Sergio Aguirre: “Escribir y corregir. Corregir y corregir. Como decía Bioy, escribir es corregir”

Comenzamos esta charla con Sergio Aguirre con un acontecimiento feliz: acababa de recibir, ese mismo lunes, su último libro, una novela que le llevó mucho tiempo y que lo tiene muy contento: La más callada de la clase. Luego de esta suerte de inesperada presentación de la nueva criatura recorrimos toda su obra, sus gustos literarios, sus formas de escribir, sus métodos que fueron cambiando con cada novela. Un placer de charla.



Mario Méndez: Muchas gracias, Sergio, por estar acá. La verdad, una alegría.


Sergio Aguirre. No, gracias a ustedes y al taller por invitarme y por interesarse también en mis novelas. 


MM: Buenísimo. Hay varios escritores de las provincias que no he podido entrevistar en su momento, pero ahora sí. Esta es la única ventaja que dan la pandemia y la cuarentena. La posibilidad de encontrarse de esta manera. Primero voy a hacer una presentación más bien formal, porque muchas de las personas presentes te han escrito reseñas, y Ana Emilia Silva hizo un recorrido por toda tu obra. Sos un escritor cordobés que a veces parece inglés, que ha publicado no tantas novelas, en cantidad, pero sí de enorme calidad. Lo prueban los premios. Tu primera novela, La venganza de la vaca, tuvo el Accésit de Norma Fundalectura, Los vecinos mueren en las novelas, novela traducida y premiada, recontra leída en toda Latinoamérica, El hormiguero también es una obra muy muy interesante, y La señora Pinkerton ha desaparecido, recibió nada menos que el Premio nacional de literatura infantil y juvenil, período 2014-2017, entregado en 2018, cuando éramos tan felices y no lo sabíamos, cuando íbamos a entregas de premios y brindábamos, ay. Y la última, ahora nos vas a decir que es la anteúltima, El misterio de Crantock, que también tuvo reconocimientos internacionales. Sergio, sé por un pajarito editor, que hoy recibiste una nueva novela que acabás de publicar…


SA. Sí, la tengo en mis manos, la recibí hoy. Hoy es como un bebé. Se llama La más callada de la clase


MM: Lindo título. En Zona Libre, colección juvenil. Contanos algo.


SA: Les cuento. Estuve dos años escribiendo esta novela. Es la que más demoré en escribir y es la más larga. No puedo contar nada de la novela, pero sí puedo decirles que es un cruce de géneros. Es la historia de una chica que vive en un pueblo, de esos pueblos aislados sobre los que me gusta escribir a mí. Es una novela en primera persona y es una historia de intriga, fundamentalmente. De suspenso, de horror, que de alguna manera me obligó a meterme en el mundo más psicológico. De todas las novelas es la más psicológica, probablemente. Aunque no sea estrictamente un thriller psicológico. Eso es lo que les puedo decir. Me gustó mucho escribir esta novela. Yo siempre sostenía que la inspiración no existe, pero me parece que sí existe, porque me sentí inspirado todo este tiempo, me sentí feliz, a pesar de que me pasaron un montón de cosas… Enfermedades familiares, inconvenientes, y la cuarentena y todo lo demás. Con esta novela creo que sentí por primera vez que la escritura me rescataba y me hacía vivir una realidad paralela que me sostenía y que me daba felicidad, sentido… Me hacía perder el miedo al futuro a pesar de que todo era amenazante. Eso es lo que puedo decirles de esta novela, espero que les guste. Yo me divertí mucho escribiéndola. En algún sentido es diferente a todas, y en algún sentido es como todas. Puedo decir eso sin traicionarla. 



MM: Sí. Es difícil, sobre todo en las novelas de misterio y suspenso en las que te movés, contar sin traicionar, sin spoilear. 


SA: Sí, porque aun si contase a grandes trazos no serviría. 


MM: Pero la recomendás. 


SA: Sí, se las recomiendo. Espacialmente para los que son de nuestra generación. Porque la protagonista nace aproximadamente un año antes que yo. O sea que está impregnada de cosas que fueron de nuestra infancia. De los que ahora tenemos entre cincuenta y setenta. Que no es lo importante de la novela, pero forma parte. 


MM: Decías que te ayudó y te acompañó en este año difícil que estamos atravesando todos, ¿La empezaste durante la cuarentena o ya la venías trabajando de antes?


SA: No, la venía trabajando desde hacía mucho tiempo. Hacía más de un año que la venía escribiendo. Me pasó que una vez, en Medellín, adonde había ido por la Fiesta del libro, fuimos a una casa que era una suerte de hogar- escuela, abierto, para chicos de la calle. Los chicos, en lugar de estar en la calle, iban ahí y tenían actividades. Una suerte de refugio. Lo hacía una ONG, un proyecto muy lindo. Fuimos de visita con una ilustradora de España y no me acuerdo quién más. Y ahí, uno de los educadores nos presentó, dijo que escribíamos para chicos… Les contaron a los chicos qué hacíamos. Y uno de ellos me dice, así de la nada: “Escriba una novela que se llame “El más callado de la clase” …  ¡Guau! ¡Qué título! ¡Qué encargo! Porque el título me sedujo inmediatamente, y al mismo tiempo me parecía difícil que se me ocurriera algo que no estuviese más o menos trillado, recorrido. Ese título entró como en un limbo de ideas, pasaron unos años y siempre estaba con ese título que me parecía imposible, hasta que algo pasó. No podría decir qué. Si me pongo a pensar le voy a encontrar algún sentido, alguna circunstancia. Y voy a armar, seguramente, un relato sobre cómo fue que se me ocurrió la idea, porque ahora no lo sé. Fue cambiando mucho, nada me gustaba, pero estaba encaprichado con el título. Y de pronto se armó una historia, y después se armó otra cosa más. Así que fue como un viaje hacer esta novela. Y vivir en un estado como de entusiasmo, y la conciencia tranquila, porque hacía un montón de años que no escribía. Así que estoy muy contento. Es la que menos sufrí. La de la señora Pinkerton tampoco la sufrí tanto. Pero esta fue la que menos sufrí, y la que fui escribiendo, a diferencia de las otras, a instinto. Porque la estructura me parecía rara, me parecía que tenía un problema, que no lo voy a comentar, que me parecía sin solución. Y de pronto, ese problema, como suele suceder cuando se nos complica algo y parece que no se puede resolver, me abrió una cosa más todavía. Esa es mi experiencia con la novela. Qué bueno que esto queda grabado, así puedo decir, cuando dentro de cinco años diga otra historia sobre cómo fue, “Ah, mirá lo que había creído cuando recién terminé”.


MM: Va a ser como una fecha muy especial. La estás presentando el mismo día en que la recibiste.


SA: Exactamente. La presento hoy. Vamos a hacer una previa o un pre estreno de la novela. Puedo leer algo si quieren.


MM: Dale, nos encantaría. Vamos a hacer así: en el final, antes de irte, nos leés el principio de la novela. 


SA: Dale.


MM: Ya que estamos, uno pocas veces tiene oportunidad de ver el recorrido, casi la cocina, hasta el momento en que sale del horno, ¿Siempre tenés el mismo estilo, el mismo programa, la misma manera de trabajar? ¿O cada novela lo va marcando diferente?


SA: Cada novela lo va marcando diferente y por ahí pienso que mis circunstancias son diferentes a la hora de escribir cada novela. En el sentido en el que a veces me preocupa mucho la trama, el argumento y tener un plan, y otras veces, como en esta novela, es más como tirarme a la pileta. Eso en relación a cómo la escribo, digamos. A cómo se me va ocurriendo, cómo voy progresando de capítulo en capítulo. Yo recuerdo que Los vecinos… por ejemplo, la empecé por el capítulo número cuatro, que era lo que tenía más claro o tenía más ganas de escribir. El misterio de Crantock fue de una escritura simultánea, fui escribiendo todos los capítulos al mismo tiempo.  Mientras tanto iba pensando en las historias que conforman cada capítulo. Siempre ha sido diferente. Con ésta hice como una especie de guion, no sé cuánto tiempo estuve con el primer capítulo. Como El hormiguero. Puedo estar meses con un primer capítulo. No sé por qué no puedo avanzar. Lo leo y lo leo… eso me pasó con El hormiguero. Con esta empecé desde el principio y fui marchando de acuerdo a la necesidad. En algún momento pensábamos con Liliana, con quien la escribo, hacer en una cartulina un dibujo de los capítulos, que son muchos, muy breves, y no son exactamente capítulos, para tener un plan. Y más o menos, recién al año, yo ya tenía más o menos la mitad de la novela escrita, hice un borrador de la tercera parte. “Pasa esto, va a pasar lo otro y al final pasa esto”. Y después fue empezar a escribirla y corregir. Escribir y corregir. Corregir y corregir. Como decía Bioy, escribir es corregir. Ahora me da miedo leerla y arrepentirme de algún adjetivo. Ya hay un adjetivo del que me arrepentí. 


MM: Laura Linzuain, tu editora, acá presente, hace que no con la cabeza. Ya está, ya no se puede. 


SA: Ya está… Para terminar esta idea… Cada novela es cómo me agarre. Esta me agarró así, entusiasmado, más grande también, menos aquejado. Bueno… qué me importa… si me muero me muero, pero antes de morirme quiero terminar de escribir esta novela. Y ya está. En cada momento es diferente. En La venganza de la vaca me fui al campo y estuve tres meses encerrado, solo, hasta que la terminé y volví. Los vecinos… no. La escribí en la ciudad, me acuerdo, todas las noches, que eran noches febriles. Crantock, me corté a la mitad. Paré de escribir. Lo hablé con Liliana y me dijo si me parecía que ella se sentara y yo le dictara. Ahí empecé a trabajar con ella. Con El hormiguero estuve meses con el primer capítulo y ahora me pregunto cómo puede ser. Se ve que algo me trababa para seguir escribiendo. Y en todas las novelas hay un momento en el que me siento eufórico, erotizado con la historia que me encanta y me vienen las frases. Cuando terminé esta me siguieron viniendo frases, que podrían haber dicho los personajes, que estaban de más. No las hubiera puesto, pero me queda la cabeza que camina un tiempo, hasta que se precipita todo.


MM: Bueno, si Bioy decía que escribir es corregir, el amigo, ese señor que se llamaba Borges, decía que una vez que lo das a la imprenta, listo. Ya no corregís. Volvamos al principio. La venganza de la vaca es tu primera novela publicada. Es una novela juvenil que mandaste a un concurso, obtuvo un Accésit. ¿Cómo es que desembarcás vos, que no sos docente, que no trabajás con chicos, en la literatura para niños y jóvenes? ¿Cómo apareciste en este campo? 

SA: Bueno, yo trabajaba en el Neuropsiquiátrico, y en el ’95 se cayeron todos nuestros contratos. Por una de las crisis que tenemos. Yo venía trabajando en el taller literario del Neuro, hacía muchos años ya, como coordinador terapéutico. Siempre me había gustado leer y escribir cuentos cuando era chico. Cuando era adolescente escribía bastante. Después dejé de escribir. Y cuando se caen los contratos hay una historia, porque yo había concursado un cargo para la Dirección de Salud Mental. Yo lo había ganado, pero los concursos no se publicaban. Y el tema era que se publicaran, porque si no quedabas en la calle. Y yo trabajo desde los dieciocho años, no me entraba en la cabeza eso de levantarme un día y no tener que ir a trabajar. Me daba pánico. Y una vez paso frente a la Legislatura y veo que dice “Concursos”, y yo pensé que era por esos otros concursos. Y no, era un concurso de literatura, de cuentos; y de pintura y de fotografía, porque se cumplían los veinte años de democracia. Y pensé: ¿Si escribo un cuento? Tenía un premio de mil quinientos pesos. No tenía pensado ganar el premio, pero me pareció una buena cosa para hacer porque no tenía nada. Me acuerdo de que me compré un cuaderno y escribí un cuento, terminé y me puse a escribir otro. Después, ese cuento ganó, el otro ganó, y yo ya tenía ganas de seguir escribiendo hasta que consiguiera un trabajo. Y un día veo en La voz del interior, otro concurso, de la editorial Norma, para una novela juvenil de ochenta páginas. Yo pensé que cuando era chico leía novelas de misterio, y fue mi primera novela de misterio, con personajes jóvenes. Sería como una novela juvenil… Jóvenes, sin sexo… es juvenil. Así que escribí La venganza de la vaca recontra endulzado, envalentonado porque de la nada había ganado dos concursos en un año. “Esto es fácil”. Bueno, gana la novela, y qué lindo, pero de todos modos pensaba que se terminaba ahí la cosa. Hasta que Antonio Santa Ana me dice: “Y bueno, ¿qué vas a escribir ahora?”.  “No”, le dije. Y me dijo que yo tenía que seguir escribiendo y que podía vivir de eso. Yo ni siquiera sospechaba que pudiera transformarse en un trabajo. Y yo ya estaba con una idea de escribir cuentos, pero me había olvidado de lo juvenil. Tampoco tenía ganas de que fueran personajes jóvenes de nuevo y dije que iba a escribir una novela de misterio. No sabía si se iba a publicar o no, pero me daban ganas de escribir una novela policial inglesa, como tantas que me habían gustado. Y tenía una idea que me gustaba, que era linda. Dos personas encerradas en un lugar, no se conocen, y el lector sabe que uno va a matar al otro, pero no sabe quién a quién ni por qué, porque recién se conocen. Esa idea me daba vueltas. Lo empecé a escribir y le mandé un par de capítulos a Antonio que me dijo que sí, que tenía que escribir eso. Ahí comencé a escribir, y se terminó, y les gustó.

MM: Los vecinos mueren en las novelas es una de tus novelas más leídas. Si no la más leída. Profesoras de secundaria, amantes de la literatura juvenil, todos la hemos leído. Y, la pregunta del millón, que te la deben haber hecho mil veces pero que hay que hacer: ¿cómo esta novela, que de juvenil no tiene nada, es tan exitosa con el público juvenil? ¿Cómo ves vos ese fenómeno? 

SA: De hecho, nunca me hicieron esa pregunta. 

MM: Ah, bien… se ve que no se animan, pero hace un rato hiciste una descripción irónica: ponemos gente joven, no hay sexo, no hay violencia, es una novela juvenil.


SA: Era mi idea preconcebida de literatura juvenil en ese momento en el que no sabía nada. Cosas de misterio… Yo había leído Tom Sawyer detective, cuando era chico, o sea que el género estaba. Eso podía ser. Y la literatura infantil y juvenil es más que eso, ya lo sabemos. Es mucho más. La respuesta es simple: no lo sé. Porque yo pensé que no iba a tener éxito, no tenía ningún ingrediente de género. Yo me di un gusto. El que lo vio fue Antonio. Lo vio y se animó, y creo que desde Colombia la otra administración de Norma en esa época le bajaron el dedo, porque “¿esto qué es?”. Fue una visión de Antonio. Él vio eso, vio que sí, que era una novela para jóvenes. También, porque en realidad yo soy un escritor apto para todo público. Sí pienso en los jóvenes a la hora de escribir, porque, creo que ya lo he dicho, sí me preocupan la tensión, la intriga, la idea de lo que me había pasado a mí cuando era chico, que un libro me atrapara. Si uno piensa que el primer contacto con el libro que tiene el chico, que es muy probable que sea en el colegio, y me parece que tiene que ser lo más amable, lo más amigable posible. Para que ese primer encuentro, que es un encuentro decisivo, sea un buen encuentro, que no solamente depende del libro: depende del docente, depende de muchas cosas y de cada lector. Esa sí es una preocupación. Pero no se diferencia de ninguna de las otras preocupaciones al escribir cualquier novela, supongo yo. Lo que pasa es que me parece que la diferencia con la literatura para adultos a la hora de pensarlo desde este punto de vista, es que si un adulto lee una novela uno ya supone un lector, para empezar. Que uno no puede suponerlo si escribe para jóvenes, y para jóvenes que no elijen ese libro, sino que se los dan en el colegio. Ya hay un lector, que previamente está más o menos interesado, por experiencia, por referencia o por algo, en lo que uno escribe. Entonces me parece que hay como más espacio para otras cosas que están fuera de la experiencia de vida que puede tener un joven. Que no significa que uno a los jóvenes tenga que escribirles cosas que sean “de su edad”. Pero sí me parece que los elementos del relato deben tener algo que los jóvenes puedan entender. No sé si uno puede poner a un chico de catorce años a leer el monólogo de un tipo que reflexione sobre el amor, de alguien que está recién separado… Aunque también puede ser, se da, de hecho. (Se ríe). Pero hay formas y formas de tratar cosas, sentimientos o emociones de personajes. A mí nunca me importó, porque cuando yo era chico leía Agatha Christie, era muy elemental, la cosa pasaba por otro lado. Por la historia, que es lo que a mí me gusta. La historia, el argumento y todo lo demás es para acompañar la historia, me parece. El otro día me preguntaron qué temas me gustaban. Y me quedé pensando, porque en realidad a mí no me interesa ningún tema. Los temas dependen de la historia, y la historia me va a decir qué tono, qué temas, dentro de qué rango, qué pueden hacer los personajes, cómo tienen que ser los personajes. Para que hagan ciertas cosas y no otras que conduzcan a la historia. Nace así. Ahora me doy cuenta. Hace rato que me vengo dando cuenta, pero cada vez lo confirmo más.



MM: Me quedo con el principio: no sabés. Como no sabe la mayoría. Yo creo que Antonio tampoco sabe por qué dijo que esa novela podía andar. Y sin embargo anduvo. Y es una enorme suerte que haya andado, porque si es una puerta de entrada para lectores, y es una puerta de entrada para un género, lo hace como todos los honores, en mi opinión. Es una novela que perfectamente podría haberla escrito Patricia Highsmith, creo que alguna vez te lo dije. Y la escribió un cordobés que la ambientó en Inglaterra y yo me creo que es Highsmith, o Agatha Christie, o cualquiera, pero más Highsmith. Tiene una cosa perversa, que ahora pienso que quizá a los chicos los seduzca. 


SA: A lo mejor… Hablamos de Los vecinos… Muchos años después de escribirla, hablando una vez de por qué a uno le gusta escribir tales cosas y tales no, y uno siempre piensa en su educación sentimental, y en las cosas que ha leído y todo lo demás, creo que salió a raíz de El hormiguero; yo pensé en Quiroga, y pensé que lo que a mí me hubiera encantado escribir, hubiera dado cualquier cosa por escribir ese cuento de una página, es “Continuidad de los parques”, de Julio Cortázar. Y creo que Los vecinos… fue mi modo de escribirlo. Porque yo no sé escribir cuentos. Me parece eso. Así como El hormiguero es “La miel silvestre”, de Quiroga… Siempre relatos que me han gustado mucho y que no se me van de la cabeza. Relatos y películas. Me acuerdo de que cuando era chico vi una película con Peter Cushing, Donald Shuterland que era muy joven, sobre varios tipos que estaban haciendo un viaje en un tren, y cada uno empezaba a contar una historia. Y cada historia era una pequeña película dentro de la película. Al final se resolvía todo con el último tipo que contaba una historia, que era el ser más malvado, y no me acuerdo qué pasaba. Pero sí me impresionó que en una sola película hubiera varias historias, que se unían al final. Eso me acuerdo que me impactó mucho. Y eso lo reconozco en mis novelas. También hay una película con Lawrence Olivier, que era como una pieza de teatro que me había encantado. La vi en Canal 12 una noche… En Inglaterra, en una mansión, y todo lo demás. Por algo me acuerdo de esas cosas, y por algo siempre están presentes en las novelas. Creo en eso, en las ganas de crear eso que a uno le gustó tanto. Como supongo que debe ser para los músicos con la música y demás. 


MM: Muy probablemente, eso que vimos, o que leímos, o las dos cosas se nos hacen carne después. Es muy lindo eso que dijiste de que fue tu manera de escribir “Continuidad de los parques”. Ese es todo un título.



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