Oliverio y las vanguardias

El 17 de agosto de 1891 nacía en Buenos Aires Octavio José Oliverio Girondoconocido por todos los amantes de la poesía, y aún por aquellos que no, simplemente como Oliverio. Su nombre no solo está identificado con la poesía: también es sinónimo de vanguardia. En su homenaje, este mes Bibliotecas para armar tendrá como eje de sus publicaciones a las diferentes vanguardias, de la literatura en particular y de todo el arte en general, como le hubiera gustado al poeta.


Por Mario Méndez

Oliverio Girondo tenía treinta años cuando publicó un libro de poesía que sería, junto con Fervor de Buenos Aires (uno de los primeros libros de Jorge Luis Borges, publicado un año después), sinónimo de vanguardia: se trataba del hoy leidísimo poemario Veinte poemas para ser leídos en el tranvía.

Participante activo del grupo de Florida, colaborador habitual de las revistas Proa y Martín Fierro, Oliverio no dejaría de sorprender en los años que siguieron: Calcomanías (1925), Espantapájaros (1932) Persuasión de los días (1942), Campo nuestro (1946) y En la masmédula (1953) fueron sus libros de poesía, a los que se sumó, en 1937, su única ficción en prosa, Interlunio, con aguafuertes de Lino Enea Spilimbergo, publicado en la editorial Sur.

Hombre de vanguardia, también lo fue a la hora de presentar y vender sus libros. Consecuente con su archiconocida frase “Un libro debe construirse como un reloj y venderse como un salchichón”, es muy famosa la performance que ideó para promocionar el libro Espantapájaros: hizo una escultura de papel maché (a la que llamó "espantapájaros académico"; y que utilizó para la portada de la primera edición), la colocó en una carroza funeraria tirada por seis caballos, y la hizo pasear por la avenida Corrientes, mientras que en un local de la calle Florida, que alquiló para la ocasión, bellas señoritas vendían el libro. Su extravagancia fue exitosa: la primera tirada, de 5000 ejemplares, se agotó casi enseguida.

Hace algunos años, en 1992, Eliseo Subiela, con una película que quizás también podamos poner en la vanguardia (tal como lo había sido Hombre mirando al sudeste, de 1986), puso la figura de Girondo una vez más en la consideración masiva -o casi masiva- del público. Se trató de la exitosa película El lado oscuro del corazón, cuyo personaje principal, el poeta Oliverio (interpretado por Darío Grandinetti) deambula por Buenos Aires, viviendo amores efímeros e intensos, y recitando, como propias, algunas de las más famosas poesías de Girondo, así como otras de Juan Gelman y Mario Benedetti. Por esos años, muchos lectores que aún no lo conocíamos, compramos los viejos libros del poeta que había sido vanguardia setenta años antes, y los recitamos como si fueran nuestros, como si fueran nuevos. Una vez más, Oliverio estaba en la vanguardia.

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