3155 o El número de la tristeza

Se cumplen 42 años del golpe militar del 24 de marzo de 1976. Libro de Arena conmemora el Día de la Memoria, con un fragmento del cuento “3155 o El número de la tristeza” de Liliana Bodoc, en el que tres lectores de “Un elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann, narran lo que a cada uno le sucede desde el momento en el que se enteran de que figura en la lista de libros prohibidos. El relato están incluido en la antología La historia se hace ficción 1. El Programa Bibliotecas para Armar le agradece a  Laura Leibiker, del Grupo Editorial Norma, por la generosidad de haber autorizado la publicación.


3155 o El número de la tristeza, de Liliana Bodoc

       Por decreto Nº 3155, publicado el 13 de octubre de 1977,
       fue prohibida la distribución, venta y circulación de un libro
       para niños. Dicho de otro modo, amordazaron a un elefante.

Y hubo una madre.
La mía. Ella era asustadiza. Mala, no. Asustadiza. Esa tarde entró a mi dormitorio y se puso a revolver los estantes.
-¿Dónde se metió? -decía para sí misma.
-¿Qué buscás? -pregunté.
-Ese libro que te regalaron para el cumpleaños. ¡El del elefante!
Sabía que mi mamá no podía estar buscando el libro para leerlo, porque siempre tenía cosas mucho más importantes que hacer. ¡A ver si iba a perder el tiempo con tonterías!
Entonces, ¿para qué lo buscaba?
-¡Acá está! -dijo. Y miró al elefante de color violeta y pantalones rayados como si estuviese frente al demonio.
-¿Para qué lo querés? -pregunté.
Ella me respondió mientras se iba, por eso pensé que no había entendido bien. No pudo haber dicho “para quemarlo”. No pudo haber dicho eso. La alcancé en mi cocina y volví a mi pregunta.
-¿Para qué, mamá?
Se dio vuelta y me miró con expresión severa.
-Para quemarlo, Mariana. Para quemarlo.
Antes de preguntar alguna otra cosa, necesitaba entender. Y la verdad, yo no lograba hacerlo. Mi mamá se detuvo apenas en una explicación.
-Lo prohibió el gobierno. No se puede tener en casa ni en la escuela. ¡Mucho menos leerlo! -y agregó-: No me explico cómo tu tía te regaló una cosa así.
-Es lindo -le dije. Hay muchos animales que quieren volver a ser libres…
-¡Ni me hables!
Mamá buscó los fósforos, en los que tres patitos se alineaban en formación estricta, y caminó hacia el patio. Yo fui detrás. Era tan evidente su determinación que ni siquiera me atrevía a pedirle que no lo hiciera. ¿Por qué prohibían un libro? A lo mejor contagiaba alguna enfermedad. Me pasé las manos por la pollera.
Mientras tanto, mi mamá había puesto el libro en un fuentón de aluminio. Me gustaría decir que le temblaron las manos, pero la verdad es que no fue así. Ni las manos ni los ojos. Más bien me pareció que se sentía importante. Miró su obra durante un rato, y se fue. Una frase del cuento me vino de pronto a la cabeza.
-¿Qué disparate es este? ¡A las jaulas! -y los látigos silbadores ondularon amenazadoramente.




La historia se hace ficción I
Textos de Liliana Bodoc, Federico Lorenz, Hinde Pomeraniec, María Inés Falconi, Mario Méndez y Ana María Shua.
Kapelusz Editora, Grupo Editorial Norma, Serie Narrativa Histórica, 2016.


Comentarios

  1. esta bueno
    pero largo

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  2. Me gusta el cuento No lo hizo tan detallado y me atrapó de primera 😊

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  3. Porque cambia la letra en el libro alguien me puede decir?

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  4. Respuestas
    1. hay dos voces narradoras, en un inicio es la hija, luego la madre, cuando al final sorprende con "miró su obra.." la obra es la de Bodok , es autorreferencial. Termina el cuento citando al cuento que estaba quemando. Por eso la cursiva.

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