Los vecinos mueren en las novelas

Mientras esperamos la visita de Sergio Aguirre nos siguen llegando reseñas de su novela más famosa, la oscura, atrapante Los vecinos mueren en las novelas. Una novela que, tal como dice la reseñadora, nos deja imaginando cómo continúan los hechos, una vez que cerramos el libro.



Por Débora Pert*


Entre Capacitaciones de Narración Oral, clases de inglés y el club de lectura, estaba buscando un momento en el día para leer para el “Taller de Mario” y así poder hacer la reseña.


Mientras cenábamos recuerdo que comenté que no me iba a perder la entrevista a Sergio Aguirre y mi hijo me recomendó un libro que había leído en el secundario: Los vecinos mueren en las novelas. Así que lo teníamos en casa  (es muy difícil que me desprenda de algún libro, solo si lo dono) y porque ahora, debido a la Pandemia, no es tan sencillo retirar los libros de la Biblioteca Popular.


Esa misma noche comencé a leerlo y me sorprendí porque sentía que era otra vez una chica de 15 años, no una mujer adulta acostumbrada a la lectura, sobre todo de LIJ.


John y Anne se acaban de mudar a una casa en el campo, donde lo único que se puede ver alrededor es la casa de una vecina. Anne debe irse a cuidar a su padre enfermo y sin más que hacer, John decide ir a visitar la anciana que vive en la siguiente casa, que se alegra de verlo y le ofrece una taza de té, que él acepta.


Al llegar y presentarse, la anciana está muy feliz, ya que ama las novelas policiales y de misterio, y John es escritor, por lo que ella decide contarle lo que le sucedió en un viaje en tren, para ver si a él le interesaría incluirla en una novela. Pero el escritor no le cree.


La Sra. Greenwold cuenta otra historia, esta vez aclarando que es una historia inventada, de modo de hacer su historia anterior más creíble para que el escritor la pudiera incluir en una novela; son los mismos hechos, pero contados desde otro punto de vista. Al escritor no lo convence esa historia y la anciana se enoja y deja entrever que era una historia verdadera.


No solo tenemos un relato, sino múltiples, y es destacable la destreza narrativa con que se van entrelazando y retroalimentando para conformar la historia completa. Los personajes, hasta los secundarios, están muy bien caracterizados y desarrollados. Los principales mantienen al lector interesado e intrigado por los relatos que van contando. El clímax de la última escena y la desesperación del personaje traspasa las páginas. El final abierto invita a especular sobre qué pasó después y así la historia continúa en la mente del lector.  


* Débora Pert es narradora de cuentos. Coordinadora del Sector Infantil y Juvenil en la Biblioteca Popular Sudestada. Coordinadora del Rincón de Libros en la ONG Leamos un Libro. Escribió “El ovillo de Ariadna”, publicado por la Editorial Muchas Nueces.



Los vecinos mueren en las novelas
Sergio Aguirre
Norma, 2000.

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