COCO EN BLANCO Y NEGRO

Compartimos una reseña más, de despedida, de un libro de nuestro reciente entrevistado Fabián Sevilla, que tuvo las ilustraciones de Juan Chavetta, que editó Planeta y que, luego de esta reseña, dan muchas ganas de leer.


Por Olga Beatriz Kennedy*


Candela está muy enojada, hecha “una tigresa” con su mamá. A su hermanita comenzó a llamarla gilastruna… justo a Meli, con lo que se divertían hasta hace poco. Es que la vida dio un giro a raíz de la separación de sus padres y ahora no les perdona semejante cambio, no sabe manejarlo y transforma su dolor en maltrato. Acaban de mudarse las tres a una casa antigua, nada le gusta, le parece salida de una peli de terror. Queda lejos de la plaza adonde se encontraba con sus amigas, también de su escuela, ahora tendrá que tomar colectivo. No le atiende el teléfono a su papá, contesta con monosílabos y decide elegir el cuartito del fondo, alejada de todo. En aquella habitación llena de trastos y cachivaches, tendida sobre su cama, comienza a escribir en su “anotador de las cosas que se me ocurren”, en el que lleva un balance de aquellas que perdió y las que va a ganar y todo lo que siente y no le cuenta a nadie. De pronto y “sólo porque ese tipo de cosas pasan”, descubre, colgada en la pared, una foto en blanco y negro de una familia: papá, mamá, una niña y un niño, todos sonrientes, pero sobre todo aquel pequeño, como de unos diez años, de camisa blanca y moño a lunares y esa sonrisa que tanto le molesta a Candela. La foto es la imagen de la familia que ella ya no tiene y entonces, llevada por una mezcla de angustia y envidia la rompe en mil pedacitos, sin imaginar el resultado de esa reacción… El niño de la foto en blanco y negro, el de otra época, el hijo de inmigrantes italianos, Coco, ¡¡inexplicablemente está allí!! Cabe en la palma de su mano, habla raro, con acento, le cuenta de su nona, de Giordana, la hermana con la que va a la matinée del Coliseo, y comienza a angustiarse cuando se da cuenta que está en otro tiempo, con una niña que no conoce y extrañando a su familia. Candela no sale de su asombro, tendrá que afrontar las consecuencias de su arrebato, ayudar a Coco a regresar a la foto, a su vida, pero… ¿a cuál?, ¿a la de los diez años o a la actual?, ¿a quién le pedirá ayuda si está enojada con toda su familia?, ¿qué aprenderá de ese niño del cual sabrá no solo su pasado, sino su futuro? (que es el presente de Candela) ¿complicado, no? Original y atractivo.

Fabián Sevilla nos cuenta la historia de Candela y Coco partiendo de la base de que todo puede ocurrir, que a veces las cosas no tienen demasiada explicación, solo suceden y pueden modificarnos, hacernos cambiar de actitud y valorar lo que tenemos. Con un lenguaje llano, agradable y con toques de humor nos cuenta detalles de un tiempo pasado, de familias de inmigrantes que llegaron al país y trajeron sus costumbres, sus comidas, sus sueños. Nos pinta toda una época, la de la foto, esa de la que Coco salió involuntariamente para convertirse en una especie de conciencia o diminuto consejero para la niña, que en el afán de ayudar a su amigo también irá aprendiendo la importancia de no equivocar el camino, de no perderse a los afectos y tratar de “arreglar a tiempo lo que está roto”. Un párrafo aparte para “el anotador de las cosas que se me ocurren” de Candela, que es muy mala en ortografía. Está llena de palabras mal escritas tachadas y luego corregidas al lado y de una manera divertida, al leer, nos lleva a un ejercicio de gramática cada vez que aparecen las páginas del cuaderno.

Una historia atrapante, sobre todo porque desde las primeras páginas los lectores comenzamos a preguntarnos de qué manera se solucionará ese salto de época y nos encontramos con un bello desenlace que no defrauda y nos deja pensando. ¿Un libro para niños y adolescentes? No. Un libro para la familia.

                                                                                                                         

Fabián Sevilla: Escritor y dramaturgo argentino, oriundo de Mendoza. Ha publicado en editoriales de Argentina y de otros países como Chile, Brasil, México, Colombia, Costa Rica y EEUU. Con su novela El viernes que llovió un circo ganó el premio Barco de Vapor 2013. Colaboró con diversas publicaciones para niños y niñas, tales como Billiken, Imaginaria y Alfabeto. 

Algunas de sus obras: El viernes que llovió un circo, Sangre de arena, Manzanas de fuego, Marimanta en las nubes, La calesita voladora y otros cuentos de maravilla y muchos más.

Juan Chavetta es un reconocido ilustrador argentino, nacido en Zárate, provincia de Buenos Aires, Argentina. Creador de Puro Pelo, entre otros personajes.


*Olga Kennedy participa desde hace años del taller literario coordinado por la Prof. Ana Tripi en la Biblioteca Popular Bartolomé Mitre de caseros, Prov. de Buenos Aires donde integró  la C. D. de la biblioteca.

Participó con sus escritos de tres antologías publicadas por el taller y una de sus obras fue seleccionada por ACATREF para formar parte de un libro homenaje a Ernesto Sábato en 2014. También formó parte de otras tres antologías auspiciadas por la Municipalidad de Tres de Febrero.


Coco en blanco y negro
Fabién Sevilla. Ilustraciones de Juan Chavetta.
Planeta, 2020.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

“Esa mujer”, de Rodolfo Walsh, por Ricardo Piglia

No hay más que candados para Helena, de Esteban Valentino

3155 o El número de la tristeza