Infancia y filiación

En este excelente trabajo, Laura Gutman relaciona dos obras, la novela El jamón del sánguche, de nuestra reciente invitada Graciela Bialet y Joel, la película de Carlos Sorín, con las varias temáticas en común que tienen ambas: la adopción, la integración, la aceptación de las familias y las instituciones, y los desafíos que estas cuestiones nos proponen.




“Acabaré creyendo que yo misma soy mi hijo”

Yerma, Federico García Lorca.


Por Laura Inés Gutman*


La Convención Internacional de los Derechos del Niño que se firma en Argentina en 1989 y se incluye en la Constitución Nacional en el año 1994 contempla y protege el derecho a la identidad y los orígenes de niñas, niños y adolescentes. 

Anteriormente se destacaron algunas de las acciones de las Abuelas de Plaza de Mayo como la creación del Banco Nacional de Datos Genéticos en 1987 y la creación de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad en 1992. En 1983 las Abuelas formaron parte de la Convención Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y tuvieron una participación decisiva en los que luego se conocieron como los “artículos argentinos”, los artículos 7, 8 y 11, destinados a preservar la identidad, sus raíces y la historia de futuras generaciones de niñas y niños. El impacto social de este accionar interpeló a la sociedad y en especial a las formas de adopción. La historia de la adopción evoluciona sobre la base del mismo concepto de minoridad que se forja sobre la idea de la familia nuclear, el matrimonio y la concepción del hijo biológico. Se apoya en una red institucional y en una base jurídica que sostiene los beneficios del ocultamiento de sus orígenes al niño o niña creando la ilusión de un hijo biológico sustituto. Estas prácticas fueron interpeladas por lineamientos que defienden la red del sostén simbólico que supone la inclusión de los saberes y garantías de origen e identidad. La filiación por adopción puede ser simple o plena. Mientras que en la adopción simple se mantienen los lazos con la familia de origen otorgándole así al niño/a su derecho a conocer sus orígenes e identidad, en la adopción plena esos vínculos se destituyen. 

En el caso de Chile y España que también han sufrido históricamente la desaparición de personas y la apropiación de niños durante los regímenes dictatoriales de Pinochet y Franco, mantienen el régimen de adopción plena, mientras que en el caso de Argentina se sostiene un sistema dual de adopción simple y plena; y en algunos casos una tercera opción, que contempla la integración. 

El tema de la adopción está íntimamente ligado al tema de la identidad y la filiación. Estos conceptos nos interpelan desde el campo de la literatura infantil y juvenil con mucha fuerza. Recuperan los significantes que nos aportan las infancias en este sentido. Permiten que sus expresiones nos impacten y nos sorprendan, y que, por alguna razón particular, interpelen al mundo adulto en la que se juega la institución de la cultura.

La novela El jamón del sánguche, de Graciela Bialet, nos introduce directamente en las vivencias de una adolescente que ha sido adoptada desde los seis meses. 

El libro es en sí mismo un diario que ella recibe como regalo el día en que cumple quince años, y finaliza el día en el que cumple los dieciséis. La escritura de ese diario acompaña su crecimiento y su interés por ingresar en una nueva etapa de la vida reconstruyendo su identidad. Sus padres están separados y ambos volvieron a formar nuevas familias. Durante el transcurso de ese año esta adolescente volcará en las páginas de su diario sus experiencias y sus puntos de vista en relación con el lugar que le toca ocupar en esta familia, que describe con mucho humor como “el jamón del sánguche”, logrando encontrar la manera de reubicar sus vínculos, establecer nuevas relaciones y anudar algunos “cabos sueltos” desde su nacimiento hasta su entrada en la adolescencia.

La autora compone una red de relaciones complejas y le otorga a la adolescente el lugar de escritora de las páginas en las que el lector, como su diario, la escucha y la acompaña.

Desde lo estructural el formato de diario recupera algo del género de la novela de aprendizaje o iniciación ya que como lectores nos permite seguir la transición de la niñez a lo que será la vida adulta del personaje. La filiación va por la línea del nombre, lo heredado por transmisión y lo que organiza una estructura familiar integrada desde una visión social y comunitaria mucho más allá de lo biológico. 

Desde lo emocional la novela logra conmover al acercarnos los aspectos vulnerables y sensibles del personaje. Desplegando el sentido del humor y el tono poético la autora le otorga a Ceci, la protagonista de la historia, la voluntad de crecer afrontando el desafío de un origen incierto y la pertenencia a modelos familiares diversos. Con una mirada integradora Graciela Bialet nos acerca los conflictos de la juventud en el marco de una problemática socialmente comprometida.

Para seguir indagando con una mirada sensible sobre el tema me acerqué por recomendación de Mario Méndez a la película Joel, de Carlos Sorín. En este caso la problemática está narrada desde la perspectiva de una pareja que adopta a un niño de nueve años: Joel, que va observando con mirada atenta lo que le ofrece el presente desde un pasado que lo retiene como único soporte para poder dar un paso hacia el futuro. En el salto de la palabra a la imagen se incorporan otros recursos narrativos propios de la mirada cinematográfica. Las circunstancias son otras, el planteo es esencialmente dramático y el final es abierto. El punto de vista narrativo lo asume el ojo de la cámara que logra captar mucho más allá de las palabras, en las miradas y los gestos, los aspectos más conflictivos que se proyectan para la construcción de una nueva organización familiar. Tanto a la comunidad como a las instituciones les cuesta asumir la responsabilidad de acoger a la familia adoptante. 

Es que finalmente, tanto el hijo biológico como el hijo por adopción vienen a destituir al hijo ideal que se gesta en el imaginario colectivo. Esa ruptura se produce siempre y es el punto de partida para la aceptación de un vínculo que restituye mediante la filiación la continuidad del sentido de humanidad y de pertenencia al lenguaje y la cultura.


* Laura Inés Gutman, Intérprete titiritera y de música popular. Licenciada por la UNA en Artes del Movimiento. Egresada del Teatro Colón en Regiè y de la Escuela de titiriteros del Teatro San Martín. Docente universitaria en la Licenciatura en Musicoterapia UBA. 

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