jueves, 25 de agosto de 2016

Un caminito de palabras

El CAF Mitre es un Centro de Acción Familiar que depende del Programa Centros de Acción Familiar de la Gerencia Operativa -Desarrollo integral infantil- de la Dirección General de Niñez y Adolescencia del Ministerio de Desarrollo Humano y Hábitat del Gobierno de La Ciudad Autónoma de Buenos Aires. A través de actividades educativas, sociales y culturales orienta su trabajo a los niños y sus familias, apoyando y acompañándolos en los distintos aspectos vinculados con la crianza y bienestar del hogar.


Por María Laura Migliarino

La historia del CAF Bartolomé Mitre es muy larga, resumirla y contarla en pocas líneas nos lleva a recorrer un camino que se viene construyendo hace más de 40 años con el compromiso, el trabajo y el deseo de muchos de consolidar un espacio esencial para el desarrollo de la comunidad.
Un viernes de junio de mucho frío acordamos una reunión con Margarita Martínez, coordinadora general, con Alejandra D’ Avanzo, coordinadora pedagógica, y Mónica Morales, coordinadora asistencial del centro. Mate cocido de por medio y mucho tiempo para conversar dieron lugar a este relato que nos habla sobre la importancia del trabajo comunitario para la concreción de proyectos.
El CAF Mitre comenzó sus actividades como comedor comunitario en el año 1973. Gracias al apoyo de la parroquia María Madre de la Esperanza las mujeres contaban con un espacio para que sus hijos y los vecinos recibiesen un plato de comida diario, además de donde dejar a cuidado a los niños cuyas madres trabajaban.
Con el PEVE, el Plan de Erradicación de Villas de Emergencia de la dictadura, se cerraron todos los servicios de salud y educación barriales y “El Mitre” fue trasladado donde actualmente funciona el CAF Nº 8, provocando el movimiento de su personal que tuvo que acomodarse en otros servicios. Aún así, como la necesidad seguía existiendo, las familias volvieron a juntarse y armaron otro comedor que en el año 1981 obtuvo la planta funcional de un lugar que estaba ubicado muy lejos del barrio, en Once, pero que había cerrado y ya no cumplía tareas. Es por ese motivo que el CAF lleva el nombre de Bartolomé Mitre, porque la planta funcional provino de una institución que estaba ubicada en esa calle, en el centro de la ciudad. Nuevamente alojados en las instalaciones de la parroquia los espacios físicos se fueron adaptando con la posibilidad de albergar a los niños. Espacios divididos por tabiques de madera, la cocina en un pasillo… “Teníamos espacios muy reducidos, espacios multiuso para llevar adelante las distintas funciones. Pero con todas esas inclemencias que tenía el territorio igual trabajábamos porque siempre supimos que cumplíamos una función valiosa. No importaba el decorado, las características del escenario para cumplir esa función. Recuerdo que en un momento nos empezamos a plantear reacondicionar unos autos abandonados que estaban en la puerta para realizar las entrevistas de admisión con los padres. La demanda era enorme y no cabía para nosotros no hacer las entrevistas por la falta de espacio.”
Una de las curiosidades de esta historia es que si bien el terreno donde actualmente funciona el Centro tenía una ordenanza de construcción del año 1994 recién 10 años después logró su edificación. El gasto estaba dentro del presupuesto anual pero se cumplía el plazo, no se edificaba, y todo volvía un paso atrás. Es así como en el año 2004, y después de la gestión que se pudo hacer con los padres de los chicos, el personal y la comunidad, se logró el tan ansiado edificio. “Nosotros ni siquiera suspendimos las actividades el día en que nos mudamos. Estábamos a 8 cuadras de acá y las hicimos caminando. Esto se terminó un 13 de septiembre e inauguramos un 15 de septiembre. Dos días que nos internamos acá hasta el momento de la inauguración con baile, comida, autoridades.Una fiesta.”
Y fue ahí, cuando se empezó a vislumbrar el sueño de la casa propia, donde el proyecto de armar una biblioteca tomó impulso:
“Desde el día en que llegamos sabíamos que este espacio donde nos entrevistamos iba a ser la biblioteca y que iba a estar ambientada con producciones de los chicos. Siempre supimos, desde el primer momento, que la biblioteca y las paredes del CAF iban a estar ambientadas con sus producciones. Llegar y ver tus cosas colgadas en la pared te confirma, te habla de lo valioso que sos y de que en este lugar podés ser, podés crecer. Por eso es tan importante para nosotros el cuidado de la estética, es poder entrar y sentir que este espacio es tuyo porque hay cosas tuyas acá.”
Incorporar un espacio de biblioteca a las actividades no fue sólo por gusto personal; las profesionales cuentan que el CAF, decidido a escuchar las demandas de las familias, tomó nota de la necesidad de tener libros de texto para acompañar el trabajo escolar. Antes de la mudanza contaban con los libros que ellas mismas traían, con la colaboración de los parientes,y cuando por fin se instalaron en la actual sede se ocuparon de contactarse con instituciones y programas diversos con el fin de recibir donaciones para una población que en general no cuenta con muchos libros en su casa.
La biblioteca, nos cuenta Alejandra, surge por la necesidad de tener un contacto con los libros desde un ámbito relacionado con lo académico, con lo escolar, pero también por el disfrute de poder escuchar un cuento, por las ganas de los chicos de ponerse a escribir y darnos cuenta de que a lo mejor, para poder escribir y decir mejor, está bueno haber leído cómo dijeron las cosas otros. “Siempre hacemos un caminito de aproximación al libro, con actividades previas a la lectura que incluyen múltiples disciplinas. Porque no son solamente los libros, tratamos de vincular las historias leídas con otros aspectos de la vida: la música, el teatro, el movimiento. Tratamos de darle una vueltita más y que ellos se queden con más ganas.”
El CAF funciona como un equipo de fútbol y cada cual desde su profesión y ocupación se involucra para que los temas a trabajar sean abordados en forma integral. Todas las actividades apuntan a los chicos, las familias y el personal, y la sistematización y la seriedad con la que trabajan les permite compartir claramente cómo lo hacen: “Las actividades con los chicos las pensamos, las planeamos, las entramamos, las remamos, las disfrutamos y las aplaudimos entre todos. Todos los días en las salas de 3 y 4 años las educadoras cuentan cuentos y las sugerencias con las chicas pasan por orientar: sugerir un texto, una posibilidad de trabajo. Pero también está bueno que ellas puedan apropiarse y animarse a leer un cuento por el solo hecho de leerlo. En la sala de 3 y 4 nosotros nos despegamos mucho de la idea de utilizar la literatura para realizar un trabajo posterior. Las posibilidades de explorar el texto pasan tal vez mucho más por el cuerpo, por la posibilidad del movimiento que me permite el cuerpo en el momento de la escucha. Con los escolares es un poco diferente, podemos aspirar a otro tipo de producción. Trabajamos con la imagen y el texto, con películas, con distintos géneros, pero también hay momentos de los otros, del disfrute pleno que te da leer una historia.”
Uno de los ejemplos de integración del trabajo es el de la maratón de lectura anual que organiza una fundación y en la que la institución siempre participa: “Además de que los chicos y las familias lean, y de ambientar el lugar de acuerdo al lema, nosotros les leemos también a las chicas de cocina. Elegimos material que pueda ser de su interés, sobre alguna problemática o situación que pasa en el área, ellas también participan de la maratón.”
La biblioteca, expresan, va más allá de poder contar con una gran cantidad de libros. Dar la posibilidad de la lectura y la palabra es reconstruir la dignidad que en muchas ocasiones se encuentra menospreciada. Las paredes de la biblioteca hablan a través de los trabajos hechos por los chicos: “Para nosotros la literatura es parte de la vida y te habla de la vida. A partir de lo que vas leyendo te vas encontrando.  El texto se va tejiendo en la medida que lo vas leyendo y el que lee, teje y resignifica su vida. Se trata de montar un escenario que los corra de la dura realidad que a veces les toca atravesar. No es sólo el libro con la lectura. La lectura como motora de un montón de otras actividades y como promotora de la articulación de muchas cualidades que están pero no se les da lugar.”
“El CAF es un lugar de subjetivación, donde uno aprende a ser, a hacer, a vivir, a convivir, a conocerse y reconocerse valioso; importante, necesario, con derechos, con posibilidades, con fortalezas. Esa función es imprescindible y más allá de nosotras, cualquiera que pueda llevar adelante esa función, es absolutamente necesaria. Sabíamos que desde esta institución lo podíamos hacer, contra viento y marea, y en eso estamos.”
Así trabajan en el CAF Mitre, un trabajo serio que pone de pie a quien lo recibe.

CENTRO DE ACCIÓN FAMILIAR “BARTOLOMÉ MITRE”
Villa 20, Lugano
El CAF Mitre recibe a chicos entre 3 y 18 años. Los más pequeños asisten a jardín de iniciación y a partir de los 4 años los niños pueden acceder como tiempo a contraturno de la escuela. Otros eligen solamente participar del comedor y concurren a talleres y actividades comunitarias: teatro, tapiz, apoyo escolar, jornadas de juego, cinemóvil, taller deportivo y recreativo, entre otras.
Su equipo interdisciplinario cuenta con una coordinadora general, una coordinadora asistencial, una coordinadora pedagógica, psicóloga, profesor de educación física, educadoras, personal de cocina y personal administrativo.

Además del CAF Mitre la Ciudad de Buenos Aires cuenta con 6 establecimientos: el CAF Nº 8 y el CAF Nº 27, ubicados en el barrio de Villa Lugano, el CAF Nº 3 y el CAF Simón Bolívar, ubicados en el barrio de Flores, el CAF Nº 6, en el barrio de Retiro, y el CEMAI ubicado en el barrio de Barracas.

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