Las cartas de Emily Dickinson
La vida y la obra de Emily Dickinson fueron un misterio para sus contemporáneos. A pesar de tener una producción poética extensa, la gran mayoría se publicó después de su muerte. A esto se agrega la resolución personal de vivir encerrada en su casa, a las que accedían unas pocas personas de su confianza, por las cuales nos enteramos además, de que se vestía permanentemente de blanco. Después de su muerte su hermana encontró en su habitación, cuarenta libros encuadernados a mano, en los que estaba la gran mayoría de su producción poética. También llegaron hasta nosotros, muchas de las cartas que envió a sus amigos y familiares, y a través de esta correspondencia, pudimos conocer aspectos de la vida de alguien que eligió apartarse del mundo siendo muy joven. Una de las destinatarias de sus cartas fue su cuñada, Susan Gilbert Dickinson. Elegimos compartir tres, la última y más extensa escrita con motivo de la muerte de su sobrino, de ocho años.
Hermana
Debes dejar que yo vaya primero, Sue,
porque yo vivo en el Mar siempre y conozco el Camino.
Me hubiera ahogado dos veces para evitar
que tú te hundieras, querida, si sólo hubiese podido cubrir tus Ojos para que
no vieras el Agua.
(alrededor de marzo de 1865)
(alrededor de marzo de 1865)
(alrededor
de marzo de 1865)
Querida Sue-
A excepción de Shakespeare, tú me has
revelado más conocimiento que cualquier ser viviente- Decir eso sinceramente es
una extraña alabanza.
(1882 aproximadamente)
Querida Sue-
La Visión de la Vida Inmortal ha sido
cumplida - ¡Cuán simplemente al fin llega la profundidad! Encontramos que es el
Pasajero y no el Mar quien nos sorprende -
Gilbert se regocijaba en los Secretos -
Su vida latía con ellos- ¡Con qué
amenaza de luz gritaba: “No lo digas, Tía Emily”! Ahora mi Compañero de Juegos,
ya ascendido, debe instruirme a mí. ¡Enséñanos Preceptor parlanchín, sólo el
camino que conduce a ti!
Él no conoció momento mezquino- Su Vida
estuvo llena de Dones- Los Juguetes de los Derviches no eran tan apasionantes
como los suyos -
Esta Criatura nunca tuvo una creciente –
Vino desde la Plenitud -
Los que son como él se elevan, mas nunca
tienen ocaso –
Los veo en la Estrella y encuentro su
dulce velocidad en toda cosa que vuela – Su Vida fue como el Clarín, que se
devana lejos, su Elegía un Eco – un éxtasis su Réquiem –
Amanecer y Mediodía en uno.
Por qué motivo debía él esperar, privado
sólo de la Noche que dejó para nosotros –
Sin ninguna especulación, nuestro
pequeño Ayax abarca el todo –
Pasa a tu Cita
de Luz
Sin dolor sino
para nosotros
Que lentamente
vadeamos el Misterio
Que tú has cruzado de un salto!
Emily
(comienzos de octubre de 1883)
Editorial El otro el mismo, 2006
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