gente se lo cree. Me parece que, por eso mismo, uno debería estar muy sereno a la hora de escribir. Para engañar a otro y que el otro crea en ese engaño. Uno tiene que estar muy lúcido, muy sereno, muy seguro del tono que va a usar.

MM: Como en el póquer, que es uno de los temas de Rosen

DP: Hay que tener cara de piedra. Me parece que está bien la idea de que, si el otro se lo cree, logramos un objetivo.

MM: Sí, y es perfectamente creíble. No parece que haya cuatro o cinco vidas mezcladas en ese personaje.

DP: No, parece todo del mismo. Eso fue lo que quise lograr, que parezca que todo le pasó a Rosen.

MM: ¿Y tuviste algunas respuestas de la familia con Rosen…?

DP: Probablemente mi tía no me quiera… haya dejado de quererme. Le cambié el nombre, puse otro. Pero si ella lee se va a sentir identificada. Pero fuera de eso, no. Borges decía una cosa que era interesante, y es que todo lo que le es dado a un escritor, es para escribir. Él hablaba de la ceguera, de la enfermedad, de la desilusión amorosa, de cosas terribles que le pasaban. Y a mí me pasa que todo lo que me fue dado, la historia de mi tío, mi propia historia, las uso para escribir, porque no hago otra cosa que ser escritor. Lo que me tocó, me tocó.

MM: Además, hay cosas que están muy alejadas de tu experiencia, porque El otro Gómez

DP: Es una historia completamente ficticia, sí. Hay novelas que son completamente de ficción, y otras que tienen un anclaje en la realidad. Rosen… un poco, con lo de mi familia, y en especial, Te espero en Sofía, con mi séptimo grado.

MM: De Tesis sobre un homicidio quería preguntarte el tema de la cuestión del Derecho, ¿investigaste? ¿Estudiaste algo de Abogacía?

DP: Investigué un poco. Tengo tres abogados que me hicieran una especie de back up de cómo podría ser mi profesor, dónde estudió… Hay cosas que se dicen en la novela que si no fuera abogado no podría saberlas. Por ejemplo: ¿qué ascensor, en qué juzgado es el más lento? Yo no podía saber eso. Entonces me asesoré con tres abogados que me contaron detalles de la profesión que nadie supiera. Cuando Tomás Eloy Martínez leyó la novela como jurado del premio, estaba seguro de que yo era un abogado joven y que había vivido en Francia. Y no era cierta ninguna de las dos cosas. Yo había estudiado Sociología, y abandoné en primer año, y había ido a Francia sí, pero solamente porque la obsesión de mi personaje es la de contar pasos.

MM: Eso es una señal de locura…

DP: Sí, de la locura del personaje. Entonces, antes de publicar la novela, y antes de presentarla a La nación, mientras la estaba escribiendo, agarré todos mis ahorros y me fui a París a contar los pasos. Porque yo necesitaba que el pibe viniera de París y contara los pasos. Entonces me fui en invierno a contar pasos de puentes y escaleras. Cuántos escalones había en la escalera en la escuela en la que yo suponía que mi personaje había estudiado Derecho.


MM: Eso es un poco loco también… (Risas).

DP: ¡Claro que sí! Me fui a hacer ese trabajo de campo y tengo un cuaderno escrito. Te lo hubiera traído así lo mirabas un poco…

MM: ¿Mirabas un poco igual? ¿Notre Dame, esas cosas? (Risas).

DP: ¡Fui a trabajar! Fui a hacer los recorridos de Paul Besançon, en París. Nunca había publicado nada…

Asistente: ¿Qué edad tenías?

DP: Veintisiete, veintiocho. Pero nunca había publicado nada, no sabía que iba a ganar un premio, que me lo iba a publicar Sudamericana, y que quince años después iban a hacer una película. Ni idea. Invertí no solo mi dinero, sino mi tiempo y mi cabeza en algo en lo que yo creía, que era esa novela. Yo estaba convencido de que Tesis sobre un homicidio iba a ser una gran novela. Y el tiempo me dio la razón, pero al principio no lo sabía. Y me fui a contar pasos, tanto en Recoleta como en París, para hacer verosímil al personaje.

MM: Bueno, yo creo que parte de esa locura (con todo respeto), y de esa pasión, es lo que después reditúa. Si todo está en el detalle, un pibe de veintiocho años que se va a contar pasos a París, merece que veinte años después pase todo eso.

DP: Mientras escribía la novela, alrededor de mi computadora había unas cincuenta fotos de Juliette Lewis porque el tipo estaba obsesionado con ella. Parecía un altar. Si alguien venía a mi casa podía pensar: “Este pibe es Paul Besançon, está completamente loco”. Y el día que terminé la novela y le puse el punto final, bajé todas las fotos, pasé a pensar en El otro Gómez.

MM: ¿Te gustaba Juliette Lewis, por lo menos?

DP: No necesariamente. Es una actriz que, por el tipo de papeles que hizo, da para que alguien se obsesione. Hay actrices mucho más lindas. Michelle Pfeiffer es más linda. O Juliette Binoche. Pero uno no se puede obsesionar con Michelle Pfeiffer y sí con Juliette Lewis por los papeles que hizo en Cabo de Miedo, en Asesinos por naturaleza, en California, Si yo hacía que mi personaje se obsesionara con Whoppie Goldberg no me salía. Me salía comedia. (Risas).

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