Nelvy Bustamante: “Soy ‘una poeta preguntona’. Y los chicos me ayudan a encontrar las respuestas”

En esta segunda parte de la entrevista a Nelvy Bustamante comenzamos por hablar de poesía, de sus búsquedas, de la “observación asombrada” (hermosa definición) como punto de partida. También de los chicos como lectores sabios, que completan los sentidos de los textos y, entre otras muchas cosas, de su experiencia como docente, de sus caminos lectores y de las figuras inolvidables de Gustavo Roldán como su maestro y de Canela como su primera editora. Una hermosa charla.




Mario Méndez: Recién hablábamos de música, y eso me da pie para hacerte alguna pregunta sobre la poesía.  Vos escribís mucha poesía para niños, y supongo que también para adultos, pero ¿cuál es tu búsqueda en la cuestión del oído, para escribir poesía para chicos?

Nelvy Bustamante: Para mí, todo comienza en la observación asombrada de la naturaleza. En gran parte de lo que escribo en poesía. Por eso hay como un foco puesto, como vos antes mencionabas, en la araña, por ejemplo. A partir de esa observación, y de ver lo que la naturaleza nos ofrece, para poder escribir poesía para niños yo creo que hay que conservar esa mirada de asombro que tiene el niño. Y esa mirada es ante las cosas de la naturaleza, ante las cosas del mundo, pero sobre todo es la naturaleza la que te sacude y sacude al chico, que junta el bicho bolita, que investiga la abeja en la flor, que observa la gota de lluvia que corre por el vidrio… Esa mirada de asombro, creo que es la que me ha permitido escribir para los chicos; conservar esa mirada de asombro que me acerca a ellos… Después, trato de no usar ya una rima consonante, como la que usó María Elena Walsh en su momento. Me parece preciosa, pero es un trabajo que ya está hecho. Tiendo más a que la musicalidad pase por otro lado. Por ahí, con alguna rima asonante, pero no con una rima forzada… Salvo que esté escribiendo un poema para los más chiquitos. Para los nenes de un nivel inicial, y más chicos. Ahí sí la musicalidad con la rima consonante es importante. En la poesía que hay para los más grandes, trato de hacer un trabajo que no tenga tanta rima, sino que la musicalidad se dé por los ritmos interiores, y por alguna que otra palabra, por alguna que otra rima.  Por ejemplo, voy a leer un poema de “La araña que vuela”:

La araña teje

una estrella

de tela.


Punta tras punta

va y viene

pata tras pata

bordando el cielo


Cuando se cansa

cuelga las agujas

y vuela.


MM: Ahí vos hablabas de salir de la rima tradicional, de la roma consonante, de la copla… ¿Por qué? ¿Te parece demasiado artificiosa?


NB: Sí. A mí me parece que así como en la poesía para adultos hay una tendencia al verso libre, creo que la literatura infantil también tiene que ir aggiornándose. En mi caso, naturalmente sale de esa manera. Pero sí, en esta época me parece como muy artificioso ya. Me parece que hay que hacer otras búsquedas. 


MM: Hablando de búsquedas, en estas preguntas que vos introducís en La araña que vuela, por ejemplo ¿Se alegran las arañas con la primavera? ¿Hay también esa mirada de asombro de los chicos? ¿Pensás en las preguntas que harían los chicos? 


NB: Son mis preguntas, en realidad, pero cuando las comparto con los chicos me doy cuenta de que ellos tienen las respuestas. Porque ellos se desesperan por dar las respuestas. Lo mismo pasa en El libro de los fantasmas, en el que también hay una serie de preguntas. Y ahí es increíble cuando visito las escuelas, cómo levantan las manitos para contestar a las preguntas. Por ejemplo, ¿Los fantasmas serán de no-ser o de sustancias invisibles? ¿Por cada muerto, hay un fantasma que respira y ama? ¿Son siempre los mismos fantasmas los que van y vienen por el mundo? Y si es así, ¿quiere decir que puede estar aquí el Fantasma de Canterville?  Esas son algunas de las preguntas, y ellos van contestando. 



MM: ¿Te acordás de alguna respuesta medio delirante que te hayan dicho los chicos? 


NB: De la que más me acuerdo es la respuesta a la última de las preguntas, que dice ¿De qué color son los fantasmas de los que mueren en la guerra? Cuando yo me hice esa pregunta, siempre eran rojos. Pero ellos en general dicen que son negros. Por ahí también me pasó con algunos de los cuentos de Cuentan en la Patagonia. Es como que ellos amplían los sentidos del texto. Más de lo que yo me imaginé o pude pensar cuando los escribí. Aparece, en ese intercambio con los chicos, que ellos encontraron otra cosa, imaginaron otra cosa, ampliaron los sentidos del texto. Eso es maravilloso, porque uno busca esos lectores activos. 


MM: Hay un ida y vuelta. Me imagino que después de visitar a los chicos y escuchar sus respuestas volvés con ganas de hacer nuevas preguntas. 


NB: Exactamente. Acá hay una colega de Puerto Madryn, bibliotecaria, que siempre me llama “la poeta preguntona”, porque ha visto que en todos los libros hay preguntas. Evidentemente, yo estoy llena de preguntas. Y creo que los chicos me ayudan a encontrar las respuestas. 


MM: Qué bueno. Yo voy a hacer preguntas también, voy a tomar ese rol. ¿Cómo es que llegás a la literatura para niños? Sos profesora de Letras, en los tiempos en los que nosotros estudiamos la literatura infantil no pasaba por los claustros universitarios. ¿Cómo es tu llegada? ¿Por qué literatura para niños y niñas? 


NB: Creo que es por el interés especial que yo tengo en los niños como seres maravillosos, completos, sabios, que conservan esa mirada de asombro ante el mundo. Siempre admiré eso, y me siento muy cerca de los chicos. Lo primero que hice fue un taller de lectura y escritura para chicos, que me acercó aún más a ellos y a la literatura infantil. Creo que tiene que ver con mi especial interés por esa etapa de la vida. Rilke decía una frase, que a mí me encanta porque es lo que siento: “La única patria del hombre es su infancia”. Eso resume todo lo que yo también pienso. Les quiero dar lo mejor que tengo. En este caso, mi trabajo de escritura. En el caso de mi nieta, ni hablar: la escritura, la comida, los cuidados, todo potenciado. Son seres maravillosos. La infancia te marca para toda la vida. Nosotros, como escritores, como docentes, tenemos que tener ese cuidado. Creo que si uno les da una literatura que les abra puertas, que les abra la imaginación, que les muestre muchas facetas de las cosas de la vida, podemos ayudar a su enriquecimiento. ¿Qué mejor tarea que apapachar la infancia? 


MM: Acá dicen que para poder escribir para chicos tenemos que dejar que aflore ese chico que vive en nuestro corazón. Es cierto. Recurrimos a esa “patria de infancia”. 


NB: A la memoria, a las vivencias de la infancia.


MM: Tal cual. ¿En tu patria de infancia había lectura? ¿Eras una nena lectora? ¿Eras una nena a la que le leían? 


NB: Sí. Yo tenía un papá que me compraba libros. En esa época pasaban los vendedores ambulantes, que vendían los libros de casa en casa. Y así mi papá me compró las colecciones de Monteiro Lobato, Pinocho, La vuelta al mundo en ochenta días, Corazón, y muchas revistas infantiles. Después leía también los libros que él tenía. Y mi recuerdo, es que yo pensaba que cuando fuese grande quería escribir yo las historias que encontraba en esos libros. Era mi intención, de ahí surge la inquietud. 


MM: Ya de chiquita te veías escribiendo…


NB: Sí. Escribiendo y enseñando. 


MM: Ah, las dos cosas. Y cuando te metiste a Letras, y te encontraste con que la literatura infantil ni fu ni fa, ¿qué sentiste? ¿Cómo la transitaste? ¿Cuándo empezaste a dar clases?


NB: Un poco de la mano de mi hija. Para acercarle a ella los libros de literatura infantil. Teníamos todos los libros de María Elena Walsh, por ejemplo, en esa época. Me acuerdo que ella calificaba los poemas de la Walsh. Al costado les ponía “Excelente”, “Muy bueno” … Todavía tengo los libros con las “calificaciones”. Ese planteo, que no estuviera la literatura infantil en las carreras de Letras, me lo hice después. Quizá cuando empecé a dar clases en los Institutos de Formación Docente. Ahí veía que si uno iba a dar literatura infantil, se tenía que armar solito la biblioteca, estudiar… Era todo por cuenta propia. El profesorado no te había preparado para eso, en la universidad no había espacio de literatura infantil tampoco, entonces era todo lo que uno mismo pudiera encontrar. Y en esa búsqueda, organizamos acá, con algunos colegas, encuentros patagónicos de literatura infantil y juvenil, y den los encuentros de escritores que se hacían en Puerto Madryn, traté que la literatura infantil tuviera su espacio. Siempre estuve luchando aquí en el sur para que la literatura infantil tuviera un lugar. En el camino me encontré con escritores que me abrieron puertas, que me ayudaron a mirar de otra manera esto de la escritura para chicos, como Gustavo Roldán, con quien tuve la suerte de hacer algunos talleres. Para mí eso fue maravilloso, fue como un cambio de mirada. El aporte del maestro. Para mí, el maestro que no tuve en el profesorado en literatura infantil, lo encontré después en Gustavo. 


MM: Era mágico, Gustavo. No por nada hacía magia. ¿No?  


NB: Era mago, claro, sí. En un sentido amplio…


MM: Era un gran maestro. 


NB: Realmente, sí. 


MM: Y en esto de remarla en dulce de leche, porque en la literatura infantil ahora estamos mejor, pero costó. ¿Cómo es llegar a ser publicada, y a ser conocida desde la Patagonia? Porque convengamos que hay una dificultad. 


NB: Claro, son tremendas distancias. Y en algunos momentos tenía que viajar. No había otra posibilidad. Viajar, instalarte un tiempo en Buenos Aires, para poder visitar editoriales, llevar tus producciones… Otra manera no había. Yo creo que para el que no puede, de alguna manera, llegar a Buenos Aires, es muy difícil. Ahora se maneja mucho por Internet, pero en el año 2000 todavía no. Todavía era mucho presencial. Me sirvió instalarme un tiempo en Buenos Aires. Acerqué mis trabajos a Sudamericana, donde estaba Canela, que para mí es tan querida, y es la que descubrió mi escritura. Con ella hicimos Cuentan en la Patagonia y las leyendas, la del ñandú y la del pingüino. Para mí fue muy importante encontrarla. 


MM: ¿Canela fue tu primera editora? 


NB: Sí, mi primera editora.


MM: ¿Y Gustavo cuando estaba en Colihue?


NB: No llegó a editarme. 


MM: Hubiera sido lindo…


NB: Hubiera sido hermoso. 



MM: Hay otro tema que es importante en la literatura infantil y juvenil, sin duda, que es el de la ilustración. En los cuentos y poemas, sobre todo para los lectores más chiquitos, no llegarían al gran público ni serían publicados si no estuvieran allí los ilustradores. Vos repetiste trabajo con Cecilia Afonso Esteves, que es una gran ilustradora, con Eleonora Arroyo también tenés, que es otra ilustradora muy importante. ¿Cómo es tu relación? ¿Trabajás codo a codo? ¿Tiene intercambios? ¿O soltás el texto y que el ilustrador trabaje?


NB: Generalmente yo he escrito los textos y después los he pasado para que la editorial o alguna ilustradora lo haga. En el caso de Cecilia en el caso de Adentro de este dedal hay una ciudad, ahí sí presentamos el proyecto juntas, pero en la mayoría de los casos solté los textos. 


MM: Y en el caso de haber presentado un proyecto juntas, como el de este bello libro que es Adentro de este dedal hay una ciudad, ¿cómo son los acuerdos? ¿Vos escribías y si te lo pedía modificabas algo? ¿Intervenías en las ilustraciones que ella estaba produciendo? ¿Cómo era esa producción conjunta?


NB: Por lo general, no. Escribí los textos, se los pasé a Cecilia y confié en su trabajo.  La única vez que hice alguna observación fue en Cuentan en la Patagonia, pero sobre todo era Canela la que hacía las observaciones. Ella observaba tanto el texto como las ilustraciones. Acá son de Lucas Nine. Yo era muy nuevita en ese momento, y me acuerdo que cuando nos reunimos había observaciones de la editora también a las ilustraciones y la defensa del trabajo del ilustrador. Eso me resultó muy interesante. Que es lo que también uno hace como escritor cuando te observan algo de un texto. ¿No? Vamos como defendiendo lo propio, a veces re pensando algo. Hay editores que intervienen poquito. Y hay otros que intervienen más. Son diferentes formas de trabajo. 


MM: ¿Te gusta que intervengan, o no? ¿O moderadamente? ¿cómo es tu relación con los editores? 


NB: Yo creo que tienen una mirada inteligente, entonces hay algunas observaciones que enriquecen los textos. O pueden contribuir a que uno enriquezca el texto. Tampoco me gusta si hay demasiada intervención. Pero en general, las intervenciones han sido moderadas. 


MM: ¿El primero fue Lo que cuentan en la Patagonia? ¿O hubo otro antes?


NB: Fue el primero. Antes había participado en antologías, o en alguna coautoría con alguna colega de acá. Creo que la mayoría empezamos así, hasta que nos largamos solos. Y el primer libro es Lo que cuentan en la Patagonia. En las formas de trabajo de cada editor hay diferencias. O editora, porque la mayoría han sido mujeres. 


MM: La mayoría son mujeres, es verdad. Y hablando de formas de trabajo y de trabajos diferentes, Los mundos invisibles, éste que te editó Natalia Méndez, supongo, en Edelvives, es una colección bastante heterodoxa. Son esas sobre las que uno se pregunta cómo la llevan los promotores a las escuelas. Esa es la gran duda, a veces, de los editores. ¿Cómo fue el intercambio? ¿Cómo le presentaste este proyecto a Natalia?


NB: Yo había presentado un conjunto de microrrelatos. No eran todos de miedo. Y por ahí fue una sugerencia de Natalia que pensáramos en esa dirección. En huesitos, en miedo, en fantasmas, en todos estos seres invisibles que están en el producto que finalmente quedó. 


MM: ¿Y la devolución de los chicos como ha sido? ¿Has ido a escuelas con este? 


NB: A los chicos el relato de miedo les encanta. A partir de ese libro han escrito ellos microrrelatos espectaculares. Me ha pasado aquí, en escuelas de la zona, que le pidieran a la maestra que querían leer ese libro, que lo pusiera como lectura de ese año. Y era un cuarto grado de una escuela religiosa, con pedagogos, que decían que a lo mejor iban a ponerlo para más adelante. Pero los chicos tenían un entusiasmo bárbaro, y habían escrito unos microrrelatos que no tenían desperdicio. Y hay otro de miedo, que es nuevito, que se llama Aparecen por las noches, y lo editó Espacio Hudson, una editorial que está en la cordillera, y que cuando fueron los incendios perdió parte de sus instalaciones. Esos también son relatos de miedo para más grandes; para jóvenes, para adultos… 


MM: Y en el formato de microrrelatos…


NB: Sí, microrrelatos, como Los mundos invisibles, Microcosmos…


MM: También ahí es poco ortodoxo, porque no es fácil meterse con el formato microcuento en la escuela. En general se esperan cuentos más largos, o novelas, para dar más tela para trabajar a la maestra o al maestro. Con el microrrelato, se me ocurre, ha sido más difícil la llegada…


NB: Yo estoy contenta con la repercusión, ahora va a llegar Microcosmos por el Plan de Lecturas a escuelas de todo el país. Siento que es un género muy cercano a los chicos de hoy, tiene eso de lo vertiginoso, la brevedad, y me parece interesante que puedan tenerlo en las escuelas. Creo que además es un género que, si bien cuenta algo, es muy cercano a la poesía. Porque al tener que decir mucho en poco espacio, el trabajo con el lenguaje es un trabajo similar al que uno hace con el poema. Por eso me siento muy cómoda con el microrrelato, muy. Porque a mí me gusta el texto breve. Entonces en el microrrelato estoy como el calamar en su tinta. ¿Quieren que comparta uno?


MM: Dale, sí. ¿De qué libro es?


NB: De Microcosmos. Voy a leer este que se llama “Nocturno”. “La noche con su luna y sus espejismos, lo deslumbró ni bien alcanzó la adolescencia. Inútiles fueron los pedidos y las imploraciones del resto de los habitantes de la casa. -No te vayas, hace mucho frío, hay viento. -No vengas tan tarde. -Si no volvés, avisá, que nos preocupamos. Durante años regresó puntualmente a las diez de la mañana, sin dar cuenta a nadie de sus búsquedas, de sus descubrimientos, de sus romances generosos. Su vida de gato fue perfecta.”

 A mí me gusta mucho escribir microrrelato, es muy interesante para mí. 


Ana: ¿Podrás leer, de Microcosmos, “Fen shui”?


NB: Bueno. “Enseña el fen shui que hay que tirar las cosas rotas para que la energía circule libremente por la casa. Por eso, hoy me preparé. Fui hasta el Tigre y saqué un boleto para la lancha de las 15:30. A la hora exacta subí. Cuando la barca surcaba alegre el río de aguas oscuras, tiré por la borda los pedazos de eso que alguna vez fue amor”. 


MM: Muy lindo.


NB: A mí me divierte escribir microrrelatos. Me gusta eso de que en pocas palabras uno tiene que decir tanto. Y en ese sentido lo encuentro cercano a lo poético. Buscar la palabra justa, para decir mucho en poco. 


MM: ¿Cuál es el que te eligió el Plan de Lecturas? ¿El de Edelvives, o este de Microcosmos?


NB: Microcosmos, y para escuelas secundarias El color del cristal, una selección de cuentos orientales de la filosofía taoísta.  


MM: Ese es el de Ríos de tinta, me decías…


NB: Sí, sí. 


MM: Ese no lo conozco. Tendremos que buscarlo para leer. Hay otra pregunta…


María Rosa: Cuando hablaste de verso libre y de aggiornarse a estos tiempos, y no a la rima que conocimos de chicos, ¿con qué procedimiento lográs la organicidad del texto? ¿Hacés muchas relecturas, reescrituras? ¿Te grabás, te escuchás en voz alta? ¿Das para leer a alguien? ¿Lo dejás descansar al texto? Para el escandido de los versos, digo. 


NB: Sí, hago mucha corrección. En general, tienen mucho trabajo de corrección los textos. Los imprimo, los dejo descansar, los vuelvo a ver al tiempo. Hago ese trabajo. Tengo un amigo con el que por ahí intercambiamos lecturas, o escuchas. Pero no es que yo tenga lectores. Sé que hay colegas que les dan los textos a tres o cuatro personas para que los lean, pero en general, tanto así, no es mi caso. Cuando empecé a escribir, la primera orejita que tenía era la de mi hija. En aquella época en la que ella era chica y era la primera lectora. Después, por ahí, algún sobrino que tenía a mano.  


María Rosa: Claro. Y una segunda preguntita, ¿a quién leés de poesía para adultos? ¿Quién te gusta? 


NB: Acá tengo los textos de Jimmy Liao, que me encanta, de su libro Hermosa soledad. Me encanta también, y la tengo aquí a mano no por casualidad, la poesía de Emily Dickinson. Me encantaba, y me encanta y es como de cabecera Federico García Lorca. Ahí sí que hay musicalidad, es una preciosura su poesía. Esa magia creo que es incomparable. Ahí sí que hay rima, hay música, hay todo, me conmueve. Esos son algunos nomás. En la carrera de Letras leímos a muchos autores, y voy sumando lo que voy encontrando y me gusta. Ahora tenía el libro de Zymborska, la polaca; Mary Oliver… Esos son los últimos, pero lo que estoy leyendo ahora, voy por la mitad, es éste, Soy Nadie, de Emily Dickinson, editado por Espacio Hudson. 



Laura: Yo te quería preguntar sobre el microrrelato. ¿Cuál es para vos la duración del texto de un microrrelato? ¿Qué es para vos un microrrelato? No lo digo en cantidad de palabras…


Yo creo que puede ser hasta una página. Pero en realidad, los que yo escribo son mucho más breves. Un microrrelato puede ser desde un renglón, como el famoso de Monterroso, hasta media página o una página. Hay microrrelatos que son más extensos, y otros más breves. A mí me gusta que sean breves.  


Laura: ¿Y hay un tema del ritmo ahí, también?


NB: Sí, hay un tema de ritmo porque es cercano a la poesía. Entonces tiene que tener cierto ritmo interior, y está el uso de la imagen, la metáfora, ciertas figuras de la poesía que están presentes también en el microrrelato. Y la intertextualidad… 


Laura: Mucha condensación, sí. 


NB: Sí, y eso me parece que es lo lindo que tiene. Para que después el lector pueda desplegarlo. En un texto largo, hay menos para desplegar. En el microrrelato me parece que podés desplegar mucho más. Son gustos. Cada tipo de texto tiene sus riquezas.


Laura: Aparte, siempre deja algo abierto el microrrelato. No es como el cuento, que cierra, como decía creo que Castillo. Que el cuento es una flecha que se larga y llega a un lugar. El microrrelato, por más que cierre siempre deja algo abierto. 


NB: Sí, si bien también puede haber cuentos con finales abiertos. Pero el microrelato deja algo en suspenso…


Laura: El cuento tiene la elipsis. 


NB: El micro necesita un lenguaje preciso, sugerente, ambiguo, ahí está emparentado con lo poético. Y requiere una vuelta de tuerca en el final… algo que sorprenda.



MM: ¿Y estás con algún proyecto ahora, Nelvy? 


NB: Sí, tengo algunos proyectos, un par de materiales que están en distintas editoriales del interior, uno en Córdoba, otro en Mendoza. Ahora estoy en una etapa de lectura. Yo tengo períodos en los que escribo y tengo períodos en los que leo. Me sucede a veces que cuando entrego un material suelo quedarme en blanco durante un tiempo, y a veces siento cierta desesperación…  ¿Y si no se me ocurre ninguna idea original más? Después aparece, pero a veces pasa tiempo. Y en ese tiempo uno va pensando, leyendo a otros autores… es un tiempo productivo, aunque no parezca. Como un ocio creativo… Y después viene un tiempo en el que uno se sienta en la compu a escribir. Que es muy lindo. 


MM: ¿Alguna recomendación de lectura, tal vez de microrrelatos, ya que estamos en el tema?


NV: Los cuentos que Borges, Bioy y Silvina Ocampo recogieron en la Antología del relato fantástico, Ana María Shua, Monterroso, ciertos textos de Cortázar, Juan José Arreola…


Participante: ¿Y novela, no estás pensando en escribir?


NV: Las novelas me gustan más para leer que para escribir.


MM: Bueno, Nelvy, muchas gracias, ha sido un gran placer esta charla.


NV: Gracias a ustedes, la pasé muy bien. Abrazos.



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