El mono de la tinta

Para hablar de seres fantásticos y maravillosos, una de las más bellas fuentes es, sin duda, El libro de los seres imaginarios, de Jorge Luis Borges. Y también puede serlo un libro que lo homenajea y acerca a Borges a los niños: El mono de la tinta, que escribió Iris Rivera e ilustró Fernando Calvi, para la muy leída colección Azulejos de la editorial Estrada.                                                                                                                                                                                                                                                           


Por Ana Sofía Vergara* 


El mono de la tinta vive en la casa de Georgie, un escritor que está perdiendo la vista de a poco y se ayuda con un bastón. También viven allí la madre del escritor, Leonor, el gato Beppo y Fanny, la empleada.              

Georgie y el mono pasan juntos mucho tiempo, divirtiéndose tanto que su madre suele preguntarle si ha llegado a visitarlo su amigo Adolfo.

Al mono lo atrae especialmente un enorme libro que está abierto sobre el escritorio y también, de modo irresistible, un tintero antiguo que la empleada mantiene lleno todos los días y él se encarga de vaciar, debido a la necesidad vital, casi adictiva que tiene por ese líquido negro. En ese libro habitan extraños seres y el mono no puede resistir la tentación de zambullirse de cabeza dentro de él, no sin antes haber tomado unos tragos de tinta.

Mientras está dentro del libro ellos conversan y el escritor disfruta las andanzas que vive el mono, pero está muy alerta, atento a salvarlo, si la cosa se pone muy fea. Es por eso que no quiere que el mono se introduzca en el libro cuando él no está. Claro que, tratándose de este mono, eso no va a ocurrir y estará en peligro de muerte muchas veces. Cosa que a Fanny, que no lo quiere ni un poco, esto la entusiasma, lo mismo que al gato que se la tiene jurada.

Una vez adentro, el mono de la tinta llega a lugares increíbles y se encuentra cara a cara con seres fabulosos como la venenosa Anfisbena, un poderoso Dragón con aliento de fuego, el terrorífico Mantícora con quien vivió una experiencia espeluznante, donde corrió mucha sangre. Sangre de monos y sangre negra. Estaba gravemente herido y casi resignado, cuando sus ojos se cruzaron con otros ojos de su especie, desde el corazón. Ella lo curó, lo salvó, pero de pronto ya no la vio más al ser rescatado del libro por la persona menos pensada. 

A partir de este suceso sólo quiere encontrar a la monita de la fonda, pero Fanny le cerró a propósito el libro. Cuando logra abrirlo comienza a pasar desaforadamente las páginas buscándola. Así frente a sus ojos se despliega una galería, poblada por todos los seres fantásticos desde el principio de los tiempos. Entre tantos ve al Gran Pez, a las Arpías, a Baldanders, la Mandrágora, el Ave Fénix… Ve a todos, a ella no. Desesperado y sin quererlo esta vez, cae dentro del libro al encuentro del A Bao A Qu. ¿Será ésta su última aventura? ¿Volverá a encontrarse con Georgie y los demás habitantes de la casa con los que también vivió momentos inquietantes?  

Sin embargo hay un ser fantástico del que Georgie le habla al mono de la tinta, uno que aún no logra descubrir y es el más importante de todos, que no está adentro del libro. Es ese que: “Mira y saborea… Se lleva lo que le gusta… a su mundo… Con los ojos… Todo… Él te está viendo. También a mí. Y nos está llevando …”.


* Ana Sofía Vergara es docente de primaria, recientemente jubilada. Ejerció su vocación los últimos diez años, orgullosa, en la Escuela Pública. Muy feliz de haber terminado el recorrido, en la Escuela 3 DE 15 “República de Costa Rica”.

Apasionada por la lectura y de convidar las palabras a los niños. Disfruta escribiendo y dibujando. Amante de los dragones, viajes y colores.


El mono de la tinta
Iris Rivera. Ilustraciones de Fernando Calvi.
Estrada, 2007.



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