Vacaciones de invierno con Alicia y sus maravillas



Por María Laura Migliarino


¡Alicia! Toma esta historia infantil
y con dulce mano ponla
donde los sueños de la Niñez se abrazan
en el místico lazo de la Memoria,
como marchita guirnalda de peregrino,
recogida en tierra lejana.
Lewis Carroll


Cuando una tarde de 1865 Lewis Carroll paseaba en barco por el río Támesis, junto el reverendo Robinson Duckworth, y las tres hermanas Liddell (Lorina, Edith y Alice), jamás imaginó que la historia que estaba gestando allí se convertiría en una de las novelas de la literatura infantil más importantes del siglo XIX y, mucho menos, que 152 años después, en un remoto lugar de América del Sur, un Programa dedicado a promover la lectura elegiría a su mentada Alicia en el país de las maravillas como tema central de todas las actividades programadas para pasar unas vacaciones de invierno en muy buena compañía.



Por su gran impacto social y cultural, las aventuras de Alicia ocupan un lugar privilegiado en las estanterías de las bibliotecas públicas y los hogares familiares, y ese impacto, tal vez, se encuentre relacionado no solo por el tratamiento lúdico que Carroll hace del texto, sino también porque ha sido una de las primeras novelas pensadas y escritas para la infancia. Entonces, si la llegada de las vacaciones de invierno suponen un momento de distensión y diversión, nada mejor que compartir con los niños y niñas que asisten a las Bibliotecas Comunitarias de la Ciudad, una serie de propuestas de lectura y juego para recrear el universo de un novela maravillosa.



Durante dos semanas, del 17 al 29 de julio, niños, adolescentes y también adultos participaron de una serie de propuestas que invitaban a caer dentro de una madriguera para atreverse a jugar en la biblioteca. Así, los adultos mayores del Centro de Salud Mental "Arturo Ameghino" viajaron por los recuerdos de la infancia para encontrarse con sus primeras lecturas; los adolescentes de la Casa del Niño de La Boca descubrieron que la verdadera Alicia no era rubia como la de las películas; la sala de espera del CeSAC Nº 12 fue un público estupendo -y muy serio- a la hora de escuchar las narraciones protagonizadas por un gato risueño; los niños del CAF Mitre eligieron a su personaje favorito y dieron vida a conejos de lana y fieltro; las mamás, junto a sus niños, del CeSAC Nº15 crearon canciones de cuna inspiradas en el nonsense. Hubo también juegos de obstáculos con acertijos, espejos, naipes, laberintos, y muchas, muchas versiones y adaptaciones ilustradas junto a los libros troquelados, en la organización "La Andariega" del barrio de Barracas, el Club Nueva Chicago, del barrio de Mataderos, y los Centros de Salud Nº 27 y Nº 35, de Saavedra y Villa 21-24.



Al igual que la protagonista de la historia, esta semana despertamos del sueño. Aún quedan los ecos de lo vivido y la posibilidad de caer nuevamente en otra madriguera.

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