Los trabajos del amor


Si bien todos los días del año tratamos de relacionarnos de la manera más amorosa posible con los demás y con nuestro trabajo, Septiembre es el mes en el que Bibliotecas para armar se dedica al amor en toda su diversidad. A partir de esta idea, le pedimos a la escritora Florencia Gattari que escribiera algo sobre el amor y sus diferentes manifestaciones. Florencia nos envió este texto que compartimos con ustedes:




Del amor, los subproductos. Las esquirlas.

Hace tiempo fui a una exposición en el Centro Cultural Kirchner. Se llamaba “Cuídese mucho” y era de una artista francesa, de nombre Sophie Calle. Sophie había tenido un novio, un amante. Que la había dejado. Por mail. El texto del mail estaba disponible al comienzo del recorrido y a mí me pareció una canallada. Pero eso es lo de menos. La última línea de la carta era el título de la instalación: “cuídese mucho”.

Con el desconcierto, con la perplejidad, Sophie Calle construyó su obra: “Les pedí a ciento siete mujeres elegidas por su profesión o habilidades que interpretaran esta carta, que la analizaran, la comentaran, la cantaran, la bailaran, la agotaran. Era una forma de darme tiempo para cortar, una manera de cuidarme”.

En la muestra se suceden pantallas y paneles con textos, donde conviven rara y bellamente Misia tratando de cantar el correo como un fado y rindiéndose (dice algo como que el fado reclama una poética, y que con esa carta no hay caso), el resultado de una pericia psicológica, Victoria Abril leyendo en camisón y haciendo comentarios pretendidamente ingenuos desde su cama, una nota de rechazo editorial, el mensaje de texto que envió una nena (“este tipo se cree un montón”), el video de una mano femenina que le acerca el papel a un loro (¿una lora?), que lo picotea hasta tragárselo. Del amor, las muchas versiones. El malentendido.

Bastante más acá, con un escenario ciertamente más modesto, digamos: en el baño de mi casa, tuvo lugar esta otra escena.

Mi hija y su amiga tienen seis años, las fui a buscar al colegio y acabamos de llegar a casa para almorzar. A F. se le cayó un diente en el camino. No está contenta. No sabe si está contenta. Lo mira, se toca el hueco en la boca con la lengua. Apenas entramos se van al baño y se suben a la tapa del inodoro para mirarse en el espejo.

F. prueba volver a ponerse el diente donde iba y niega con la cabeza. Después dice muy seria: “quisiera que todo fuera como antes”.

La veo a mi hija en el reflejo. La misma cara de extremo cuidado que cuando hace equilibrio en los bordes de los canteros. La noción de estar pisando un lugar frágil en el otro. Una demora en la respuesta.

“No se puede”, dice finalmente, inspirando profundo, “pero igual así estás linda”.
Corte. Escena dos, cocina: los ponis también comen milanesas. Solemnidad: ninguna. Eficacia: alucinante. Del amor, la compañía. La ternura.

En una entrevista, Sophie Calle cuenta sobre su exposición: “…es solamente una carta, no es mucho. Después, es el trabajo alrededor”. Pienso en mi hija. Pienso en mi vida. Pienso en lo que escucho en el consultorio. Es difícil decir algo sobre el amor, pero vengo entendiendo algunas cosas de esos trabajos que hacemos alrededor.

Sé que los trabajos alrededor del amor son siempre inéditos. Que hay que inventarlos: uno por uno, para cada vez. Sé que esos trabajos son a veces para el otro, y son siempre para uno, incluso si el otro no se entera. Que a la canallada se le responde primero saliendo de su órbita y después haciendo cosas nuevas, otras, geniales. Y que a las amigas se les responde poniendo el cuerpo.

O justo lo contrario, o más o menos, u otra cosa. Porque vuelvo al punto: hay que inventar todas las veces. Hermoso. Agotador. Inquietante. Brindo por eso.


Florencia Gattari nació en Buenos Aires en 1976. Estudió la Licenciatura en Psicología y actualmente se dedica al psicoanálisis y a la escritura. Algunos de sus títulos son Historia de un pulóver azul, Los sueños de la bella durmiente Navegar la noche.

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