Ana María Picchio: “En la época de La tregua estábamos prohibidos, ¡pero estábamos en el Oscar!”

En el ciclo de Cine debate en casa, que es el hijo y sucesor del histórico ciclo de Cine y Literatura que ya tiene más de diez años, nos dimos un lujo inesperado: entrevistar a una grande, una leyenda del cine argentino. Con una dulzura que desarma, una claridad absoluta y una memoria prodigiosa Ana María Picchio nos habló de su carrera, de sus primeros pasos con Breve cielo y del clásico de clásicos de nuestra cinematografía: La tregua. Fue una noche mágica.



Mario Méndez: Buenas noches a todos. Buenas noches y bienvenida, querida y admirada Ana María Picchio. Es una enorme alegría y un honor tenerte con nosotros. Nosotros estamos viendo cine argentino. También estuvimos en un ciclo de cine uruguayo, que con Benedetti tiene bastante relación, por supuesto. Y cuando  surgió la posibilidad de entrevistarte, Ana María, vimos varias películas: Breve cielo, La sartén por el mango, Angelita la doctora, y, desde luego, La tregua. Y ha habido un enorme intercambio de mails en este grupo que llamamos “La cofradía”, llegó un recitado que hacés de un poema de Benedetti, sobre Laura Avellaneda, que es maravilloso, llegó una entrevista, llegaron montones de cosas y la verdad es que todas muy disfrutables. Incluso, la primera pregunta que quiero hacerte, y que surgió al escuchar el programa Los personajes, que está en Cine.ar, en el que hablan de Laura Avellaneda, yo no sabía, y muchos compañeros que están acá sí, que La tregua se había hecho antes en la televisión. Contanos un poco eso, para los que no sabemos. 


Ana María Picchio: Nosotros teníamos un ciclo que se llamaba Las grandes novelas. Estábamos Cipe Lincovsky, Renán, que era el director… las adaptaciones las hacían escritores muy maravillosos. Los textos eran de Dostoievski. Roberto Arlt, Sábato, Pushkin, Borges, hicimos cosas muy importantes. Y todo en una semana. Cada semana cambiábamos la historia. Y el elenco éramos todos los que trabajamos en La tregua. Y un día, a Renán y a Walter Vidarte (no sé si lo recuerdan,  un famoso actor uruguayo), se les ocurrió hacer La tregua. Entonces la hicimos en un programa. Y Walter dijo que él era amigo de Benedetti y que podríamos pedirle permiso para hacer la película. Entonces vino Benedetti, y vio la versión de TV, en el viejo Canal 7, ahí en Leandro Alem y Viamonte. Era un lugar chiquitito, estábamos todos ahí, Benedetti miraba… y cuando terminó dijo: “Si lo hacen así, ya les digo que sí”.


MM: Me cuesta imaginarlo. Tener a Benedetti ahí…


AMP: Nosotros tampoco lo podíamos creer. Después nos fuimos a almorzar, nos invitaron las productoras de la película, Tita Tamames y Rosita Zemborain, gracias a quienes pudimos hacer la película. Porque el Instituto dijo que no, porque hacía mucho que yo no protagonizaba, Alterio tampoco, y en esa época las pautas eran diferentes. Las garantías que te pedían para hacer la peli eran muy altas. Entonces ellas dijeron que ponían la plata. Y nosotros cobramos todos lo mismo, desde Norma Aleandro hasta Alterio pasando por mí. Todos cobrábamos lo mismo. Y empezamos a filmar en unas oficinas viejas que tenía Austral… o Aerolíneas. Me parece que Austral y Aerolíneas estaban juntas. Ya no servían más esas oficinas, entonces nos las habían  prestado. Me acuerdo de que era muy temprano a la mañana, y estaba armada la escenografía: el escritorio del flaco, de Alterio, lo que iba a ser mi escritorio… Llegamos, cada uno se metió donde correspondía, porque ya sabíamos cómo era, y ahí empezamos. Pero nunca pensamos que la película iba a llegar donde llegó. Nunca, jamás en la vida. Sabíamos que estaba en México, entre algunas personas, entre algunos compañeros, pero no lo que fue. 


MM: Fue impresionante. 


AMP: Es bonito eso. Cuando uno es el primer sorprendido. Y además nosotros estábamos todos prohibidos en ese momento. Entonces era todo raro. Estábamos prohibidos pero estábamos en el Oscar. Y Alterio estaba en San Sebastián, porque lo habían llamado para llevar la película. Y se quedó ahí unos cuantos años, no pudo volver. Así que mirá lo que es la vida. Acá en el chat me preguntan por lo de Moscú. Fue antes. 


MM: Con Breve cielo


AMP: Claro. Fue en el ’69. Yo tampoco pude festejarlo, porque en ese momento estaba trabajando en el Cervantes, y acá estaba Onganía. Me preguntaban y decía: “No sé”. Ni siquiera podía hablar mucho de la película, porque era contraproducente. Nosotros teníamos miedo. O sea, no pude festejar en ninguno de los dos casos. Pero los festejos de La tregua, y de Breve cielo son constantes. Hace muy poco llegué de España, de hacer una serie en Madrid, y me llamaron para llevar La tregua a todos los lugares donde había vivido Mario. En todos los barrios donde había vivido Mario, se pasaba La tregua. Y hace más de cuarenta años… Pero es lo que decía Benedetti: “Cuando uno habla de la gente que espera el colectivo…”. Porque La tregua es una película de la gente. No es una película de personas especiales. Es dela gente, le habla a la gente común. 


MM: Sí. Además de que es una historia de amor maravillosa, y que los personajes son tan queribles, es cierto que esa cotidianeidad pegó. 


AMP: Claro. Ahí hablan de la homosexualidad… era la primera vez que se hablaba de la homosexualidad de esa manera, con las dificultades que tenía el padre y que tenían todos los que rodeaban al hijo, de decir la palabra “homosexual”. Decían: “quienes son esos amigos raros”. Lo ves hoy y decís: “Guau, qué difícil que era vivir antes”, ¿no? Qué fácil que es vivir ahora, salvo por el bichito que nos tiene locos. ¿ustedes no lo piensan eso? No tengo la suerte de verlos porque no estoy sin la compu.


MM: Mirá, somos veintipico y están todos asintiendo. 


AMP: Nosotros nos quejábamos de todas las cosas que no teníamos…


MM: Acá agrega alguien (yo veo una sola pantalla), que ahora somos treinta y tres. ¡No es La tregua, no es un éxito tan arrollador, pero somos unos cuantos! Recién hablabas de lo del protagonismo. Una de las cosas que más me sorprendió repasando tu carrera, ¿tu primera incursión en el cine fue Breve cielo, o estoy equivocado? 


AMP: Sí. 


MM: te dieron el protagónico y ganaste el premio en Moscú. 


AMP: Qué loco, ¿no? Ni yo lo puedo creer. Es más, cuando Lucas Demare trajo el premio, me dijo: “Menos mal que vos no estabas, piba. Porque si no te hubieras creído todo lo que veías ahí, y no hubieras trabajado nunca más en tu vida”. Porque la terna era Shirley Mc Laine, Sofía Loren, Picchio. Esa era la terna. Le preguntaron a Lucas quién era esa chica. Él decía: “No sé, no la conozco”. Porque lo hicieron pasar al palco de la Argentina para recibir el premio. Viste cómo son los rusos. Los rusos la hacen bien. 


Laura Ávila: Hola María. Quería preguntarte, ¿vos saliste del teatro? ¿Empezaste haciendo teatro primero? 


AMP: Claro. Yo estaba haciendo Los prójimos. Era un personaje que gritaba detrás del escenario. Tampoco salía. Salía al final a saludar, con uno que era un compañero mío, grandote, y David Kohon me vio ahí. Me vio gritando detrás del escenario, me escuchó. Y después me vio y le gustó. Dijo que le gustaba, que era lo que estaba buscando. Mirá qué increíble…


LA: ¡Qué ojo!


AMP: Fue por un compañero. Yo tenía un compañero del Conservatorio que estudiaba cine en el instituto. Entonces David les dijo que estaba por hacer una película, que al principio iba a ser un documental, pero que necesitaba encontrar a la chica, y les dijo a los alumnos cómo era la chica que estaba buscando. Y mi compañero levantó la mano y dijo que conocía una chica que era igual. Entonces él le dijo: “Dígale que me mande unas fotos”. Y nosotros no teníamos fotos en esa época, éramos pobres. Entonces le dijo: “Ella, fotos no tiene, pero la puede ver en el teatro”. (Se ríe). Gritando detrás del escenario. Y así fue.


LA: ¿Cómo fue trabajar con ese director que era casi un documentalista? ¿Cómo fue esa experiencia de grabar en la calle? Porque la hicieron en la calle la película…


AMP: Casi en la calle. Yo nunca había trabajado, no tenía idea de lo que era un director de cine. Pero él era un maestro, un gran director. Los franceses decían que si hubiera sido francés, hubiera sido director de la nouvelle vague. Porque era exquisito. Como director y como persona. Todo lo que yo aprendí de cine lo aprendí de él. De verdad. Me marcaba cosas, me miraba constantemente. Y cuando hicimos la primera toma, me dijo (me trataba de “usted”): “Ahora la voy a llevar a Alex, (que eran los laboratorios) para que usted vea lo que significa la cámara”. Y me llevó. Los directores no llevaban a los actores… salvo a Alcón. Y me dijo: “¿Ve? Esta escena la vamos a dejar. Pero en el cine solamente hay que pensar, no hay que actuar. Porque usted tiene la cara del personaje. Usted es el personaje. Usted, solamente, ante la situación, piense. Y este tremendo plano que va a ser toda la pantalla, va a reflejar lo que usted está sintiendo. Cuanto más “para adentro” sea, mejor”. Imaginate vos… Entonces, yo ahí me di cuenta de que estaba en manos de un tipo que era un capo total. Yo tuve mucha suerte. Tanto en el cine como en el teatro, en la vida del arte. Porque se me puso todo enfrente. “Aquí está todo. Tomá”. 


LA: Filmaste también con Jorge Cedrón. 


AMP: También con Jorge Cedrón, que también era muy buen director y muy amigo nuestro. Yo hice una película con él que se llamaba El habilitado. Que era la historia de unos chicos que alquilaban unos caballos en Mar del Plata. Y yo venía, y el caballo se desboca y pasó al costado de Jorge a una velocidad… Jorge me gritó: “Tirate”. Me tiré y caí en los brazos de él. No sé si lo hubiera podido seguir contando; por lo menos estaría en un sillón de ruedas. Fue increíble. Hay que tener mucho cuidado con los caballos. Porque los caballos de alquiler son medio loquitos. Cuando sienten que el que va arriba va hablando y no sostiene bien las riendas, se ponen como locos. 



MM: Ahora que Laura mencionó a Cedrón, vos sabés que hace unos años, en este ciclo lo invitamos a Abelardo Kuschnir, que hizo el sonido de Operación masacre. Y nos contaba de cuando filmaban en la clandestinidad, prácticamente. Nadie sabía lo que estaban haciendo. 


AMP. Me acuerdo de Abelardo. Sí, yo estaba haciendo teatro, y cuando salíamos del teatro, (era en el SHA), yo manejaba el auto e íbamos con Walter Vidarte a la filmación. Y como yo tenía poquito, hacía nada más que un saludo, me quedaba dando vueltas por ahí; y en un momento me pareció ver a Troxler. Entonces voy corriendo y le digo al Tigre que me pareció verlo, y me dice: “No, no te pareció. Está acá. Vino para poner la puesta de la escena del fusilamiento.”. Era increíble… las cosas que pasaban en esa película. Me contaron que una vez Norma Aleandro estaba en la puerta de Canal 7, esperando un remís que la iba a llevar a la filmación. Como todo era así, subías, no hablabas con nadie… parece que Normita subió, y el tipo le dijo: ¿Dónde vamos?”  Y ella le dijo: “Bueno, usted sabe dónde vamos”. Y no era de la filmación, no era ese el auto que le correspondía. La llevó otra vez al canal y ahí esperó. Eran experiencias y momentos muy especiales. 


MM: Impresionante, sí. Porque en el medio, ustedes estaban prohibidos, las dictaduras, y trabajando con semejantes directores. Recién decían que el elenco de La tregua es la selección nacional. Están todos…


AMP: Sí, es verdad. El elenco de La tregua es maravilloso. Y cada escena es un cuento aparte. A Benedetti le encantaba la película, le encantaba verla. Estaba fascinado. Yo también. ¿Ahora la vieron remasterizada? 


LA: Sí. Impecable.


MM: Sí, sí, se ve muy bien, se escucha muy bien…


AMP: Es que le faltaba eso. Qué lástima que no está Abelardo, si no podría hablar como especialista en sonido, en ese sentido. Hubo un momento en el que el sonido en el cine era bastante raro. Nunca se escuchaba bien. Ahora es una maravilla. Cómo cambió la película. Parece hecha el día anterior. 


MM: Siempre fue un poco el problema del cine argentino.


AMP: Además, las doblábamos. ¿Te acordás?


LA: Era doblada, sí. Se nota mucho. 


AMP: Había cosas que iban en directo. Pero cositas… como exteriores… Pero si había mucho ruido… la escena del puente en Breve cielo la tuvimos que doblar, porque no se podía hablar allá arriba. Se movía todo, se movía el puente que daba calambre. 


LA: Sin embargo la película quedó muy bien de sonido. Él era un documentalista, y en esas tomas se nota mucho que tenía esa cancha para filmar. 


AMP: Sí. Pero también, era un poco más fácil Breve cielo, que La tregua

LA: Vos eras la única mujer. Estás en casi todas las tomas de Breve cielo. Era una experiencia fuerte esa, también.


MM: Y decime, vos fuiste debutante como actriz en Breve cielo. Y Renán era debutante como director de cine con La tregua, ¿no? 


AMP: Tal cual.


MM: ¿Y se lo notaba nervioso o se movía fluidamente?


AMP: Al principio vino Puenzo a ayudarlo. Y después lo teníamos a De Sanzo, que hacía la fotografía. Todo el mundo descansaba en De Sanzo. Porque él sabía más que todos. Y lo ayudó mucho a Renán. 


MM: Y después de La tregua siguió siendo un gran director. ¿Trabajar con Alterio cómo fue?


AMP: Nosotros hicimos teatro con el flaco, hicimos eso de las grandes novelas… Qué se yo… a veces cuando nos encontramos, (cuando voy a España me lo encuentro y siempre vamos a comer),  y hablamos de eso. Trabajar entre compañeros es muy distinto que trabajar con gente que uno no conoce. Él me dice “Avellaneda”. Me llama “Avellaneda”. Qué sé yo…



MM: ¿Y a Fernández de Rosa lo conocías cuando hiciste Breve cielo?


AMP: ¿A Paco? ¡No! Yo miraba La familia Falcón en mi casa por televisión. Yo no lo conocía. Fue una cosa fuerte para mí eso. Porque además él era muy conocido. La gente por la calle lo conocía, le pedían autógrafos, todo. 


MM: Y a vos todavía no…


AMP: ¡No! A mí no me conocía nadie. Yo iba en tren hasta la filmación. Filmábamos en la calle Carrasco, en Villa Luro. Yo me tomaba el tren vestida del personaje, me bajaba ahí. Yo me lo creí totalmente ese personaje. Divino. 


MM: Es un personaje hermoso realmente. Y duro. Muy duro. 


AMP: Sí, era divino. Qué inteligencia, ¿No? Cuando la gente de barrio, la gente humilde, es inteligente, cómo se sabe mover en la vida. Cómo sabe dónde tiene que estar y dónde no tiene que estar. Siempre digo que la escena esa, cuando ellos están tomando el desayuno, y ella le dice: “Y vos, ¿I love you” a mí?, él le dice “Dejate de joder” y ella le dice: “Yo sí. Bah, un poco”. Yo creo que si él le hubiera dicho que sí, ella se queda. Y otra cosa que les quiero contar, porque les va a gustar. Estábamos haciendo una nota con Matías Martin, y hablábamos de la escena del final de Breve cielo. Cuando Paco le dice al policía que quiere hablar con Delia que está con el soldadito,  y ella dice; “No sé quién es, no lo conozco”. Y el policía lo agarra y le dice: “No vale la pena, pibe. Vení.” Qué fuerte… Vos sabés que el hijo de este policía estaba escuchando el programa y dice que lo odió al padre cuando dijo eso. Él se daba cuenta de que el padre estaba haciendo el personaje del policía, pero lo odió. Por la falta de amor, la falta de respeto de decir eso. No vale la pena. Qué fuerte. 


MM: Muy fuerte, Voy a pasar un poco el micrófono a los compañeros o las compañeras. ¿Hay alguien que tiene alguna pregunta que hacer? 


Gabriel: Hola Ana María. Quería preguntarte cómo es para vos seguir trabajando, después de cincuenta y con esa actitud de sorpresa, de buena onda frente al trabajo. ¿Qué representa para vos seguir trabajando después de tantos años? 


AMP: Mirá Gabriel, si vos me lo hubieras preguntado sin el COVID, yo te hubiera contestado que es igual. Pero la cosa se pone fulera con el COVID. Porque ahora sí que no es igual. No es igual nada, no es igual la vida, no es igual la tranquilidad de uno. Nada es igual. Entonces es raro, es como otro mundo. Y no es que esté en un día muy especial, no. Todos los días estoy así. Pienso que ya es como otro mundo, este, en el que nosotros ya no somos dueños de nada hoy. Ni siquiera dentro de un rato. Ni de mañana. No sabemos lo que nos va a pasar. Recién acabo de escuchar a un médico que dice que es recomendable no juntarse en lugares cerrados, con más de tres personas. Una cosa así. Porque el delta, que es el que viene ahora, la otra cepa, es terrible. Entonces imagínate para las treinta personas que están acá, que no las veo pero me imagino lo que debe ser… Las caras de cada una y lo que deben estar pensando, porque somos todos más o menos de la misma edad. Nosotros ya tenemos las dos vacunas. OK. Es una suerte. Parece que no nos vamos a morir. Pero la vamos a pasar medio mal, ¿no? Entonces imagínate, para un actor. No sé si ven a la noche los planos que hacen de la calle Corrientes. Vacía. Los boliches, los restoranes… ¿Quién va a salir a la calle? Porque es verdad que el teatro es lo más seguro, porque hay un buen protocolo. Es muy difícil que alguien se enferme yendo al teatro. ES muy difícil. Pero después, cuando salís del teatro tenés ganas de ir a comer o a tomar un café. Pero no tenés ganas de estar afuera. Porque no nos vamos a morir de COVID, pero nos vamos a morir de frío. Porque por más que te pongan la estufita… Ayer estaba en un restorán con el hijo de Pino Solanas y un amigo, comiendo una pizza,  y no sabés el fío que hacía. Entonces es muy difícil. Uno tiene muy arraigada la idea de que “después del teatro nos vamos a comer algo”. Y eso ya no lo podemos hacer. Para los actores también es jodido. Porque salir del teatro como una laucha, meterte adentro de un auto, llegar a tu casa, solo, porque tampoco podes hacer un plan con otros compañeros que no sean los del teatro. No podés ver a los nietos, no los podés tocar, no los podés abrazar, no podés hacer nada. Entonces se pone dura la cosa, se pone diferente.

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