¿Por qué editar libros para chicos?

Desde 1967, la Organización Internacional para el Libro Juvenil celebra el Día Internacional del Libro Infantil y Juvenil el 2 de abril, en coincidencia con la fecha del nacimiento del escritor danés Hans Christian Andersen.
Para sumarnos a la celebración, en el Programa Bibliotecas para Armar se nos ocurrió hacerles la pregunta del título a algunas de las más reconocidas editoras de LIJ de la Argentina. La pregunta es, a la vez, sencilla y muy, muy amplia. Las respuestas, que compartimos en el orden en que nos fueron llegando, son todas interesantes, inteligentes, de las que dan ganas de seguir leyendo.



“Editar libros para chicos es un oficio y una pasión. Es una construcción colectiva cuya materia prima es el trabajo de los autores pero incluye el esfuerzo de otros profesionales, artistas y técnicos que transforman esa materia en un producto único.
Me encanta el proceso de lectura de originales, me alegro mucho cuando descubro un buen texto, una idea potente, una escritura cuidada. También disfruto de la búsqueda del estilo de ilustración más adecuado, y me encanta escribir los paratextos para intentar acercar el libro a su lector.
En síntesis: edito libros para chicos porque creo que todavía hay mucho por hacer y porque ese proceso mágico me acerca a la niña lectora que fui y que todavía me habita”.
Laura Leibiker, editora de Norma.


“Editar libros para chicos es una tarea privilegiada para mí. Por un lado, desde lo más personal y subjetivo, porque me permite leer de primera mano historias y relatos y pensar cuál es la mejor manera de convertirlas en un libro; cuáles serían las ilustraciones que potencien eso que se cuenta y que le agreguen nuevas dimensiones. Me permite también acompañar a las escritoras y escritores en el trabajo con el texto, leer desde su hombro y sugerir, revisar, sostener lo que están queriendo contar, buscando su forma poética de ver el mundo, y acompañar también a quienes ilustran y diseñan en un camino estético, en una forma de contar también. Por otro lado, desde lo social, creo en la responsabilidad de la selección de obras para publicar, con la idea de que haya más oportunidades para que cada libro encuentre su lectora o lector, y que cada lector o lectora encuentren el libro que quieren o necesitan leer”.

Natalia Méndez, editora de Edelvives.


“En los 90 estudiaba Ciencias de la Educación en la Facultad de Filosofía y Letras. Me interesaba, sin embargo sentía que me faltaba algo. En 1997, me acerqué a la carrera Edición, que se dicta en la misma Facultad, y al ver las materias y quiénes eran los profesores quedé fascinada. Inmediatamente hablé con Amanda Toubes –muchas veces hablar con la persona indicada es dar en la tecla– y de esa conversación me fui con la clara idea de que quería trabajar haciendo libros para chicas y chicos. Hice toda la carrera con ese objetivo.
¿Por qué? Por varias razones: crecí en los 70 escuchando los discos de María Elena Walsh, yendo mucho al teatro San Martín, el cine, leyendo los clásicos de la colección Tus libros de Anaya, las historietas de Lucky Luke, Asterix, Tintín, sin olvidar a la Pequeña Lulú y los libros del Chiribitil... En mi casa no había televisión (por decisión de mis padres), así que todo era juego, lectura, música y paseos. La oferta, en aquellos años, era mucho más acotada que ahora, pero había y requería estar bien atentos.
Seguramente la huella que dejaron las experiencias vividas me acercaron a los libros; Amanda, con su claridad infinita, y el impulso que tenía la joven carrera de Edición, redireccionaron mi elección hacia el que es hoy mi trabajo y mi oficio. Hace casi veinte años que estoy en la LIJ y sigue siendo el lugar que elijo para trabajar: leer un original y ver un próximo libro en él es una sensación única e irrepetible. En este día, brindemos por los libros para chicas y chicos, y por ¡más libros en las escuelas de todo el país!”.
 
Mariana López Aramburu, editora de Tinta Fresca.



“La pregunta tiene para mí dos posibles respuestas:
Una más amplia. ¿Por qué editar libros para chicos? Porque todos los niños y niñas se merecen transitar la infancia con libros, y me enorgullece formar parte del engranaje que lo hace posible. Porque creo que la lectura es el motor de la imaginación, la creatividad, la fantasía, y esto es un derecho, o debería serlo, junto con alimentarse, tener un lugar digno donde vivir, ir a la escuela, tener adultos que los cuiden y los protejan o jugar.
Otra más personal. ¿Por qué elegí editar libros para chicos? Porque es la manera que encontré en la vida de estar en el territorio que más me interesa: allí donde se cruzan la literatura y la infancia, es decir, poder volver al lugar que habitan las palabras en su estado salvaje”.


María Fernanda Maquieira, editora de Loqueleo.


“¿Puede haber un público mejor que los chicos? Lectores inteligentes, sin prejuicios. Críticos feroces, que se sumergen en la lectura sin otras preocupaciones. Con total sinceridad aprueban o desaprueban, recomiendan, atesoran y disfrutan.
Editar libros para chicos presupone pensar un poco todo eso. Saber que en nuestras manos está de alguna manera ser parte de la semilla lectora. Decodificar, con los cambios que se suceden cada año, qué es aquello que los atrae, qué ilustración los atrapa, qué temática buscan. Trabajar para la LIJ es siempre un desafío.
Por otro lado, como adultos, no dejamos de disfrutar estas lecturas. No las vemos lejanas, nos emocionamos cuando llegan las ilustraciones, cuando el texto cobra vida, cuando el libro como objeto llega con ese olor a tinta desde la imprenta.
La respuesta incluye el placer de hacerlo. ¿Tendremos un joven o un niño adentro que se niega a crecer? La verdad, no lo sabemos, pero no hay duda de que es un trabajo hermoso el que tenemos la suerte de ejercer”.

Silvina Díaz y Cecilia Repetti, editoras de SM.


“No pude evitar editar libros para niñes. Cuando me hice cargo de Editorial La Bohemia reorienté la sección de ensayo literario de la editorial hacia la literatura infantil. Pero el objetivo era ofrecer sustento, alimentación y sostén a quienes trabajaban con les niñes y la lectura. Por eso la revista Cultura LIJ. Por eso la colección AbraLaPalabra, por eso los congresos. Quería juntar en un mismo ámbito y en los mismos productos los discursos de quienes producen en la academia, en la universidad, de funcionarios y diseñadores de políticas, de productores (editores y artistas), y de quienes trabajan día a día en expander los límites de lo que es posible leer. Todes tenían algo que les demás necesitaban.
Nadie que se sume al gran campo de la LIJ o de la lectura lo hace porque sí. Todes estamos atravesades por una urgencia de poner en texto, de poner en palabras, de dar acceso. Hay algo de dar ocasión a un encuentro con ojos nuevos. A mí esa urgencia me pasa por mostrar cuan rico y diverso es nuestro mundo.
Me pienso en la LIJ, y para abreviar digo que me dedico a editar productos para la infancia, aunque esta definición me parece corta. Los libros de la editorial no excluyen a nadie. Hay sí un lector privilegiado, al que ponemos en primer plano. Es un lector agudo, juguetón, desafiante y sobre todo bastante difícil de complacer: une pibe cualquiera.
Como editora los libros para chiques tienen todo tipo de disfrutes: arte, temáticas, estéticas, intertextualidades, profusión de paratextos, diseños interesantes, maquetas complejas, formatos variados, y sobre todo muchas preguntas para plantearse cada vez. Imposible aburrirse.
Podría decir que me dedico a la LIJ por altruismo, pero lo hago por el puro egoísmo de la alegría que me genera”.


Valeria Sorín, editora de La bohemia.


“En la edición de libros para niños y niñas confluyen muchos temas apasionantes: la palabra y la ilustración como lenguajes expresivos, el desarrollo de un objeto con corporeidad, que puede ser tocado y disfrutado por nuestros sentidos, la imagen elusiva pero prometedora de un interlocutor, un lector.
A mí como editora me emociona especialmente la toma de decisiones sobre todo este proceso: jugar con esos lenguajes, explorar sus posibilidades, plantearse hipótesis sobre cómo realzarlos físicamente mediante el papel, la encuadernación, el formato... Pero lo que más me entusiasma es el diálogo que nos imaginamos entre el libro y el chico o la chica que se encuentra con él. En esa escena nos demoramos mucho cuando avanzamos con cada libro, tratando de encontrar el punto de disfrute mayor, que un poco es intriga, curiosidad, placer estético y desafío.
Pero también tengo otra escena presente: me imagino el libro como un punto de encuentro entre los adultos y la infancia. Entre padres e hijos, mediadores y niños; al mismo tiempo, un lugar virtual en el que los adultos podemos mirar el mundo con la mirada de los chicos, su pensamiento, sus ansiedades, sus preguntas, su sentido del juego y del absurdo.
Es amor por la infancia, pero también por el libro como gran posibilitador de nuevos sentidos”.



Raquel Franco, editora de Pequeño editor.


“Publicar para niños y niñas, libros pensados para ellos es tan crucial como dotarlos de material plástico para pintar, dibujar, hacer esculturas o maquetas, o poner a su disposición música, y propuestas para crear música, o disponer para ellos de la mejor alimentación y de las condiciones para jugar y descansar.
Un buen libro para niños y niñas —y perdón que los ejemplos sean tan trillados, es que son realmente muy claros— funciona como una ventana o una puerta que me invita a conocer el mundo con toda la intensidad y sin correr riesgos; y también se convierte en un espejo que me refleja quién soy, quién fui y me anticipa algo de lo que seré o desearía ser.
Con las lecturas (en cualquier soporte, pero prefiero los libros) los lectores aprenden a empatizar con los otros, pueden vivir múltiples vidas y destinos, y también aprenden a empatizar consigo mismos, tal vez lo más difícil de la vida. Le dan voz y palabra a la inespecificidad de las sensaciones. Vuelven objetivables toda una catarata de situaciones que son inmanejables. Esto es así a cualquier edad, pero cuando se es chico o joven la caja de herramientas para interactuar con el exterior y con la psiquis es mucho más limitada”.

Lola Rubio, editora de Fondo de Cultura Económica.

Comentarios

  1. No soy editora, pero vivo el mundo de la LIJ entre libros por ser cuentacuentos, Diplomada LIJ y tímidamente estoy incursionando en la escritura.. Disfruto mucho al sumergirme entre los libros infantiles para leerlos, narrarlos y transportarme a aquellos mundos . El público infantil es el más auténtico porque si no le gusta lo que le transmitimos, no finge; sencillamente deja de escucharnos o cierra el libro.

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