martes, 15 de julio de 2014

Poesía y papeles sueltos

Hay que dejar que la ficción hable, y Libro de Arena siempre encuentra en las ficciones, en los textos un lugar para que ellas mismas hablen de la ficción, de la lectura o escritura. En este caso el texto de hoy corresponde a  Alicia Dujovne Ortiz, a su novela Las perlas rojas, que narra la historia de un personaje femenino en quien se cree reconocer a la propia autora.



“Una vez cada tanto te citan de la prefectura para formularte la conocida pregunta: “qué está haciendo en Roma”, pero mostrás tu pasaporte de país todavía deseado y los comprobantes del giro con la beca paterna y atravesás entre las gotas.
Petar no pasa ni imitando a los contemporáneos de Cleopatra versión pintada.
-Y bueno-concluye-. Nos vamos a París.
Abandonás los poemas con los que tiempo atrás, en ausencia de Petar que se había ido a Capri a enrollar con su paciente y pegajoso hilo el hormiguero de turistas, has empapelado los muros de tu casita.
Ha sido un mes delicioso de verano, sin ronquidos ni resoplidos ni ropa sucia; un mes sin hombre. Todas las tardes has atravesado el Tevere, deteniéndote a mirar con ansias, no por incomprensibles menos ardientes, su caudalosa musculatura que fluye dibujando líneas de vértigo. Vas al Instituto Bíblico Oriental. La biblioteca, sólo frecuentada por monjes y curitas de sotanas rojas o blancas, tiene un claustro fresco rodeado de cipreses. Allí encontrás a Ruysbrock el Admirable, a los poetas sufís. Hay un sufí llamado Schabi que a vos te maravilla por ese modo que tiene se remontar en picada, sorbido hacia lo alto pero partiendo de la sencillez. En la primera estrofa se aplica a describir una cosa pequeña, pongámosle una hoja, una gota; en la segunda una cosa más vasta que sobrevuela hojas y gotas. Vos, que para volar precisás un punto de apoyo, te sentís cerca de ese persa muerto hace tiempo. Puede que en Roma no te hayas sentido nunca tan cerca de nadie. Ni en ninguna otra parte. Pero abandonás sus poemas copiados por tu mano y pinchados en tus paredes, porque Petar no quiere cargar con más papelerío.”


Fragmento de: Las perlas rojas,

Alicia Dujovne Ortiz

Buenos Aires, Alfaguara, 2005.


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