martes, 7 de octubre de 2014

Todo Arguedas

La apertura al modernismo y a la experimentación verbal tienen nombre propio en cada literatura nacional. En Perú, uno de esos nombres es indudablemente el de José María Arguedas.  Libro de arena comparte una reseña muy personal acerca de sus relatos que acercan a la lectura más viva y pasional.



Por Emiliano Ruiz Díaz*


Los Relatos completos de José María Arguedas. ¡Qué buenos que están! Hace unos años los conseguí en Losada (calle Corrientes, enfrente del teatro San Martín), quedaban  algunos ejemplares a 4 pesos. Algunos cuantos más había de El sexto, novela también de Arguedas y también al mismo precio. La única que, dicen, transcurre íntegramente en ambiente urbano. En un presidio para ser más precisos. Porque parece que Arguedas estuvo preso y como es de esos escritores que les gusta la ficción como medio para narrar la propia vida, aprovechó y se mandó, dale que va, con esto de la detención. Dicen que había estado agitando en una manifestación a favor de la República, en contra del fascismo, obvio. Y todo esto en Perú, en Lima. Porque Arguedas era peruano y también etnólogo (antropólogo digamos) y no tenemos que confundirlo con el otro. Porque sí. Hay otro. Hay otro Arguedas que se llama Alcides. Pero este último, que no es del que venimos hablando y da cuerpo a estas líneas, era boliviano. Y para colmo fueron contemporáneos, y ambos vinculados al indigenismo. Pero el boliviano Arguedas recibió un premio de los fascistas italianos y el peruano Arguedas los detestaba y fue derechito a calentar celdas por no quererlos a los mussolinianos.
Cuando fui a Bolivia en enero de 2008 llegó un momento (pasado casi un mes) en que tuve que volverme. Y entonces volví en micro con un señor boliviano en el asiento de al lado. Hablamos de varias cosas (política, costumbres, paisaje, etc.) y en un momento hablamos de literatura. Y me dijo de Alcides Arguedas algo así como: "No se entiende la postura de Arguedas. ¿Los bolivianos somos Pueblo enfermo o Raza de bronce?". Trayectorias sinuosas las de algunos intelectuales. Los Lugones no sólo existen en Argentina. Según parece, en cada libro plantea cosas dicotómicamente enfrentadas. Los títulos de estas obras del boliviano nos dicen bastante. 
Pero volvamos al peruano. Volvamos a Arguedas, José María. Que al otro lo leí poco y  más bien toco de oído. Decía de los Relatos completos que son muy buenos y que en su momento (no sé ahora) resultaron una ganga para mi bolsillo. Contiene diferentes cuentos, como Agua que narra una rebelión por la distribución de este elemento, que se ve frustrada. Este relato, Agua, es de la etapa más clásicamente indigenista en Arguedas. Narra el enfrentamiento directo entre indios pobres y patrones feudales, "mistis" como se les dice en quechua. En realidad, todos estos cuentos de Arguedas vienen por este lado. El odio por los que mandan, el odio por los que hacen y deshacen a su antojo, ultrajando mujeres, niños y hombres. Un odio de clase. Una forma de amor. Porque odiar al mal es una de las tareas del amor. En estos cuentos hay amor por la naturaleza en sus múltiples manifestaciones: las montañas, los ríos, los vientos, los árboles. Hay también un amor bonito por los animales: vacas que dan la leche, pajaritos que dan la música. Y dicen que libros como Agua son más ortodoxamente indígenistas. Y es verdad. Pero qué quieren que les diga, igual me encantan. Por ahí de repente se cuela incluso un cierto vicio científico de explicarnos objetivamente alguna costumbre originaria. Pero no llega a empañar nada. Arguedas nos cuenta la vida del indio pobre que trabaja para el patrón rico. Y por lo general lo hace en primera persona y desde la visión de un niño. Niños con diferentes nombres en cada cuento que, sin embargo, parecen ser siempre el mismo niño, una especie de Arguedas infante. La mirada de estos niños (por lo general huérfanos y mestizos) se lanza cruda e ingenua a todo el vivir cotidiano del andino mundo. Los relatos de Arguedas condensan experiencias y aprendizajes. Quien haya leído estos cuentos o Los ríos profundos (para mí su mejor novela, heterodoxamente indigenista) podrá quizás pensar en Roberto Arlt y El juguete rabioso. Seamos petardistas y digamos que Arguedas escribe El juguete rabioso peruano. 
Y para sumar cosas veamos lo siguiente. Silvio Astier, protagonista de la novela de Arlt, simula un suicidio, o no se anima, no queda claro. Y Arguedas si se animó y se quitó la vida. Igual que Lugones. Se pegó un tiro en el baño de una Universidad. Y agonizó unos cuántos días, unos cinco. Y como si se tratara siempre de mezclar la propia obra con la propia vida, me contaron el otro día que su intención de terminar con todo quedó incluída como capítulo dentro de su novela póstuma, El zorro de arriba y el zorro de abajo. La cosa sería más o menos así: la empezó a escribir como ensayo antropológico, la siguió como literatura y la terminó como carta de explicación y despedida. ¿Curioso, no?
En fin, hay mucho más que decir siempre, pero recomiendo a José María Arguedas por todo esto. Los que lo leyeron podrán comentar algo. Y es que acabo de hacer un descubrimiento. Con José María Arguedas pasa algo importante. Hay algo ahí que no nos podemos perder. Toda su obra es relevante. Lo sé aunque todavía no la haya leído por completo. Todavía.



Relatos completos

José María Arguedas

Buenos Aires, Losada, 1975












*Emiliano Ruiz Díaz: es Profesor de Letras, vive en Buenos Aires, recorre sus calles y librerías y, como todo ávido lector, busca el encuentro con un libro que lo fascine.

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