El escritor y su enigma. Guía para entrar al universo Aira y a sus 102 novelas

César Aira es el escritor argentino vivo más admirado del mundo. No da notas aquí. Pero se puede sobrevolar su misterio.

Una montaña de libros. En lo que va de 2018, Aira ya publicó tres novelas más.


Por Miguel Frías


Entre otras mitologías que lo rodean, César Aira, el escritor argentino vivo más venerado y cuestionado, tiene fama de ser un autor sólo para lectores sofisticados. Su amigo y colega Ricardo Strafacce opina distinto y lo fundamenta: “Es fácil entrar en la obra de César Aira, si uno se libera de prejuicios. Los que no suelen leer literatura creen que en los libros, en general, van a encontrar algo ‘importante’. Los que leen con frecuencia suponen que la literatura es insuficiente y debe remitir a otras áreas: a la filosofía, a la historia, a la sociología, al psicoanálisis. Si uno prescinde de esos dos prejuicios, que en realidad son el mismo, está listo para disfrutar de Aira, de entrar en sus cuentos de hadas dadaístas, de vanguardia. Hay que leerlo con inocencia y felicidad, como cuando éramos chicos. Para Aira, la literatura es más importante que casi cualquier otra cosa”.

Strafacce habla en el Varela Varelita, su segunda –o primera– casa. En ese bar mágico de Scalabrini Ortiz y Paraguay, cada tanto se reúne con Aira. Ahí, entre artistas jóvenes y ajedrecistas, constatamos, primero, que Aira existe: habíamos llegado a suponer que era una invención literaria, incluso suya. Datos: es el escritor nacional más admirado en el mundo (traducido a unos 30 idiomas); desde 1981, saca un promedio de casi tres libros al año (en 2018 ya llegó a esa cifra, no descartamos que la supere antes de la salida de esta nota); suena fuerte para el Nobel; no da entrevistas en la Argentina (sí afuera); publica, sin lógica aparente y sin preanuncios, en editoriales multinacionales o en sellos chicos o ínfimos; algunos lo consideran un autor de gueto, seguro de culto, aunque sus novelitas (así las llama él) sean accesibles, según Strafacce.

En silencio. No da entrevistas en la Argentina.“Aira es engañosamente sencillo –nos alerta Martín Kohan–. Yo doy un curso de literatura argentina para extranjeros: Borges, Cortázar, Arlt, todo bien; pero al llegar a Aira hay desconcierto. No porque resulte difícil sino porque a algunos les parece una pavada: un peligro bastante común. Aira combina sofisticación con sencillez y señala una tradición: la de la excepcionalidad, aunque parezca paradójico. Opera sobre la literatura a través del vértigo. Sus historias tienen un efecto de aceleración: se precipitan hacia el final. Y cada libro se dispara hacia el siguiente. Uno puede leer algunos de los mejores, como Ema, la cautiva, La liebre, El tilo o Cumpleaños, y aun así no dar con él. No hay un modo de empezar a leerlo, sólo se puede avanzar. La operación de Aira sobre la sucesión de sus libros le da un carácter desbordante e inabarcable. Es imposible seguir su obra entera, salvo que uno esté loco, como Strafacce.”

Strafacce fue el que informó que El gran misterio, publicado en Blatt & Ríos en marzo, era el centésimo libro de Aira. Con esa cifra redonda, terminó César Aira, un catálogo, una guía para lectores que le había llevado seis años. Pero la edición se demoró un poco y, entre medio, su amigo sacó dos libros más: Prins (de la multinacional Random House) y Un filósofo (del sello rosarino Iván Rosado).

Francisco Garamona, director de Mansalva, que editó el libro de Strafacce y muchos de Aira, opina: “Decir: ‘Esta novela de Aira es buena, esta es mala’ es una tontería. Su obra es monumental y conforma un todo. De la obra maestra de un pintor no se diría: ‘Este trazo es bueno, este trazo es malo’. Aira es un artista conceptual; su literatura excede la escritura”. Los contratos de Garamona con Aira son apenas un apretón de manos; el escritor cede sus derechos para que el editor invierta en autores nuevos o desconocidos.

"Doy un curso de literatura argentina para extranjeros: Borges, Cortázar, Arlt, todo bien; pero al llegar a Aira hay desconcierto." Martín Kohan

Historia de dos ciudades. Aira nació en Coronel Pringles en 1949. De joven se instaló en el barrio de Flores, donde todavía vive. Muchas de sus novelitas, según sean rurales o urbanas, están ambientadas en esos dos lugares, y suelen incluir datos de la realidad, aunque no sean realistas. Escribe siempre en bares, con lapiceras –una de sus debilidades–, en cuadernos.

Existe el mito, alimentado por él, de que no corrige. “Desde lo estilístico, no es excesivamente minucioso, como sí puede serlo Saer. A pesar que Saer tiene muchos más errores que Aira, quizás de tanto corregir. A César tampoco le gusta contrabandear temas de su interés, como las artes plásticas, en su literatura. A diferencia de Cortázar, no necesita demostrar que es culto. No necesita nombrar pintores, aunque los conozca a todos mejor que Cortázar a los músicos de jazz”, lanza Strafacce.

César Aira, al recibir en Chile el Premio Iberoamericano de Narrativa Manuel Rojas. Fue el 21 de noviembre de 2016.

El escritor y editor Damián Ríos, del sello Blatt & Ríos, agrega: “Sus ficciones, a diferencia de sus ensayos, no exigen un entrenamiento previo. Tiene una prosa cristalina; sólo hay que leerlo con atención, porque apuesta por la sucesión de peripecias, los giros inesperados, las salidas delirantes. Su inspiración viene del comic y los superhéroes. El protagonista de El gran misterio es un inventor. Le gustan los genios, los magos, los grandes creadores. Tiene humor y entretiene. Te transporta a universos diferentes, por afuera de toda coyuntura y de nuestras vidas mediocres. El dice que hace literatura de evasión. Para eso leíamos cuando éramos adolescentes, para salirnos de este mundo”.

Aira entusiasma a los lectores jóvenes. “Las nuevas generaciones lo tienen como una referencia fuerte”, asegura Ríos. El único problema es que así se multiplican los imitadores de Aira, si imitarlo es posible.

Strafacce explica: “El dice que hay que escribir libros nuevos, que ya hay suficientes libros buenos. César no intenta ser mejor que Balzac, uno de sus escritores favoritos. Intenta hacer algo distinto a todo lo escrito”. Para imitar a Aira habría que empezar por no parecérsele: la mímesis sería, entonces, imposible o incomprobable. Garamona asegura: “Aira es el último maestro de la vanguardia del siglo XX, el último gran escritor surrealista del mundo”. La descendencia directa parece descartada.

Sí hay lectores que hacen de la devoción por Aira un rasgo snob. Strafacce aclara: “Su literatura es antisnob. En la novela La princesa Primavera, el narrador sostiene que los lectores de best sellers son mucho más puros, mucho más buenos que los de literatura. Leen por simple placer, mientras que los de literatura lo hacen para dar clase, para escribir ensayos o para sentirse cultos. Por supuesto que César sabe que el best seller es basura”.

"Aira dice que hace literatura de evasión. Para eso leíamos cuando éramos adolescentes, para salirnos de este mundo". Damián Ríos

Aira tiene 69 años y, dijimos, buena llegada a los jóvenes. Algunas razones ya fueron más o menos expuestas. Kohan va más allá: “Podemos pensar en Aira en términos de juvenilismo. Su propia imagen parece detenida en el tiempo, desde los ‘80 hasta ahora. En el mundo literario el concepto de juventud es muy elástico. Yo tengo 51 y a veces me ubican entre los escritores jóvenes. Como si la literatura nacional se constituyera por una tribu joven que le debe reverencialidad a un viejo sabio. Aira es un paradigma fuerte contra eso: una oposición a la idea del escritor solemne, engolado, posicionado como un sacerdote cargado de conocimientos y lecciones morales. Sabato solía ocupar este rol. Aira es el escritor de la antisenectud. Y también, el del antiestrellato literario; sólo tiene la ambición de escribir tranquilo”.

César Aira. Foto: Gabriel Pecot.

¿Pero no construye, a su modo, otro tipo de personaje? Las opiniones están divididas. Para muchos, jamás imposta, aunque parece parte de una broma infinita (cansado de que le dijeran prolífico, alguna vez declaró que había intentado dejar de escribir). En todo caso, es muy consciente de lo que provocan sus actos y sus renuncias. Y queda claro, para Kohan, que “interviene” la literatura, incluso en sus decisiones editoriales: “La ‘lógica’ es que los escritores empiecen en un sello chico y vayan ‘ascendiendo’ hasta las grandes editoriales, de las que ya no ‘descienden’. Como un futbolista con los equipos. Aira rompe ese parámetro y con muchos otros”.

El misterio Aira. ¿Negarse a dar notas en la Argentina será parte de su intervención al sistema literario? ¿Por qué afuera sí las da? Unos dicen que afuera está obligado por contrato; otros, que acá, entre lanzamientos y reediciones, debería pasarse media vida dando entrevistas. Ríos cuenta: “Supone que los periodistas esperan grandes definiciones sobre temas políticos y sociales. Según me dijo, en esos planos, ajenos a su obra, no tiene opiniones mejor sustentadas que su verdulero. Admira muchísimo a Borges y sabe que Borges, en sus últimos años, terminó siendo más conocido por sus opiniones que por su obra. Aunque esas opiniones fueran brillantes y divertidas”.

Este año, Aira declaró ante un medio español: “Sería un problema grave ganar el Nobel, perdería el anonimato”. ¿A qué punto llega su deseo de ser invisible? ¿Cómo es en el trato cotidiano? “Es el tipo más bueno del mundo. Tímido con los que no conoce, pero nada arrogante”, jura Strafacce.

“Es un tipo bien plantado, muy seguro de lo que dice, con opiniones literarias fuertes. Pero no es un polemista, no es un Fogwill”, aclara Ríos."Es muy generoso: viene a mi librería (la vanguardista La Internacional Argentina) y se queda a conversar. Trae ediciones de sus libros en todos los idiomas que se te ocurra. Se los mandan y no sabe qué hacer con los que le sobran. Hasta tengo tres pinturas suyas”.

Kohan recuerda a Aira dictando un curso sobre Alejandra Pizarnik en el C.C. Rojas, en 1996: una especie de Bielsa en converencia de prensa. “Dio cuatro clases casi sin levantar la vista. Cuando lo hizo, fijó la mirada en lugares indefinidos, por debajo o por arriba de nosotros, que lo escuchábamos y tomábamos nota. Me pareció alguien concentrado en lo suyo y de carácter retraído.”

Hasta los comienzos de Aira parecen una ficción suya. Y lo son. Cuenta Strafacce: “Muchos ensayos, incluso tesis doctorales, sostienen que el primer libro de Aira fue Moreira, y no es así. El colofón de Moreira indica que se terminó de imprimir en junio de 1975. Pero en la solapa de Ema, la cautiva, de octubre de 1981, leés que ésa es la primera novela suya. Lo que pasó es que el editor de Achával Solo, el sello de Moreira, imprimió el pliego interior y no tuvo plata para la tapa. El libro quedó amarrilléandose en un depósito. Y terminó saliendo poco después de la publicación de Ema, la cautiva. Esta historia, que muestra cómo le costó publicar, fue ficcionalizada por Aira en su novela La vida nueva”.

"César Aira es tan grande que hasta Borges le queda chico. Yo amo, como cualquier persona sensata, la obra de Borges. Pero creo que, a esta altura, la obra de Aira superó esa dimensión". Ricardo Strafacce

Strafacce, que conoció a Aira entrevistándolo para su monumental Osvaldo Lamborghini, una biografía, remarca el concepto de felicidad en Aira, “felicidad a uno y otro lado de la página”. Después aclara que lo que va a decir no será una provocación sino una convicción: “César Aira es tan grande que hasta Borges le queda chico. Yo amo, como cualquier persona sensata, la obra de Borges. Pero creo que, a esta altura, la obra de Aira superó esa dimensión. Y con respecto al Nobel, sé que se lo van a dar. No tengo pruebas, pero siento que va a ocurrir”.

El fundamentalismo airano no es sólo un fenómeno local. Patti Smith, por dar sólo un ejemplo, lo considera un genio. En su reseña para The New York Times de la edición en inglés de El cerebro musical, la cantante y poeta escribió que Aira “tiene una mente improvisadora” y “un ojo cubista que ve las cosas desde muchos ángulos al mismo tiempo”.

Kohan reconoce que Aira tiene también muchos detractores, sobre todo en la Argentina. “Funcionan antinomias a las que no me presto, como Aira vs. Piglia. Yo admiro muchísimo a los dos. ¿Desde qué parámetros de valor juzgamos algo? Algunos dicen que Saer es aburrido. Hay un punto previo: ¿es el entretenimiento un criterio de valor literario? Para mí, no lo es. Algunos ven superficialidad en Aira. Creo, por el contrario, que la literatura de Aira pone en evidencia la banalidad de la literatura ‘profunda’. Yo no dudo en ubicarlo entre los mejores escritores argentinos”.

Fuente: Clarín

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