SOY

En esta bella nota, Guadalupe Sánchez, recientemente incorporada a nuestro Laboratorio de análisis y producción de LIJ, nos propone un recorrido por varias obras, de autores y autoras que en la LIJ, o fuera de ella, se han propuesto poner la identidad como eje. El título, SOY, no podría estar mejor elegido.




Por Guadalupe Sánchez*


Cuán importante es saber quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra historia. 

La literatura infantil y juvenil fue siempre pionera en mostrar y en mantener viva la memoria de la historia argentina que también es mi historia, es quién soy.


Palabras, palabras y más palabras que mantienen viva la Memoria por la Verdad y la Justicia. Estas son las palabras que encontré en mi recorrido de literatura infantil y juvenil, palabras que me hicieron que las pronuncie en voz alta porque reclaman ser escuchadas, compartidas, porque...

“La lucha es larga

redobla el parche sordo

del paredón”

Haiku Negro de Lía Miersch


Lo primero que me viene a la mente al pensar en Literatura Infantil y Memoria es María Elena Walsh, busco entre sus libros, entre su poesía, me vuelvo a conmover entre sus letras, viene a mí una canción:                          

Tantas veces me borraron

tantas desaparecí,

a mi propio entierro fui

sola y llorando.


Y esto se fusiona con el recuerdo de una escena que leí del libro Elecciones Primarias de Silvia Hopenhayn, donde la protagonista, una niña, viaja en subte con su prima que la advierte de no hacer nada “sospechoso”, para aquella época todo era sospechoso, entonces se pone a mirar los zapatos de las personas y entona Como la cigarra, pero calla rápidamente y sus ojos encuentran unos borcegos, le dan miedo, su boca fue juntando saliva o miedo, y pronunció su primera “mala” palabra hijo de puta que salió como vómito junto a su saliva o su miedo.


Siempre María Eterna Walsh, metida en nuestras vidas, en nuestra historia, en nuestra literatura. Nos invitaba a jugar  en el mundo mientras el diablo no estaba pero cuando aparecía nos lo mostraba, nos lo cantaba.


“- Qué yo no soy yo”, dice Mariana, la protagonista de Cruzar la Noche de Alicia Barberis. Busca su identidad, busca su historia y cuando la encuentra grita como Irulana al Ogronte, lo destruye con su nombre, con su identidad.


Mario Méndez nos cuenta quién es: “Soy Méndez, como mi viejo, y también soy Vallejos, porque del lado de mi madre viene la otra mitad de mi historia.” en Historias que abrazan


A Mariana, continuando con la novela de Barberis, le falta no una mitad de su historia, le falta toda su historia. Mariana necesita saber cómo se llama, a dónde está su mamá, quién es su papá, por qué no está con ellos. Busca saber quién es, busca verdad y no espera. No espera como aquel niño a su tío que nunca llega, en Mañana viene mi tío de Pantana. 


Sin casillero

sin huella digital

en el silencio

Haiku Negro de Lía Miersch.


Borrar, desaparecer, silenciar, invisibilizar… Gianni Rodari, en su libro Tonino, el invisible nos muestra que ser invisible no está bueno, el que no es nombrado no está y si no está, entonces no existe.


Paula Bombara comienza su libro El mar y la serpiente con un epígrafe que dice:


“Lo que me asombra es no haber abandonado por completo mis esperanzas, que parecen absurdas e irrealizables. Y, sin embargo, me aferro a ellas a pesar de todo y sigo creyendo en la innata bondad del hombre. Ana  Frank, Diario. 


Y nos muestra durante la novela que esa nena y todos se ríen de mentira, lloran para adentro, hablan para adentro pero un día ella no va a mentir más y va a reír verdaderamente.


Esos recuerdos de una infancia atravesada por el miedo constante como lo cotidiano. Recuerdos que golpean las puertas de la verdad…


“La madre dijo: Iba atravesando el guadal, tapada de tierra, mientras sonaban los disparos, y dijo que corrió sobre la tierra suelta, hundida. Ella hasta ahora no había pensado en eso que alguna vez escuchó decir a su madre, no le había dado importancia a esas palabras.

Tierra suelta.

Madre tierra.

Lengua madre.”

Lengua Madre de María Teresa Andruetto.


Aprendo una palabra, Embute, idea originada por la lectura de Poe y la cual salva la vida de Clarita de tan solo tres meses, salva, me pregunta La casa de los conejos de Laura Alcoba.


Sigo encontrando más palabras, éstas están escritas en una pared de un hospital en la Patagonia:

“Había una vez una muchacha que tenía sueños. Y una vida adentro. Ella esperaba que sus sueños y su vida de adentro fueran una sola cosa. Quería construirlos a los dos. Su nombre no importa. Era una muchacha que soñaba.”

La soga de Esteban Valentino.


Sigo encontrando más palabras…


“Cuando la boca no tenga más palabras

y las palabras desaparezcan

en un aturdido remolino.

(...)

Cuando no estemos

Nosotros

estaremos regresando”.


Fragmento de una poesía de Ana María Ponce, La Loli.


“Qué quiere decir compromiso en la escritura” se pregunta Andruetto en el libro Hacia una literatura sin adjetivos. 

Desde lo particular, lo privado e íntimo, pero sumamente social, sí, social es la escritura, social y comprometida, sin lugar a dudas.


*Guadalupe Sanchez se ha acercado a la literatura infantil y juvenil por varios caminos pero digamos que la docencia la llevó a descubrir su pasión por la narración, con su personaje clownesco, bautizado por ella misma como Narralupe, visita escuelas, jardines, plazas y bibliotecas. Y como se enamoró de estas, hoy es bibliotecaria en la Biblioteca Popular Arturo Jauretche de El Palomar. Lee de todo pero siempre, no sabe por qué, termina con un libro de literatura infantil en la mano.


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