65 años de la muerte de Wimpi

Hoy se cumplen 65 años de la muerte del narrador y periodista uruguayo Arthur García Núñez, más conocido como Wimpi. En 1940 se radicó en Buenos Aires y trabajó en el diario Clarín y Radio El Mundo. Publicó tres libros de cuentos humorísticos breves. Lo recordamos con dos de ellos, que se encuentran en El gusano loco.


El gusano loco
Wimpi. Portada de Roberto Mezzadra.
Editorial Boracaba, 1953.

El gusano loco

Había una vez, hace mil millones de años, una colonia de gusanos cuyos individuos estaban adaptados a su medio en tal forma que podían considerar asegurados su mantenimiento y su conservación.

La adaptación, empero, no bastó para auspiciar mejoramiento alguno en las formas de vida. La adaptación constituyó un criterio tendiente a garantizar una utilidad y un reparo. La evolución, antes bien —“inestabilidad creadora"— fue el criterio que inauguró la libertad sobre la tierra; que permitió avanzar al pequeño latido elemental de la primera vida, a través de una espesura de monstruos, para que viniera a cobijarse en el corazón que ahora lleva en su pecho la Criatura del Destino.

Aferrados al medio, los adaptados fueron quedando atrás. Por fortuna, en aquella colonia reptante apareció un gusano rebelde.

 Se sintió incómodo en el sitio que a los otros les satisfacía, y se apartó de ellos. Sin duda habría querido que lo siguieran. Pero lo dejaron solo. Era el gusano loco.

De él —fundador de la libertad sobre la tierra— se valió la Naturaleza para culminar su obra en la gracia del sentimiento y en el milagro de la idea.

 ¡Loor al gusano loco!

Como la rosa está, ya, dentro de la semilla, dentro de él se preparaba una aurora de Franciscos, de Leonardos, de Galileos y de Colones

 

El Prófugo

"TODO lo que existe en la tierra es causa de miedo..." dejó dicho Bhartrihari, un sabio indio del siglo VI. El tipo es tímido, pesimista, vanidoso, escéptico, escrupuloso y se aburre, porque tiene miedo. Apoyarse en otro para poder confiar en el éxito de lo que va a hacerse es huir. Delegar en otro la responsabilidad de lo que se hace es huir.

Mientras trata de acomodarse el tipo siempre va en nombre de otro. Después de haber entregado la tarjeta, baja los ojos, raya el suelo con la punta del zapato, da vuelta el sombrero: -"Yo venía con esta tarjeta del doctor Fulano por una ubicación. Pretensiones, por ahora, mayormente, no tengo. Se trataría de cualquier cosita para empezar, como dice ahí..."

Cuando el tipo ya está acomodado, siempre manda a otro:

 -"Usted vaya y dígale que es una bestia. A ver ¿cómo le va a decir?"

- "¡Usted es una bestia!"

-"Muy bien, pero dígaselo como cosa suya ¿me oye?"

Cuando alguien le va a pedir una garantía dice que no puede darla por los compromisos que tiene con el socio. Si la garantía se la pide el socio, dice que no puede por los compromisos que tiene fuera de la sociedad. Y cuando trabaja solo, pone un aviso en los diarios pidiendo un socio.

El socio es una cosa que el tipo usa o para encerrarse o para disculparse. Otras dos maneras de huir. Encerrándose, el tipo escamotea su actitud a toda posibilidad de ajena discriminación. Y cuando da explicaciones trata de demostrar que el otro entendió todo lo contrario de lo que él se proponía hacer, para poder hacer, mientras el otro se entretiene oyéndolo, lo que realmente se propone.

La viveza es una fuga que se nutre de fuga así misma. El vivo saca ventajas huyendo de la zona de influencia de la atención del otro, pero cuando el otro se da cuenta, tiene, el vivo, que disparar para que no lo alcance y obtener ventajas más adelante a fin de mantenerse a salvo, con lo cual quedan afectados otros que, al darse cuenta, a su vez, se ponen también a seguirlo. El tipo multiplica, entonces, sus medios de fuga; cruza a la vereda de enfrente, hace decir que no está.


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