martes, 2 de julio de 2013

Pepe Carvalho, huelebraguetas

Incesante despliegue de figuras devenidas emblema del género policial ha dado para regocijo de lectores el siglo XX. En esta entrega del "Ciclo de detectives de papel y celuloide" que desarrolla el Programa Bibliotecas para armar, Libro de arena publica un retrato de Pepe Carvalho, personaje de la serie negra, del escritor español Manuel Vázquez Montalbán, a cargo de Mario Méndez, coordinador de los encuentros.


Por Mario Méndez

Así, con ese denigrante adjetivo, tildan a Pepe Carvalho los policías con los que se enfrenta en cada novela. La profesión de detective privado no parece ser muy  respetada por la policía española: ni en la Madrid del crimen del líder comunista[1], ni en la Barcelona del oscuro asesinato del gerente de una multinacional[2], ni en la lujosa clínica dietética de la costa catalana[3], parece ser una profesión que los uniformados consideren meritoria. Y sin embargo, Pepe Carvalho es un personaje respetable. Aún cuando tenga la rara manía de encender la chimenea con libros e incluso cuando en su pasado figure la más que dudosa afiliación a la CIA. Y lo es, entre otras cosas, porque es un tipo íntegro, porque su ética –o tal vez su estética- le impide venderse y, sobre todo, porque entre sus grandes méritos figuran el ser patrón y a la vez protector de un ex  ladrón de autos al que saca de la calle –el querible Biscuter-, amante de una puta de teléfonos –la bella Charo- y amigo de un vecino –otro amante de la buena cocina, el fiel Fuster-, al que es capaz de despertar a las 4 de la madrugada nada más (y nada menos) que para convidarle de un pato que ha guisado en su cocina experimental y generosa.
Pepe Carvalho, el detective de Manuel Vázquez Montalbán, inspirador del Montalbano de Camilleri y de tantos detectives de la nueva guardia es, por cierto, un personaje querible, y más que respetable. Tal vez que los policías lo tilden de huelebraguetas sea otro de sus blasones.






[2] La soledad del manager.
[3] El balneario

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