Gaby Pérez y Alejandro 0’ Kif: “La presentación de un proyecto ilustrado es mucho más riesgosa para el ilustrador”

En esta segunda parte de la entrevista a Gaby Pérez y Alejandro O´Kif, comenzamos hablando de la escuela, a partir de una colección puntual de Riderchail (“Otras miradas”), de las cuestiones económicas y también de ciertas resistencias, que se van venciendo, a temáticas difíciles o géneros nuevos. Seguimos con las particulares formas de la lectura de imágenes, de los libros álbum y en todo momento con los gajes de este oficio de “hacer lindos libros”, como bien lo definió Alejandro.





Mario Méndez: Una colección como Otras Miradas, ¿entra a la escuela?

Gaby Pérez: En bibliotecas. No se adopta porque son libros de tapa dura, son libros más caros.

MM: Básicamente es una cuestión de precio de venta al público…

GP: Exactamente. Igual, al ser temas difíciles, el docente le escapa un poco.

Asistente: Porque la maestra lo podría llevar al aula, aunque no se le pida a cada chico…

GP: Nosotros hemos dado muchos talleres para docentes explicando esta cuestión. Que no se puede tapar el sol con la mano. Un chico que pierde un padre, lo perdió. Y hay que naturalizar ese tema, no solo para el que lo perdió, sino para los compañeros. Es algo que sucede, es parte de la vida, y no podemos tener a los chicos como se los tenía hace muchos años, ajenos a un montón de cuestiones que son parte de la vida.

Asistente: Depende de la escuela. Yo soy docente “arriesgada”, pero me acuerdo de que cuando estaba en secundaria me decían:” Este chico perdió a la mamá en tercer grado, éste tiene a la mamá internada.” De todas maneras, no vas a ir en contra de la directora…

MM: Además sigue pasando…

GP: Y no solo pasa con temas complejos. Hay géneros con los que el docente no está acostumbrado a trabajar. Nosotros publicamos también historieta, o novela gráfica. El docente, en general, le tiene miedo al género historieta, que es un género riquísimo, sobre todo para el chico. Si vos tenés un grupo que no es muy lector, con la historieta lo captás enseguida. Nosotros también damos a veces talleres en las escuelas, para ver cómo se aborda el género historieta, cómo se llaman las partes, cuando el globito es recto, cuando tiene circulitos… Es muy interesante eso, pero también a veces es como que el docente se encuentra perdido.

Asistente: Bueno, a la poesía también le escapan…

GP: También.

Asistente: Hasta no hace mucho se prohibía que en los textos literarios hubiera moco, caca… Cómo iban a aparecer esas palabras dentro de un manual…

GP: Las cuestiones escatológicas, que son parte de la vida.

Alejandro O’Kif: Para eso tenemos que cambiar la cabeza todos. Porque está lleno de preconceptos.

Asistente: Ya nuestra generación no va a poder hacerlo. Van a ser los que vengan…

AOK: Pero podés ir aportando cosas.

MM: Los tres hemos recorrido un largo camino en la literatura infantil, y acá hay varios docentes, editoras, profes, narradoras y bibliotecarias… Yo creo que la cosa acá, con nuestro trabajo, ha crecido muchísimo. Porque recién señalaba Miriam, que en los libros de texto no entra, todavía, lo escatológico, pero en los libros de literatura ya nadie tiene problemas. Y hace quince o veinte años sí los había. Recuerdo una novela en la que no me acuerdo bien la palabra que había puesto, pero el personaje pisaba mierda. Salía a la vereda y cada dos cuadras pisaba un sorete. Me lo cambiaron y el único error que tiene la novela, es que como lo cambiaron a último momento, pisa “un caquita”, en vez de “una”. (Risas). Eso ya no pasa.

GP: Miren el nivel de tontería… “sorete”…

MM: Esto va a pasar en los manuales, pronto. Y nuestra generación lo va a ver…

Álvar Torales: Es muy lento el avance.

MM: No sé si es tan lento…

AT: Yo veo que ese tema de las maestras con criterios anteriores, medio anacrónicos que habría que superar, y una nueva generación que viene empujando, honestamente lo vengo sintiendo desde que era chico. Y tengo más de setenta años. Y esas maestras que hoy son tan retrógradas, hace cuarenta o cincuenta años, eran la nueva generación que iba a cambiar todo. Y al final no se cambia nada…

GP: ¿Sabés también qué creo? Que no solamente cambia la generación de maestros. Cambia la generación de padres. Yo tengo una hija de veintiuno y un hijo de dieciséis. Me parece que nuestros hijos (y lo veo en mi hija que ya es una mujer), ya tienen otra mentalidad. Entonces sí me parece que con las nuevas generaciones van a cambiar las cosas.

AT: Ojalá. Habría que ver esa chica de veintiún años, dentro de treinta.

MM: Tenés ganas de deprimirnos… El frío, la lluvia…

AT: Es como dice Julián, que hago Bullying. (Risas).

Asistente: Y bueno, tendrás que comprobarlo dentro de treinta años.

AT: Ya voy a ver los rabanitos desde abajo…

MM: Bueno… lento pero seguro. Convengamos en eso. Los cambios se han visto. Yo, en la literatura, lo veo. Este libro del que les hablo habrá salido en el 2000. Hoy, saldría con un “sorete”, sin ningún problema.

Asistente: Bueno, como el libro de Melina Pogorelsky, Como una película en pausa. Ese sería un libro…

MM: Impensable de publicar hace veinte años.

Asistente: Es una relación entre tres amigos, y en lugar de ser una chica enamorada de un chico, son dos chicos enamorados. Eso, que en otro momento hubiera sido impensado, hoy en día llega a las escuelas. Eso es un avance también.

MM: Y fijate un cambio interesante también, con este mismo ejemplo. Edelvives lo publica fuera de colección. Hará dos o tres años. El año pasado, el libro de Patricia Kolesnikov, Me enamoré de una vegetariana, está dentro de la colección Zona libre, de Norma. Y es una historia de amor entre dos chicas, en este caso. En tres años, ya se vio un cambio. Pasamos de que “esto no se toca en la LIJ”, a que “esto se toca en la LIJ pero lo ponemos fuera de colección”, a “lo ponemos dentro de una colección de libros que se leen en la escuela”. Lentamente vamos ganando algunas batallitas. Eso está bueno. Hace un rato hablábamos en el café, ¿vos, Ale, no tenés trabajos como autor integral?

AOK: Lo que decía es que tengo una gran traba con respecto a eso, porque no es que no sé escribir, pero no consigo llevar lo escrito con lo que quiero decir. Me cuesta horrores. Justamente le contaba a Mario que yo debo dibujar por una tara, porque de otra manera no puedo explicarlo. Con un lápiz y un papel me sale mucho más natural y más fácil. Me cuesta muchísimo llevar lo que tengo en la cabeza a la palabra escrita. Sin embargo, tengo armadas ideas de libros integrales. Y ahí recurro a alguien que haga el trabajo mejor que yo. Por ejemplo, el Croissant, es un personaje que tengo hace un montón de tiempo. No pude venderlo como quería por una cuestión económica de la editorial. Pero las ideas posteriores de por dónde viene la historia son mías, lo que pasa es que necesito alguien que lo escriba como Dios manda. (Risas).

GP: Te cuesta contar con palabras.

AOK: Sí.

Asistente: ¿En historieta vos tenés un trabajo integral?

AOK: En historieta, no. Trabajé mucho tiempo con Carlos Trillo, entonces dije que no se podía escribir, estando ese tipo…

GP: Te apabulló… (Risas).



MM: Los dos hablaban antes de la lectura, y ahora decís esto de la lectura de imágenes… ¿Cómo se enseña a leer imágenes? A leer texto, ya tenemos muchísima experiencia. Los docentes tienen mucha experiencia. Pero ¿cómo es el camino para enseñar a leer ilustraciones? Eso es mucho más complejo. ¿O no?

GP: Yo creo que es más intuitivo.

AOK: Y es tiempo, es ponerte delante de la imagen y ver qué pasa. Constancia. Empezamos por acá… ¿qué pasa en la página siguiente? Mirar todo. No centrarse en una sola cosa. Cuando vos contás una historia, tiene un núcleo. Pero a su vez, eso está metido en un ambiente. Y en ese ambiente pasan un montón de cosas que por ahí no tienen que ver con la historia. Tiene que ver con otra cosa. O son historias paralelas. No aportan a la historia principal, pero están igual. Yo compro libros álbum para chicos y tengo cincuenta y ocho años.  Y hay libros que los he visto cuando tenía veinte años y los vi de una manera, los vuelvo a mirar a los treinta y veo otras cosas, los vuelvo a mirar a los cincuenta y veo otras. No se termina. Es cuestión de ponerse.

GP: A mí me pasó algo que no me lo voy a olvidar. Nosotros tenemos un libro que ilustró Alejandro que se llama A Juanita su trabajo no la asusta. Juanita consigue un trabajo, le dicen que es un trabajo de empleada doméstica para limpiar una mansión. En realidad, la mansión está embrujada, y ella nunca se da cuenta de eso. Estábamos el año pasado en la Feria del Libro, yo estaba en el stand, y había un nene, del que después me enteré de que tenía tres años, sentado en el piso, mirando el libro, y pasaba las hojas. La madre al lado. “Vamos, Juan; vamos Juan”, y no lo podía arrancar. Entonces me le senté al lado. Le pregunté si le gustaba el libro. Me dijo que sí, y me preguntó cómo se llamaba la chica. Le dije que se llamaba Juanita. Me dice: “Mirá, no se da cuenta de que la casa está llena de monstruos”. O sea, él estaba leyendo las imágenes. “La sigue la mano peluda y ella no se da cuenta”, me decía. “Mirá la momia… ella no se da cuenta de que es una momia”, porque está Juanita haciendo rollitos con lo que se piensa que son vendas. Estaba leyendo imágenes.

MM: Qué groso. Intuición pura.

GP: El chico estaba así, y la madre estaba esperando que la cortara desde hacía diez minutos, porque se lo quería llevar. Yo me senté al lado por eso, para ver qué le llamaba la atención del libro. Lo estaba leyendo.

AT: Después están esos ejercicios en los que están los cuadritos mezclados, y hay que ordenarlos. Esa es una forma de lectura también.

AOK: Sí, claro. Seguro. Hay otra cosa también que es importante, desde uno cuando genera la imagen. Yo aprendí que hagas lo que hagas tenés que tratar de pasarla bien. Si yo dibujo libros para chicos, trato de pasarla bien. A veces tengo textos que me gustan menos que otros. Y otras veces hay textos que me encantan, y les pongo mucho, y eso se nota en el resultado final. Entonces uno se pregunta cómo se arma una complejidad con el lector. No sé, porque debe haber cosas comunes. Yo, por ahí, pongo cosas que están en mi cabeza cuando ilustro, cuando tengo que dibujar. A veces tengo que poner un ambiente, y dentro de ese ambiente hay cosas que me son comunes. Que me pasan, o que me pasaron, o que tienen algún link con alguna cosa que ha vivido. Y están ahí. Pero no soy el único. Hay un montón de gente a la que le ha pasado exactamente lo mismo. Yo soy un tipo bastante común. Reconocer esas cosas, genera empatía y te lleva a ver. Y eso en el resultado final, se nota. Si te divertiste, si la pasaste mal, si fue un laburo torturado…

GP: Absolutamente.

Asistente: Además, vos estudiaste Bellas Artes… Hay quien es autodidacta…

AOK: Sí, no tiene nada que ver.

Asistente: Tenés un oficio y no subestimás al niño. Hacés ilustraciones potentes. Más allá de que un chico no puede decirte que algo está equilibrado, lo ve. Hay algo que está leyendo ahí.

AOK: Hay un ejercicio… Yo estudié Bellas Artes, imaginate que el clasicismo estaba hasta acá. Entonces después dibujaba cánones romanos. Y hay que hacer todo un laburo para romper con eso. Es como aprender a manejar. Viste que cuando aprendés a manejar estás pendiente de todo. Después sale solo, y la verdad es que disfrutás. Y la verdad es que en el dibujo pasa lo mismo. Hay un montón de cosas que están incorporadas y de las que uno no se da cuenta. Pero componés con cierto criterio que aprendiste. Eso es oficio, pero después está la parte lúdica. Usar todo eso para pasarla bien, para divertirte. A mí me pasa eso, que si tengo que dibujar los sapitos, o los caracolitos, yo los disfruto, me río dibujándolos. Yo trato de pasarla lo mejor posible. Seguramente, el que lo ve se da cuenta de eso.

Asistente: Además, el chico va aprendiendo de mirar imágenes.

AOK: Por eso, le resulta atractivo por algo.

Asistente: Mi nene mayor siempre dice: “Ahora voy a prestar atención a los truquitos que hay por acá”…

AOK: Porque busca, claro.

Asistente: Después de la lectura, dice que tiene que haber una seña, algo, como un guiño. Puede ser una guarda o algo…

MM: Ya está entrenado, claro.

Asistente: Se da cuenta de que son distintos ilustradores, de que hay distintas manos en el mismo libro. Eso me parece que tiene que ver con esto que decían.

Asistente: Lo que contó ella me hace acordar de algo que me pasó con mi hija más chica, la primera vez que le  di  El pato y la muerte”…

AOK: Sí, terrible ese libro.

Asistente: Y antes de contárselo, me dijo que lo contaba ella. Yo, por suerte, puse el grabador. Y fue un diálogo entre un pato y la muerte. No sabía leer todavía. Pero lo fue recreando por las imágenes.

AOK: Y sí…

Asistente: Lo que todavía nadie tomó en cuenta es que en las Cuevas de Altamira lo que primero hay son las imágenes. Y después el texto. No fue al revés.

AOK: Mirá, cuando tengo que dar un taller, en la escuela, todos te dicen que no saben dibujar. ¿Cómo no van a saber dibujar, si se aprende primero a dibujar y después a escribir? Insisten con que no saben dibujar, volvemos a los preconceptos. No sé dibujar una casa, no sé dibujar una persona… Bueno, Rafael hubo uno solo. Tintoretto, hubo uno solo. Goya, hubo uno solo. Dejémonos de hinchar con eso, hay un montón de formas de poder representar una imagen. Y de poder contar con ella. Yo los hago dibujar desde lo absurdo. Les genero una historia con un absurdo terrible: “Bueno, acá baja una nave espacial con un marciano que viene a explorar y se encuentra con tal cosa”. Y si me preguntan qué cosa, les digo que piensen en cosas que no existen. Cosas extrañas, una pelota con pelos. “Ah, entonces puedo hacer un tiburón con unas antenas”. Y claro. Una vez que largaron… chau. Y después te volvés loco, porque querés dibujar como ellos. (Risas). No se puede.

Asistente: Yo tengo que hacer una confesión. Yo antes no les daba bolilla a las ilustraciones. Yo soy híper lectora, entonces lo que valía para mí era el texto. Y cuando aprendí a mirar las ilustraciones, lo digo con un poco de culpa, fue una maravilla. Ahora estamos trabajando libro álbum en la escuela.

AOK: Claro, porque tenés una lectura más.

AT: Vos sos narradora, ¿no?

Asistente: Yo soy narradora, sí.

AT: Y la narración oral me parece que antecede a la imagen también.

Asistente: Es una forma de crear imágenes.



Asistente: En las Cuevas de Altamira, las imágenes que se muestran no están mostrando lo que hicieron, sino lo que iban a hacer. Ellos tenían la idea de que iban a cazar algo, entonces lo pintaban. No fue a la inversa.

MM: Igual no podemos saberlo, porque grabaciones no hay… (Risas).

AOK: Es muy viejo eso, muy antiguo, pero de verdad. Es un ejemplo claro de que se puede contar una historia con imágenes.

MM: ¿En qué proyecto andan?

GP: Nuestro punto de inflexión siempre es la Feria del Libro de Buenos Aires, donde ponemos todos los cañones y solemos presentar las novedades del año. Nosotros recién estamos empezando, vamos a ampliar una colección que tenemos para los más chiquitos, que se llama Versionaditos, que son cuentos clásicos versionados en un entorno de humor disparatado. Vamos a ampliar la colección Otras Miradas con un texto del señor que está buscando ilustrador. Lo cazamos a O’ Kif (Risas).

MM: Todo este ciclo es una excusa. (Risas).

GP: Y estamos comenzando recién a armar una nueva colección para más grandes, y es un poco esto que les comentaba antes de ver cómo hacemos jugar las ilustraciones en libros para más grandes. Para trece o catorce años. Y que las ilustraciones sea, no sé si tan protagonistas como el texto, porque ya en las novelas hay mucho texto, pero sí que tengan un lugar preponderante.

MM: Como la colección Colectiblos…

GP: Claro, pero hacer algo diferente.

AT: Los libros de la colección Robin Hood, cada quince o veinte páginas traían una ilustración. ¿Se acuerdan?

MM: Sí, y la de Billiken también.

GP: Nosotros tenemos una antología en esta colección, que se llama Colectiblos, que también tiene ilustraciones. Para nuestro gusto, pocas. Quisiéramos hacer algo con más ilustraciones.

MM: ¿Y vos, Alejandro?

AOK: Yo estoy cerrando algunos trabajos que ya tenía empezados…

GP: Un libro de Mario Méndez, por ejemplo…

AOK: Ese por ahora no lo tengo.  (Risas). Estoy cerrando libros que tenía encargados, que ya los tengo armados y que tengo que cumplir con a entrega y todo eso. Después, nada. Siempre están ahí colgados algunos proyectos que ya tengo medio terminados, pero tengo que buscar dónde desembocarlos.

MM: ¿Sos de llevar proyectos en lugar de esperar el llamado?

AOK: Si yo tengo un proyecto, lo hago y estoy convencido, después tengo que buscar un canal para eso. Hablo con editores. Así como hablé con ella, hablo con otros editores. Lo que pasa es que tengo que ver adónde va cada cosa. Hay editoriales a las que les podés llevar determinado tipo de proyectos y otras no.

MM: Digamos que hay más riesgo por el laburo que le lleva a un ilustrador. Los que escribimos también mandamos libros que no nos pidieron a ver qué pasa…

AOK: Lo que pasa es que a veces esas cosas son tan placenteras, ver la idea terminada, que después se ve si se ajustan cosas.

GP: El tema es más complejo porque cuando el editor recibe el proyecto de un libro ya ilustrado, por ahí le querés cambiar el formato, y adaptar esas ilustraciones es un trabajo importante. En algunos casos, hasta casi es empezar de cero para el ilustrador. En cambio si vos me mandás un texto, te digo que con ese texto yo querría hacer este libro. Vos ya no tenés que tocar nada más. Podemos conversar alguna que otra cosa que tenga el texto, pero básicamente está. La presentación de un proyecto ilustrado es mucho más riesgosa para el ilustrador…

AOK: Y sí. Te contaba el proyecto de ese libro de jazz. Yo quería hacer un libro de jazz  para chicos…

GP: ¿Jazz en las nubes?

AOK: Sí. Me junté con Pez, que escribió un texto, e hicimos eso desde las ganas personales de hacer un libro de jazz. Salió bárbaro, pero después, ¿a quién se lo vendo? Porque un libro de jazz para chicos, se lo tenés que vender al padre, no al chico. Y no sabíamos qué hacer. Después, por suerte salió, lo editaron y todo, pero en general uno no piensa para dónde va. Lo hacés y después ves qué pasa. Por eso, de hecho tengo un montón de proyectos que todavía están ahí, y no han salido nunca. Pero hay que hacerlos.

Asistente: Es mejor que sobren cosas…

AOK: Y sí, porque si no es como que siempre trabajás para el encargo. Y a veces no es así.

MM: ¿Qué ilustradores han sido los que marcaron el camino en tu caso? ¿Y los que hoy te gustan mucho? Y a vos también, Gaby, pero vamos a empezar con Alejandro. Los maestros.

AOK: Hay un pintor que me gusta mucho que se llama Egon Schiele.  Carlos Alonso  me gusta. Después… Ilustradores… hay un inglés que se llama John A. Rowe, que me parece una maravilla. Después, mi querido Oscar Grillo, que me parece un dibujantazo, pero es injusto, porque me gustan muchos. Cada uno tiene lo suyo. Uno a veces comete el error de decir que algo le gusta porque está más cerca de lo que uno hace, y sin embargo, no. A mí me gustaba mucho Klee, y no tiene nada que ver con lo que hago yo. Y es un tipo… Ojalá hubiera pintado la milésima parte de lo que pintaba Klee. Pero me gustan muchos, es muy difícil.

MM: Te lo acoto, ¿de los “nuevos lápices” o “nuevos pinceles” que aparecen, hay algunos que te gustaría destacar, de los que están surgiendo y por ahí no los conocemos?

AOK: No sé, porque me pasó que desde hace un tiempo hubo una gran “moda”, por la que surgieron muchos diseñadores gráficos como ilustradores. Y apareció un programa que se llama Ilustrator, donde se vectoriza todo el trabajo. Aparecieron un montón de ilustradores, y hay cosas muy lindas y cosas que son muy fáciles. Es repetir una imagen y cambiarle la cabecita. Y ahí estoy un poco como perdido.

Asistente: ¿Lo tuyo es todo en el soporte papel o también digital?

AOK: Las dos cosas, pero dibujo. Yo dibujo con un montón de cosas y después lo digitalizo. Y otros nombres no sé… me ponés en un aprieto…

Asistente: ¿Algún material te gusta más que otro cuando trabajás? ¿Te gusta más el lápiz que la acuarela?

AOK: A veces tiene que ver con el texto. Hay libros, los de Croissant, por ejemplo, que no podría haberlos hecho con otra cosa que no fuera acuarela. El de la madrastra es digital, pero está volcado a lo que es la pintura por transparencias.

Asistente: ¿Y qué hace un ilustrador con los originales?

AOK: Los guardo.

Asistente: ¿Tenés todos los originales?

AOK: Todos no, pero tengo muchos. Por ejemplo, yo ahora me mudé y tengo una casa con sótano. Y eso lo tengo armado para pintar y para trabajar, y tengo unos placares que son el techo al piso y ahí guardo todo, originales…

Asistente: ¿Los tenés clasificados?

AOK: No, no.

Asistente: Si yo te pregunto por el original de tal libro no tenés la menor idea… (Risas). Iba a decir una mala palabra… (Risas).

AOK: No todos. Hay cosas que sí. Tengo las acuarelas por un lado, los lápices por otro, los blanco y negro por otro, tengo un montón. Y ahora de viejo empecé a guardar más bocetos. Porque me parece que la clave está ahí. Eso sería lindo, hacer un libro de bocetos. Porque lo que se ve en el boceto, cuando después lo pasás al original, no digo que esté mal, pero pierde cierta frescura.

MM: Mirá… es buena esa idea…

Asistente: Se pueden digitalizar y quedan…

AOK: Claro.

Asistente: Hace poco hubo una muestra de ilustradores con sus bocetos.

AOK: Eso está bueno, porque ves el proceso. Y el boceto siempre es más lindo. Porque tiene anotaciones, aparte. “Uy, mirá, estaba haciendo esto y me llamó tal”, porque lo anotaste al lado. “Un kilo de pan”. (Risas).

MM: ¿Y vos Gaby? Me imagino que estás mirando…

GP: Sí, yo miro muchos ilustradores. En Argentina hay muchos y muy buenos. Creo que el trabajo de los ilustradores, como todo arte, es subjetivo. Hay cosas que me gustan mucho y otras que no me gustan nada, pero no porque sean malas, sino porque a mí no me gustan. A mí, particularmente, el ilustrador que me gusta es el que sabe dibujar. El que conoce de anatomía humana, de perspectiva…

Asistente: Más figurativo…

GP: NO sé si figurativo, porque los libros nuestros no son figurativos, pero que no sean manchas o cosas… Un ilustrador que sepa de perspectiva. Me gusta que sea dibujante. El ilustrador que es diseñador o que hace collage, a mí no me gusta, pero insisto en que es una cuestión personal. Además, nosotros en la editorial buscamos un estilo que sea familiar para el chico con lo que recibe permanentemente en Internet, los videojuegos y demás. No buscamos estilos que sean excesivamente plásticos, porque nos parece que eso no es familiar para el chico. Al que es lector le va a encantar, pero al chico que no es lector, si buscamos la ilustración como un gancho, buscamos algo que esté más familiarizado con lo que está acostumbrado a ver y con lo que diariamente consume. El estilo de Alejandro a mí me gusta mucho. Después, yendo a una cosa más artística, Rebeca Dautremer, y su discípula (digo yo, porque sigue el estilo), Valeria Docampo.

Asistente: Igual, hay ilustradores que manejan distintos estilos…

GP: Me gusta el ilustrador que tiene un estilo definido.



Asistente: Pero ¿viste que a veces vas al blog de determinado ilustrador, y no parece que fuera el mismo que conocés?

AOK: No nos olvidemos de que vivimos en la Argentina. Entonces, a veces tenés que hacer varias cosas para poder sobrevivir. Si te toca ilustrar historietas, lo hacés; si te tocan cosas para chicos, lo mismo. Te vas acomodando. Lo que pasa es que sí hay una cosa que es real, y que te la da el tiempo. El trabajar mucho hace que uno consiga una línea determinada. Eso se ve, y no se puede enseñar, ni se puede hacer adrede, porque eso te lo da el tiempo.

Asistente: Esas son búsquedas que hace cualquier artista. Si uno busca un artista y busca lo que hacía al principio, no sé si se reconoce en el del final. Hay un momento en el que encuentra su estilo y lo sigue.

GP: Van evolucionando. A nosotros nos pasa que a veces, por ejemplo en esta última producción, buscamos ilustradores nuevos. Porque está bueno dar oportunidades, y hay algunos que no tienen mucha experiencia en ilustración editorial, pero que son buenos, son como diamantes en bruto. Y nos pasó con un ilustrador, con un libro que quedó precioso. El protagonista era un nene. Entonces, Carolina, que es la directora de arte, con la que trabajamos juntas, me decía que no estaba haciendo el mismo nene, que ella se lo decía y que no la estaba entendiendo. Le dije que pusiera los tres nenes en el mismo paño y le dijera que se fijara. El nene estaba en tres posiciones diferentes, y era distinto. Me preguntó si seguíamos trabajando con el mismo ilustrador, y yo le dije que sí, porque era muy bueno, trabajaba muy bien la perspectiva, que lograba muy buenos climas, era como que le faltaba un golpe de horno, le faltaba experiencia. Era un muchacho que venía de la publicidad, que no tenía experiencia en ilustración editorial, que es distinto. Venía de la animación, entonces no podía entender que el dibujo tenía que estar adentro de una caja y que era algo estático. Eso también es muy rico. Esa parte de nuestro trabajo es muy divertida. Y lo entendió, y el libro quedó precioso.

AOK: Uno, cuando dibuja lo que quiere, es dibujante. Es eso.

MM: Bueno, ya son como las ocho. No sé si tienen alguna otra pregunta…

AT: Hoy fue bastante interactivo…

MM: Cierto. Me habían preguntado si la gente participa. Ya vieron que sí…

AOK: Uno pregunta porque no sabe. A veces pasa que uno va a una charla en la que hay trecientas personas, pero doscientas noventa y ocho están en silencio. Y uno se pregunta para qué fue…

MM: Es verdad. Bueno, acá no.

Asistente: En Otras Miradas, ¿cuáles son los temas que faltan?

GP: Hay muchos.

MM: ¿La colección cuántos libros tiene?

GP: Hasta ahora estos dos. Va a haber más. El bullying es un tema ríspido, el divorcio, en sí mismo, más allá de las “madrastras”. El bullying es un tema muy complicado, que nosotros vemos que por lo general las escuelas no saben cómo abordar, entonces lo niegan diciendo que es un tema de la edad o de lo que pasa en las redes sociales. Y la verdad es que sucede en el ámbito escolar, la escuela está obligada, debe tener un rol protagónico con el gabinete psicopedagógico, y en general nos encontramos con escuelas que no dan en la tecla.

Asistente: Yo soy editora y además docente. Tuve una nena con una discapacidad que me preguntaba: “Seño, ¿no hay ningún libro en el que el protagonista esté en silla de ruedas”? Y yo encontré uno. Y lo busqué un montón. Por ahí sería interesante trabajar esas diferencias para neutralizarlas.

MM: ¿Cuál encontraste Miriam?

Asistente: No me acuerdo el nombre exacto. Es de Unaluna.

MM: Hay una novela hermosa de María Inés Falconi, Caro dice, que es una historia de amor y el pibe está en silla de ruedas.
Bueno, Alejandro, Gaby, les agradecemos mucho esta charla. Y les damos un aplauso grande.  Muchas gracias.

AOK y GP: Gracias a ustedes.

APLAUSO FINAL.


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