Irene Singer, María Wernicke y Judith Wilhelm: “El álbum es un libro cuyo sentido se construye en la interacción de los lenguajes”

En esta segunda parte de la entrevista comenzamos con el texto, para seguir hablando del trabajo de interacción entre los textos y las ilustraciones que se ve claramente en los álbumes y también la cocina de la edición, el ida y vuelta entre escritores, ilustradores, diseñadores e incluso fotógrafos, que generalmente coordinan –ardua tarea–  los editores.



Mario Méndez: Y a la escritura, ¿cómo llegaron? Porque son autoras integrales. ¿Hacen un guión? ¿Hacen un texto? ¿Cómo hacen?

Irene Singer: Yo siempre siento eso… más bien busco la palabra que no estoy dibujando. En Teodoro yo decía que estaba guionando. Estoy buscando en la palabra lo que necesito, porque no lo estoy dibujando. Como me cuesta mucho, escribir me encanta, me lleva mucho tiempo. No es que “me sale”. Puedo dibujar rápidamente un montón de cosas, pero escribir… Busco la palabra, y escribo algo y corrijo, varias veces. Tengo que sentirlo. Lo leo mucho. A veces siento que cuando leo en voz alta, me atraviesa de otra manera, es como si otro lo estuviera leyendo. La palabra además de tener el significado correcto tiene que sonarme bien. También el aspecto estético. Me gusta mucho la conjunción de la palabra y la imagen. La verdad es que no podría escribir una novela. Puedo guionar los dibujos que están en un libro.

MM: Y en el caso de La decisión de Teodoro, dijiste que empezó por una idea. La idea de los miedos nocturnos. ¿Después fuiste guionando o iba en paralelo?

IS: Iban sucediendo las dos cosas al mismo tiempo. Era absolutamente autobiográfico, no solo de mi propia vida, sino de la de mis hijos, tratando de ir a la cama todas las noches. Hubo un montón de dibujitos de esas idas nocturnas, y algunos textos empezaron a surgir en paralelo. Igual me pasó con Espejismos. Acá no está… Lo que tiene de interesante Espejismos fue que nos juntamos, elegimos algunas fotos de unos viajes (él -Gabriel Giovanetti- había hecho muchos viajes por la ruta de la seda), y yo me llevé algunas fotos donde aparecían ciertos personajes, y empecé a generar una historia a partir de las imágenes. Luego fue surgiendo la historia, y empezaron a necesitar otras imágenes, le iba pidiendo y lo que hice fue eso: ilustrar directamente sobre la fotografía. Pero ahí pasó eso. La imagen fue primero, y el texto arriba.

MM: ¿Y vos, María?

María Wernicke: La escritura estaba antes. En realidad, yo siempre escribí. Pero jamás se me había ocurrido ni publicar, ni mostrar, nada, jamás. De hecho, había un montón de amigos que ni sabían que escribía. Lo visible era la imagen. Y cuando empecé a ver los libros del Fondo, fue cuando me di cuenta de que también podía escribir. Justo hoy, antes de venir, pensaba en cómo era esta relación de la imagen y de la palabra. Y pensaba en parte en lo del guión, en algo como cinematográfico. Hay algo que quiero contar primero. En abstracto. Uno y Otro también tiene una historia detrás, que fue una pelea con mi pareja de ese momento. Y la cuento porque de verdad es muy fuerte. Estaba planchando, así como muy en caliente y dije: “Somos blanco y negro”. BUM. Y me bajó todo. Mientras planchaba. (Risas). Toda la historia. No sabía bien cómo terminaba esta cosa de los opuestos, de lo irreconciliable. Pero si lo iba a meter en un libro, tenía que haber (y en mi casa también) algún punto de encuentro, porque si no se iba todo al diablo. Y así apareció. Cuando yo pensé “blanco y negro”, era literal. Hice un libro blanco y negro. Más allá de que cambió el nombre. Pero tenía que ver con algo que quería decir. Con Hay días, fue un flash de un recuerdo de infancia. Algo que nada que ver. Estaba sentada en la computadora y de golpe me acordé del jardín de mi casa, que era muy largo (la casa era chiquita) y de mi vieja ahí atrás, yendo al fondo a colgar las sábanas. Yo, chica. Me acuerdo de que miraba y mientras veía las sábanas, y las patitas de mi vieja, era una sensación y con esa sensación me vino una frase: “Detrás de las sábanas estaba mi madre”.  Eso no está acá en el libro, pero a partir de ahí empecé a escribir. Y aparecieron imágenes que ponía en un cuaderno y escribía un mamarrachito al lado. Hay un simultáneo de usar los dos lenguajes. Y lo que dice Irene, en donde digo con palabras, digo otra cosa con la imagen. Agrego, saco y también trabajo mucho, mucho, en el texto. Tengo una cosa previa, pero después laburo como una condenada para que quede de  verdad lo que yo quiero decir, que suene bien. Y leo en voz alta, y hago maqueta para ver el ritmo de pasar de una página a otra. Porque no es lo mismo que haya tres líneas del texto en una página o que estén repartidas en tres. Hay un ritmo, silencios… Trabajo con eso como con la puntuación. Soy una obsesiva en eso. Soy menos obsesiva con la imagen.

IS: Yo también. Y lo que me pasa con leerlo tanto yo, es que cuando lo lee otro a veces no lo reconozco. (Risas).

MW: Sí. Y es más, el último tiempo, me doy cuenta con respecto a la ilustración, que la parte estética si bien busco que sea algo que yo disfrute, que goce con el material (si no, no lo hago) no me importa tanto como lo que digo. De verdad, lo que más me importa es qué estoy contando. El cómo tiene que ver con el ritmo, con lo que sería una afirmación… Más silencio, menos silencio, muestro el personaje, no lo muestro… Pero el personaje en sí, es otra búsqueda, y viene después, para mí. Todo lo otro, lo que cuento es lo más importante. Eso es ilustrar para mí, hoy.



MM: El otro día, Cecilia Bajour hablaba de libro álbum y poesía. Y de que están muy emparentadas la forma de leerlos y la forma de escribirlos, de trabajarlos. ¿Ustedes ven esa relación entre poesía y libro álbum?

MW: No sé. Lo veo más con el cine. Me parece que el libro álbum y el cine tienen un lenguaje que comparten. Es como lo mismo. Están contando con imagen y con palabra. Hay esta mirada sobre la cadencia, sobre el ritmo de lectura, cómo estás contando… Hay algo que es inherente al libro, y es el tiempo que el libro le propone al lector. El lector agarra un libro y necesita un tiempo para ir recorriendo esas páginas, al igual que cuando te sentás a mirar una película en el cine. Hay un tiempo que uno compromete con eso, entonces los autores también trabajamos con ese tiempo en el que tenés al otro delante de lo que estás diciendo.

Judith Wilhelm: Sí, en el caso tuyo, María, se nota bien ese trabajo con la palabra. La condensación de la palabra como en la poesía. Los álbumes de María, sobre todo de esta trilogía, Hay díasPapá y yo a veces y Cuando estamos juntas, que tiene una condensación absoluta en la palabra, y una síntesis muy fuerte. Como que es esa palabra y no puede ser otra. Es un tema para traducirla…

MM: ¿Los textos están traducidos?

MW: Hay días, y Papá y yo a veces. Pero en la traducción de Papá… participé activamente. La hicimos con una brasilera que conocía en ese momento, en San Pablo y la hicimos juntas. Yo tenía la chance, porque aparte conozco el idioma, de poder decir: “No, no. Acá, además, quiero decir otra cosa. Quiero una palabra que diga las dos cosas, porque esa es otra. En este tipo de libros, yo, particularmente, trabajo con la ambigüedad. La busco. No hay una sola forma, no hay un solo sentido. Es como que uso la palabra y quiero decir muchas cosas. Por lo menos, para mí. Que esa palabra, abra ese juego. Entonces, en la traducción de Hay días, hubo un tema con una palabra que tenía que ser masculina. Y en la traducción era femenina. Yo me brotéeeeee…. (Risas). Lo podías leer perfecto, pero para mí era un tema. Y las volví locas a las traductoras para qué pudieran encontrar la palabra. Después no sé qué quedó, si fue con la palabra que no era… Se leía igual, pero eso que yo quería, y era tan buscado y deseado porque  se abría otro camino en el final, se perdía. Entonces, en esas cosas yo juego, me meto.

JW: Sí, eso es bien de la poesía, y en esta trilogía yo siento que trabajás así. Peleándote con las palabras como supongo que hacen los poetas. Después hay dos libros de Calibroscopio que ilustró María, que son cuentos clásicos, que a lo mejor no están pensados como libro álbum, pero María convierte todo en libro-álbum. El regalo de los Reyes Magos, que es un cuento clásico de O’ Henry que puede narrarse, que no necesita de las imágenes para existir, María se lo apropió y lo convirtió en un álbum.

MW: Buscar cómo cuento. Qué cuento. Esa parte. Entonces, cada vez me demoro más con los libros, porque buscó eso. Digo: “Si esto ya está dicho, si este momento ya está contado”… Entonces busco lo que no está dicho, el otro momento, y también esto que tiene relación con lo cinematográfico, de contar en distintos tiempos, no en forma lineal. De jugar con lo cinematográfico y contar en otro tiempo. Buscar la forma, animarse, no sé… pero eso es lo que me gusta.

MM: El otro día, con Claudia y con Cecilia, una de las cosas que salieron en la charla es la definición de qué es un libro álbum. Es algo que no se puede leer por radio, dijo alguien. Sin embargo yo la he escuchado a Ana María Bovo contar El regalo de los Reyes Magos

MW: Claro, bueno, porque no lo es.

IS: A mí me parece que igual el álbum es un libro cuyo sentido se construye con la interacción de los lenguajes. No hay uno que da apoyo al otro.

MM: Eso está bueno como definición. El libro que se construye en esa interacción.

JW: Acá en ¿Quién soy?, en la interacción entre escritura e ilustración, en la que Irene trabajó con Paula Bombara, no sé si querés contar vos cómo resignificaron y reestructuraron esta página…

IS: Porque el cuento en sí, comenzaba con una analogía con Superman. Fue como traer a la historieta para contar esa primera parte del relato, donde ella usa a Superman y cuenta que cae en el medio de la nada igual que Manuel cuando lo encuentran.

JW: Cuenta que lo habían escondido para salvarlo…

IS: Cuenta lo de la adopción, o sea parece que lo que hicimos de acuerdo con Paula ahí, fue ver cómo encarábamos esa parte del relato, y nos apropiábamos del lenguaje de la historieta, que era como lo más adecuado para eso.

JW: Acá se trabaja sobre la analogía entre Manuel y Superman. Y en la página siguiente lo único que dice es “Manuel no es Superman”, y está esa imagen terrible que muestra a los militares.

MM: Hay algo que ya contaste acá, pero me gustaría que lo cuentes de vuelta: que no te diste cuenta de que los edificios no tenían ventanas, sino hasta después de terminarlo.

IS: Tremendo. Nadie veía nada. En una de las presentaciones que hicimos se vio eso.

JW: Me parece que fue antes, ya se había editado, pero fue algo posterior. Que vimos eso, la casa de Manuel estaba destruida, y las casas de alrededor no tenían ventanas. Nadie miraba, nadie sabía. La imagen es súper potente, y tiene también tres palabras. Había que darle espacio a esa doble página.

IS: La falta de ventanas indica que ilustra desde acá (se toca el corazón). Qué se siente. Se puede ver después de haberlo hecho. En otras cosas, con algo no tan fuerte, también me pasa. “Ah, pero qué dije”…

MM: Uno se da cuenta de lo que dijo, después. No quiso decirlo conscientemente, sino que lo hizo, y ahí está.

IS: Sí.

MM: ¿Y con las edades? El otro lunes también hablábamos. Vos hace un rato hablabas del origen de lo que era Blanco y Negro, o Uno y Otro, una pelea con el marido, a punto de pegarle con la plancha… (Risas) hay todo un tema. Porque los libros álbum, ¿para quién son?

IS: Para todas las edades. Para mí, lo único que hace que la edad cambie es la temática que tiene el libro. El libro de Teodoro es para un nene que tiene miedo de dormir. O Emigrantes, que es un libro para adultos, pero que cuando mi hijo menor tenía cinco años pasaba horas leyendo ese libro. Los libros ilustrados son para todas las edades- Concretamente hoy en día también se abren colecciones que son para adultos. Edelvives tiene esta colección, Contempla, que son libros ilustrados, no son libros álbum, pero son ilustrados para adultos. Uno tiene Seda, de Baricco, ilustrado por Rebecca Dautremer, precioso, que es un libro erótico para adultos. Obviamente. Me parece que no hay una edad. Tampoco creo en esas edades editoriales que responden nada más que al mercado y generan un estereotipo. “Un niño de nueve a once”. Si vive en la montaña, en la ciudad, no importa. Pareciera que todos a esa edad leen lo mismo. Me parece que esas son cosas del mercado, que no tienen que ver con los libros. Pero el libro álbum o el libro con imágenes, no es algo privativo de la infancia.

JW: Esa a veces es una lucha entre los editores y los libreros. La de explicarles a los papás y a los maestros que muchas veces se acercan a un libro sin texto o casi sin texto que dicen que es para chicos. Contarles y mostrarles la otra lectura. Y como pueden apropiarse de diferentes maneras. Volviendo a nuestro norte que fue el Fondo, me acuerdo del libro Zoom, algo que me pasó antes de ser editora, cuando era librera y vendía ese libro, que me la pasaba diciéndoles a maestros y padres que es un libro para todas las edades. Si un chico de diez años se sienta a ver este libro, perfecto, maravilloso que pueda ver otras cosas. Muchas veces hay un rechazo. Como que si no tiene texto es para más chicos.

IS: Creo que tiene que ver con eso y con que todavía hay una escolaridad que a grandes rasgos tiene una supremacía de la palabra, Entonces a medida que el niño empieza a leer se van quitando “las imágenes que lo distraen”. (Risas). Y ahí no entiendo de qué estamos hablando. Te dicen: “Así leen, porque si tiene muchas imágenes no leen”. No leen palabras, pero ahí estamos dejando de lado la lectura de imágenes que todos hacemos todo el tiempo.

JW: Y que en muchos casos es muy compleja.

IS: Sumamente compleja.

MM: La mayoría de las escuelas todavía no han tomado ese concepto de leer las imágenes. ¿O sí?

IS: No, pero porque me parece que en la formación docente todavía no reciben las herramientas para hacer un análisis sintáctico de la imagen, como si las tienen para hacer un análisis sintáctico del texto. Entonces con la imagen no saben qué hacer. Me parece que tiene que ver con eso. 

Asistente: Además el tiempo de Plástica son veinte minutos por semana.

IS: ¿Veinte minutos?

Asistente: Y… entre que llega la profesora, sacan los materiales…

MM: La pucha…

IS: El otro día escuché a un economista norteamericano que me daban ganas de matarlo por lo que decía. (Risas). Que materias como Arte, Literatura, Música no aportaban absolutamente nada a la formación…

Asistente: Por algo él es economista. (Risas).

MW: Una anécdota. La primera experiencia con Uno y Otro me invitan a Tucumán, al grupo Mandrágora, un grupo de gente que fue creciendo, que hace talleres con pibes en un comedor de una parroquia. Trabajaban además con pibes en cárcel y demás, y llevaban Uno y Otro que hasta el momento era el único libro. Entonces me invitan a compartir unos talleres en una escuela con chicos muy chiquititos, de seis, ocho años. Y de diez y doce. Estaban con el libro. Y los pibes me lo leían a mí. Pero a los que todavía no sabían leer, se lo habían leído y les habían mostrado las imágenes. Los más chicos eran los que leían todo. Todo absolutamente. Me leían cada detalle de la imagen, me la contaban y generaban historias a partir de eso. A mí me sorprendió, porque no tenía la menor idea acerca de cómo se iban a enganchar los pibes con este libro. Yo jamás pensé en “para qué edad”. Nada. Y con Papá y yo a veces, que es todo en blanco y negro, en Brasil me pasó de ir a un Jardín, cinco, cuatro, tres años. Y el primer encuentro fue con docentes que me decían que no sabían cómo mostrárselo a los chicos. Les pregunté qué hacían, y me dijeron  que lo dejaban en la mesa con todos los otros libros, pero que los chicos no lo agarraban. Les pregunté por qué pensaban que pasaba eso, y me dijeron que porque era en blanco y negro. “¿Y qué más han hecho?” “Y…se los leemos”. No les mostraban los dibujos. Recorro a escuela, caigo en un aula en la que estaban todos los pibes sentados en el piso, los más chiquititos, y la única docente que se los había leído con las imágenes. Se los había mostrado. Me agarra de la mano un nene, me sienta en el piso, y me dice: “Vení. Te lo voy a contar”. Todo en portugués. Me contó la historia de él y su papá, de todos los “a veces”… Se me caían las lágrimas. El pibe daba vuelta las páginas. Me iba contando, mostrándome los dibujos. El pibe había entendido todo, y había volado. Entonces, ¿cómo damos a leer? ¿Qué damos a leer? ¿Qué para quién? Y este pibe tenía tres años.

IS: Yo creo que también sucede con la palabra, que todos nos ponemos de acuerdo en que “vaso” quiere decir “vaso”. Entonces, ahí no hay duda, y sin esa duda hay como más confort. En cambio con la imagen hay tantas posibilidades, puede ser una cosa, puede ser la otra… Me ha pasado, dando talleres, tener miedo de que me digan “Acá quiere decir esto, ¿no?” Como si hubiera una sola forma. Me parece que esta posibilidad de abrir diferentes mundos es lo que a veces genera…

JW: La imagen se parece a la poesía.

IS: Claro.

JW: Porque no es unívoca.



MM: Yo tengo varias preguntas más. Pero quiero abrir a los compañeros del público a ver si alguien quiere antes de que yo siga. ¿Alguien quiere hacer una pregunta?

Asistente: A Judith. Tu lugar como autora cuando te llegan los trabajos y demás. Porque estos te llegaron cerraditos, o estaba el título, pero ¿había otras cosas? ¿Conversaron otras cosas?

JW: Es muy diferente. Es buena la pregunta porque siempre nos la hacemos nosotros, los editores. Cuál es nuestro lugar como autores. Y depende de cada proyecto. Es muy diferente. En algunos, realmente, el libro llega muy cerrado. Los de María… Haiku también. Me acuerdo de una sola intervención que pude hacer…

MW: Intentaste con la tapa, pero no te dejé. (Risas).

JW: En las dedicatorias, me “dejaron ser” un poco. Pero un libro como Haiku llegó muy hecho. Los editores sentimos como que nuestro trabajo importante es la selección. El poner el ojo ahí. Decir que quiero esto para nuestro catálogo porque nos representa. Y sacarlo adelante, pensar el formato, el papel, pero no hay quizá tanto trabajo autoral como en otros libros. Hace poquito le dije a Juan Lima, cuando sacamos su último libro de poesía, Astronomía poética, y él me hizo un comentario sobre una doble página que en un momento le sugerí. Y fue buenísimo, porque como que le dio un sentido a mi existencia. (Risas). Porque los libros de Juan también vienen cerraditos, con moño. Hay poca intervención, más allá de elegirlos y de decidir cosas más formales.
Distinto es hablar del ¿Quién soy? que es un proyecto editorial desde el minuto cero. De decidir todo con los autores, pero también de sentarnos horas y horas a pensar el libro, a proyectarlo, a estructurarlo, diseñarlo…

IS: Porque fue un proyecto largo también. ¿Fueron dos años? ¿Tres?

JW: Dos años. Un poco más.
Después este otro libro… Había una vez, también de Calibroscopio, fue un trabajo muy intenso, y nosotros sentimos que tenemos una autoría fuerte. Porque lo primero que nos llegó fue el texto de María Teresa Andruetto, que era media página de Word. Pensamos en qué podíamos hacer con eso y volamos. Un delirio. Primero lo separamos y nos daba cuarenta páginas. Y pensar en las ilustraciones, en cómo tendría que ser… Y el trabajo de Claudia. Yo no creo en las iluminaciones pero esto fue un poco así. “Esto lo tiene que hacer Claudia Legnazzi con toda esa cosa del detalle y del preciosismo”. Y lo formal también salió enseguida. Que tenía que ver vertical. Incluso me peleé un par de veces con Claudia, que decía que tenía que ser horizontal. Y lo de la cajita, lo del estuche que tenía mucho que ver con la historia, con el cuento dentro del cuento. El estuche tenía que ver con el contenido. No lo pusimos por ornamento, para “hacerlo bonito”. Me parece que ahí hay mucho trabajo de pensar, en algunos libros está más fuerte la presencia del editor como autor que en otros. Creo que tratamos que todos tengan el sello, pero a veces vienen los proyectos muy armados.  Con El traje nuevo del emperador estaba la idea de hacer ese libro. En realidad también tenía que ver con un pedido de un organismo del Ministerio. Podían ser varios cuentos, y elegimos ese, que era un cuento que a mí en la infancia me gustaba mucho. Le pregunté a Irene… y me dijiste que también era un cuento que te gustaba… ¿No?

IS: Me llamo Singer, te recuerdo. (Risas).

JW: Sí, en algunos hay un trabajo más fuerte que en otros, y ahí lo disfrutamos y lo padecemos más también. Pero es un disfrute. Pasa con este libro, Ver llover, que fue uno de los primeros libros, llegó como muy armadito, pero tenía algo del diseño que no funcionaba, y que hacía ruido a nivel contenido también. Fueron varios meses de estar probando diferentes cosas. Finalmente cambió el diseño, pero no fue un  trabajo de diseñador, sino que no funcionaba porque hacía ruido con el contenido. En muchos casos, el trabajo de edición y  el de diseño están muy relacionados. Porque uno se sienta a ver qué necesita, qué formato, que tipografía… Me desvela bastante el tema de la tipografía. Pero cuando decís que algo no va, es porque sentís que algo no va a nivel contenido.

Asistente: Pero siempre convocan para trabajar a un diseñador gráfico…

JW: Sí, en algunos casos, sí. En este, en el ¿Quién soy?, ni hablar. Este tuvo un trabajo muy fuerte, de sentarnos junto con Laura Giussani (que trabajó con nosotros en la edición) y con el diseñador.

MW: Creo que todos opinamos un poco, porque sobre el primer plantado de texto, por ejemplo, yo me metí. A ver por qué no cambiábamos tal o cual cosa. Y a cada uno le fueron pasando distintas cosas. Y todo era tenido en cuenta.

JW: Claro. Quisimos buscar cuatro tipografías diferentes. Y el trabajo con las fotografías fue muy fuerte. Y teníamos la mezcla de fotos, porque teníamos fotos de Uri Gordon, teníamos fotos de archivo de Abuelas, fotos que les habíamos pedido a los protagonistas de las historias, y cuando plantamos todo dijimos “Esto no va”, porque teníamos fotos en blanco y negro, algunas muy fuertes… No era solo una cuestión cromática, estaba el contenido. Lo que decidimos después de varias pruebas, fue poner en estas, las de los protagonistas de las historias, pasar el fondo a blanco y negro, y las figuras de los nietos dejarlas en color.

MW: Un laburo significativo, además. Porque son recuperados.

JW: Totalmente.  Fue un laburo de mucho tiempo. Después, cuando ya estaba para imprimir, el texto de Istvan estaba en tipografía negra en páginas color. Istvan había trabajado con tanta delicadeza, (también fotografiado por Uri), en el tema de las sombras, que el texto negro pesaba. Entonces, a último momento, cuando el libro estaba por salir, dijimos “Paren esto”, y lo pasamos a gris.

JW: Son cuestiones que más allá de lo estético, afectan al contenido, a lo que querés contar. En Puatucha Rentes, de Istvan, también. Él trajo primero esta maqueta, después cambió a algo muy parecido y terminó así. El libro juega con la parodia de un catálogo de pintura de un museo. Entonces, en principio teníamos un primer diseño. Pero dijimos que no podía ser, porque eso no parecía un catálogo. El texto aparecía arriba de las pinturas. Había que separarlo. Y para separarlo, había que cambiar el formato. Cuando ya lo estábamos definiendo vimos que eso no iba, y fue como separar otra vez lo estético, pero porque afectaba el contenido.




MM: ¿Ustedes suelen intervenir en el diseño, María e Iris?

MW: Yo los diseño.

IS: Yo también. No dejo que nadie se meta. (Risas).

Asistente: Uno se asombra cuando llega la obra terminada al ver el libro álbum. Puedo entender cómo es el libro álbum para la editora cuando es un trabajo integral. Pero ¿qué pasa cuando no es un trabajo integral? Te llega un cuento, por ejemplo, o un guión. ¿Cómo es ese proceso?

JW: Este fue un caso emblemático. De María Teresa Andruetto llegó el texto, que era un texto mínimo, que tenía publicado junto con otros. Es más, nos mandó varios, creo. Quizá pensando en un libro de cuentos. Y acá, en este texto, vimos algo. Vimos que tenía el potencial para ser un libro-álbum, y para ser otra cosa. Es eso, y empezar a pensar y juntarse con el ilustrador, pensarlo juntos, confrontar…

Asistente: ¿Llegan guiones para el libro álbum? ¿O te llegan solamente los cuentos? Porque no sé si hay un formato. Uno se imagina cómo se entrega una novela, el manuscrito. En el libro álbum parece que fuera una cosa mucho más libre. Puede ser un cuento, puede ser un guión…

LW: Llegan ideas. Es el texto, pero con toda una idea, un contexto y un montón de situaciones. Los editores vemos que algunas pueden ir para un lado, mas así o asá… La verdad es que el libro álbum de verdad, el que es del tipo de Haiku, que tiene muy poquito texto y la imagen, en general es un trabajo conjunto de escritura y de ilustración. Hay una anécdota que se me viene, que a veces cuento, que nos dio mucho sufrimiento, que fue con un libro que se llama Cuando sea grande, un libro de poesías de Magdalena Helguera. Llegó el texto de la autora, y era una serie de poesías de lo que nosotros leíamos como una niña imaginando el mundo adulto. Con mucho humor, mucha imaginación. Casi enseguida pensamos en Gabi Burín para ilustrarlo porque tiene un manejo del humor muy exquisito, también las fotografías de Uri, y le preguntamos a la autora, qué le parecía, le mostramos alguna imagen, y dijo “Sí, sí, qué bueno”. En realidad, la llamamos primero a Gabi, que hizo un planteo de todo el libro, y una sola imagen completa. Se la mandamos a la autora, que dijo que le gustaba mucho y seguimos trabajando nosotros como editores, con Gabi. Seguimos adelante, le mandamos el libro terminado, y hubo un silencio como de un día. Ella era de contestar en seguida. Y nos dijo que le gustaba mucho cómo había quedado, pero que no sabía en qué momento ese libro se había feminizado tanto. Claro, nosotros, los editores, la ilustradora e incluso Germán Machado, que la había recomendado, leímos una sola voz narrativa. Eran varios poemas de una voz de una niña que decía que cuando fuera grande iba a hacer tal cosa o tal otra. Cada poema era una situación diferente que salía de una sola cabeza. Y la autora había imaginado que eran diferentes niños, que había nenes y nenas. Y que había cuestiones que esto que hoy está tan en boga, el género, no estaban tan marcadas. Nos preguntó si no habíamos visto que en uno decía que iba a ser “doctor”. Y en muchos países se dice de una sola manera. O era justamente, parte de la fantasía. Y a esas cosas no les dimos importancia, sentimos que todo el tiempo ahí había una nena. Y que eso era lo potente del texto, lo que disparaba fantasías. Desde una sola cabeza, todo un mundo posible. Si teníamos que pensar que eran muchos los chicos que hablaban, ya no nos cerraba de la misma manera. Fue un ida y vuelta con la autora, que finalmente, con gran generosidad, dijo que si todos lo habíamos leído así, debía ser porque había algo.

MM: Para ir terminando, ¿en qué proyecto andan?

MW: Yo estoy sufriendo hace unos meses con el texto de una uruguaya amiga, muy querida. Un texto que me encanta, que dice mucho, entonces es muy difícil. Y estoy sufriendo un poco, luchando hasta que encuentre cómo contar mi lectura. Tengo una lectura propia de ese texto, y lo quiero hacer. Todavía no le encontré la vuelta, pero va a salir.

Asistente: Cuando te pasa eso, ¿lo comentás con alguien?

MW: Sí, un poco con Mercedes, que es la escritora, y a la que le dije que no voy a hacer lo que ella dice. Le cuento lo que yo leo en el todo de ese texto, y por dónde quiero ir. Y ella está feliz, así que más todavía quiere hacerlo. Pero en general yo no muestro, no comparto. Sí compartí con Irene cuando empecé a buscar materiales, a ver con qué probaba. Las crisis con lo gráfico aparecen, y entonces quiero salirme de una cosa, probar otras, y anduve compartiendo alguna tarde de taller con Irene. Después es sentarme y probar, dibujar, y mucho “no hacer nada”, que vaya por ahí. Por ahora en eso.

IS: Yo estoy ahora tratando de ampliar las fronteras más allá del libro. Por un lado tengo dos proyectos, hechos hace un montón de tiempo. No logro un editor que quiera publicarlos. Hay que hacerse cargo de eso. (Risas). El punto es que es difícil tener proyectos sin publicar. No es muy estimulante. Tenía ganas de salir un poco del libro. No es porque vaya a dejar el libro, que me encanta y es el territorio en el que quiero trabajar.
Empecé a desarrollar una obra en la que paradójicamente, para salir del libro estuve trabajando sobre páginas de libros, y probablemente haga un libro con eso. (Risas). Por un lado tiene autonomía de obra en sí, y por otro está ahí, cocinándose. Esto me está permitiendo trabajar en otros tamaños. Mientras ilustraba textos escolares yo iba desarrollando una obra en paralelo, pero cuando después empecé a trabajar dentro del libro álbum, mis trabajos tenían un tamaño scanner.
La verdad es que ahora que empecé a salir un poco y estoy trabajando en 1,50 por 1,60, estoy muy copada con eso. Me gusta el desafío de un espacio mayor.

MW: Yo hago dibujos cada vez más chiquitos.



IS: Yo estoy trabajando en espacios enormes, pero cuando empezás a mirar, hay como munditos diferentes por todos lados. Ahora estoy en eso.

MM: ¿Y Judith?

JW: Ay, no sé si contar hasta que no tengo el libro publicado. Me pone nerviosa. (Risas). Ahora está por salir para la Feria un libro que quiero mucho que se llama Mudanza y es de Eva Mastrogiulio. Ese libro ya está en imprenta y sale ahora. Nos da mucha satisfacción porque tiene mucho trabajo de editor como autor. Fue muy fuerte el haberlo visto, porque Eva se acercó a nosotros para mostrarnos otra cosa y este lo tenía medio ahí, era una especie de fanzine que había publicado sobre lo que había sido la experiencia de su mudanza. Para todo el mundo las mudanzas son significativas, y en el caso de ella había sido una experiencia muy fuerte. Tenía mucho puesto en ese fanzine acerca de su experiencia personal. Y lo que le pedimos, y fue un trabajo que llevó un año, fue que saliera un poco de ese lugar único de ella y de su experiencia, abrirlo más. Abrir el tema a las mudanzas de todo tipo. Fue un libro que quedó muy bien, que nos gusta. Ella se puso a trabajar a cuatro manos en la parte del texto, con otra autora, fue modificando cosas, y va a estar ahora en la Feria. Y para este año estamos trabajando no voy a contar en detalle, pero en algunos libros para los más chiquitos. Nos gusta mucho, hay poco, si bien salieron algunas cosas más sigue habiendo poco. Y estamos trabajando en un nuevo libro de Germán Machado. Lo habíamos pensado para esta Feria, pero no llegó, va a salir más adelante. Es un cuento.

MM: Bueno, ha sido un placer enorme esta charla. Espero que hayan disfrutado. Muchas gracias.

Las tres: Gracias a ustedes.


APLAUSO FINAL

Comentarios

Entradas más populares de este blog

“Esa mujer”, de Rodolfo Walsh, por Ricardo Piglia

No hay más que candados para Helena, de Esteban Valentino

3155 o El número de la tristeza