viernes, 28 de junio de 2013

Un poema para Ana

Como cierre de la Semana de homenaje a Ana Frank Libro de arena publica un poema de Versos de un ciclista judío, de Eliahu Toker acompañado del comentario de María Pía Chiesino.


A Carina de once años 


Mi hija desborda las ropas infantiles 
y se encorva para retener su huidiza infancia, 
pero el cuerpo se le echó a crecer 
hasta quedarle grande. 
Desconcertada, atina apenas a acomodar los brazos 
en los propios brazos 
y las piernas en las nuevas, largas, 
que temen y ansían caminos inquietantes, 
una mano tomada de las nuestras 
y con la otra alisándose las tiernas, escandalosas alas. 




Por María Pía Chiesino



Cuando abrí el libro de Toker, en esta semana de homenaje a Ana Frank, éste fue el primer poema que vi. Un poema dedicado a una hija que crece. Sentí una profunda tristeza. No pude no pensar de inmediato en dos cosas: en primer lugar, en el padre de Ana Frank, que no tuvo la suerte de ver crecer a su hija. Y en segundo lugar, lo asocié con las menciones que la propia Ana hace en su Diario acerca de su cuerpo y de sus vestidos.
A medida que va pasando el tiempo de encierro, a Ana le quedan chicas las ropas. Las polleras muy cortas. Las camisas o los abrigos,  cortos de mangas.
Llega un momento en el que la ropa le incomoda de tal manera, que, una de las mujeres que ayudan a ocultar a la familia, sugiere la posibilidad de sacarla del refugio una vez, para comprarle ropa. Cuando se piensa en las posibles consecuencias, esto se descarta.
A Ana Frank el cuerpo le iba quedando cada vez más grande, igual que a la niña del poema de Toker. Igual que cualquier niña, Ana necesitaba de esas “alas escandalosas” que le permitieran pelear, discutir, despegarse de la familia. La única manera de tomarla de la mano que tenían sus padres era la de “cuidarla” (y cuidarse entre todos)  en el refugio. No era una familia que viviera de manera normal. No iba a  ser normal el crecimiento de Ana. Está claro en el Diario, que Ana necesita volar.
Pero en la Holanda ocupada por los nazis, y en ese encierro insoportable, en el que tenía que ver a sus padres todos los días, todo el día las únicas alas posibles fueron las de la escritura que la hicieron eterna.                                                                    



Eliahu Toker
Versos de un ciclista judío
Buenos Aires, Dunken, 2001









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