Brecht, la revolución

Mañana sábado 14 de agosto se cumplen sesenta y cinco años de la muerte de Bertold Brecht, figura central de la dramatugia y de las vanguardias estéticas del siglo XX. Lo recordamos con esta nota de María Trombetta.



Por María Trombetta


Desde sus orígenes en Grecia hace más de 2500 años, la discusión sobre la función del Teatro acompaña a su práctica: formación de ciudadanos, reproductor de normas y tradiciones, medio para elevar a las personas y otras tantas, que esta forma del Arte supo asumir, acompañando los diferentes contextos que lo albergaron.


A fines del S XIX y principios del XX, con las vanguardias poniendo en cuestión al Arte y al mundo, y a partir de la profesionalización del trabajo de actores y actrices, se genera una revolución: la actuación, más que un simple oficio, se presenta como un campo sobre el que era preciso reflexionar y generar conocimiento. Fue una etapa sumamente productiva para el Teatro, a partir de las teorías de verdaderos genios como Stanislavski, Meyerhold, Artaud y Brecht, entre tantos otros.



Bertolt Brecht, de cuya muerte se cumplieron 65 años el  14 de agosto , desarrolló su producción como dramaturgo, actor y director teatral desde la premisa de que el teatro debía generar la reflexión del espectador. En contraposición con el teatro aristotélico, que buscaba sumergir al público en una ilusión que movilizara sus sentimientos, Brecht desarrolló su teatro épico (en el sentido de narrativo), buscando reducir la respuesta emocional de los espectadores para permitirles el pensamiento, favoreciendo la toma de conciencia de su lugar en la sociedad. El eje de su producción gira en torno a la crítica a los ideales de la burguesía, cuestionando su forma de vida y sus concepciones artísticas. Las puestas del teatro épico, en lugar de envolver al auditorio en las situaciones escénicas, lo colocan en el lugar de un observador, despertando su actividad intelectual en vez de anestesiarla con emociones: el artificio del teatro es subrayado con la introducción de canciones, carteles y  la ruptura de la cuarta pared, generando el efecto de distanciamiento que evita la catarsis y permite la evaluación objetiva de ideas y circunstancias.


La influencia de Brecht en el teatro del mundo entero es determinante: en nuestro país. Desde mediados del S XX, resultó muy productiva entre los creadores del movimiento de Teatro Independiente.

En la impresionante y monumental obra de Brecht se encuentran algunos de los textos centrales de la historia del teatro: “La ópera de dos centavos”, “Madre Coraje y sus hijos”, “Terror y miseria del Tercer Reich”, “Vida de Galileo”, entre otros. 


En las guerras campesinas, la mayor calamidad de la historia alemana, se arrancaron los colmillos a la Reforma en lo que a los aspectos sociales se refiere. Quedaron los negocios y el cinismo.

Madre Coraje – dicho sea para ayudar a la representación teatral- comprende, como sus amigos y huéspedes y como casi todos, el carácter puramente mercantil de la guerra: eso es precisamente lo que la atrae. Cree en la guerra hasta el fin. Ni siquiera se le ocurre que hay que tener un cuchillo muy largo para poder sacar tajada de la guerra. Quien contempla una catástrofe espera siempre, equivocadamente, que las víctimas aprendan algo de ella. Mientras la masa sea el objeto de la política, no podrá considerar lo que le sucede como un experimento, sino como un destino; aprende tan poco de la catástrofe como un conejillo de Indias de biología. No incumbe al autor de la obra abrir los ojos al final a Madre Coraje… Ella comprende algo hacia la mitad de la pieza, al final de la escena 6, pero luego vuelve a perder esa comprensión… Lo que importa al autor es que el espectador comprenda.

Bertolt Brecht – Observaciones sobre “Madre Coraje y sus hijos”


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